Dic25

La trampa de Estocolmo

1 Sentada en aquella silla de anea frente al papel en blanco, enfrente la tarjeta de aquel hombre pinchada en la pared. Todo lo demás, un cenicero medio lleno, cerillas, un paquete de tabaco negro, el flexo encendido, el portátil y varios folios en blanco bajo un par de bolígrafos BIC. La ventana cerrada y con las cortinas velando el entorno lúgubre de primeros de invierno. No quería mirar a la habitación, todavía no. Tenía mucho que...

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Dic24

Ahora que…

Ahora que se ha marchado sin despedirse aquello que vino, no me puedo continuar mintiendo   Ahora que nuestras huellas nunca siguen el  mismo camino, sin mapa ni rumbo me voy perdiendo   Ahora que has arrasado con todo como un puto torbellino, el polvo en los ojos me sigue ardiendo   Ahora que decidiste no ser nunca más la piedra de mi molino, de hambre poco a poco me voy muriendo   Ahora que ya se acabaron sin...

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Dic24

Autoinfidelidad

—¡Me das asco! —Tranquilízate, por favor. —¿Que me tranquilice? ¿Que me tranquilice? Me cuentas que te has tirado a la zorra esa, ¡que no sólo te la has tirado! ¡Que la quieres! ¿Desde cuándo? ¿Una semana? ¿Un mes? —Cuatro meses… —¡Joder! ¡Cuatro meses engañada! ¿Después de seis años de relación cómo me haces esto? —No me sentía a gusto, sentía que no me entendías. ¡Joder! ¿Qué hay de ti? Tú te liaste con ese amigo tuyo y yo fui capaz...

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Dic24

Cree, ama, crea

   Empecé a escribir porque quería morirme de amor. Quería morirme de amor, acaparar la belleza, ensanchar mi corazón, robarle al viento los suspiros, devolverle los pétalos a la flor y ser yo la que gritara: ¡Sí! ¡No! Cada vez que tú me tocaras. Quería tensar las cuerdas de tu guitarra, desafinar una canción que hablara de nosotros, mantenerme despierta hasta la madrugada, alimentarme de sueños y regalarte mi pasión. Mi pasión son...

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Dic23

Cómo quieres que te escriba claramente cuando nunca has sabido leerme las intenciones

—Quiero ser marinera —te dije. De eso hace ya algún tiempo. —Eso es un despropósito —me respondiste. Pasaste tu mano por mi pelo y me acariciaste la espalda, achuchándome contra tu pecho. Y esperaste que así, con esa sentencia tajante, yo me conformase. Porque siempre esperas que siga a tu lado. —Añoro los olores de la costa, el placer de navegar. El vaivén de las olas bajo mis pies, el dormir al raso —te digo casi a diario. Y retomo...

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