Moscú

Moscú

Escrito por Joe el 7 agosto, 2017

Joe

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«I will leave this town by the weekend if you buy me a ticket… I have to save my money for the dark days, honey.»

A menudo fantaseo con la idea de escapar. No sé de qué.

Me imagino comprando un billete de tren en un arrebato de valentía. Casi puedo verme pisando la estación en uno de mis erráticos paseos, otro de ésos en los que siempre acabo por llegar donde más temo ir. Me oigo decir: «un billete de ida, por favor. A donde sea, pero lejos de aquí.» Y guardarlo con cuidado en el bolsillo del abrigo, ante la mirada confusa del tendero.

Ya en casa -y por el camino, no creáis- ser consciente, una vez más, de lo absurdo de mi existencia. Y aún con todo, hacer las maletas al llegar: meto más libros que ropa; joder, qué hago si me abrigan más y me pesan menos.

Sigo los pasos dictados por mi yo más inconsciente, autómata, mientras subo a bordo del tren cuyodestinodesconozcoperoquesegurolocambiarátodo. Tomo asiento, inhalo, repito una y otra vez el nuevo nombre con el que acabo de bautizar mi salvación, cual sutra, en un patético intento de grabarlo a fuego. Miro por la ventana primero, examino al resto de pasajeros después. Se relajan en sus sitios, seguros del destino; distingo en sus ojos señales de tranquilidad. En serio, ¿dónde se compra de eso?

El tren se pone en marcha; cierre de puertas. Por primera vez desde que lo compré, y una vez ya no hay vuelta atrás, me atrevo a mirar el destino que aquel pobre hombre decidió turbado e intranquilo para mí. Moscú.

¿Qué se hace en Moscú? ¿Qué hago yo en Moscú?

Llegar, por lo pronto, me digo tratando de apaciguar mi creciente ansiedad. Tenía que haberlo pensado antes. Y haber hecho las maletas con algo más de previsión. Voy a morirme de frío. No tengo mucho dinero. Estoy sola. Soy una completa imbécil. Por qué me he dejado llevar una vez más por el puto impulso. Hasta los cojones de mis pulsiones. Frena, que te estrellas.

Y ahora: ¿recuerdas por qué te subiste a este tren? Estás huyendo, eso es lo que haces. En realidad, es lo que haces todos los días. Lo haces mientras escuchas canciones tristes, ves cine holandés y lees a Nothomb. Piensas que te encuentras en cada uno de los lugares ficticios que colonizas, y que eso forma parte de tu terapia, pero es exactamente al revés: te refugias en el dolor ajeno, evadiendo tu dosis diaria de auto-tortura. Este es sólo otro modo más de engañarte. Qué importa la ropa que lleves, o el dinero. ¿No te das cuenta de que lo que de verdad querías dejar allí era una parte de ti misma y eso es imposible? Y sin embargo, dejas todo el dinero, como si abandonar todas tus pertenencias, los bares frecuentados, las despedidas que no tuviste el valor de afrontar, las llamadas que no cogiste, todas las caras conocidas y las palabras pronunciadas -y las que no lo fueron-, fuera a salvarte. Date cuenta de que pretendes renacer de unas cenizas que no son tuyas.

Menuda puta mierda esto de acabar siendo siempre ineludiblemente consciente de la realidad.

Pero Moscú me espera. Y le daré una oportunidad. O me la daré a mí misma una vez más. Aún no lo sé.

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Joe

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Escribo porque no tengo otro modo de entenderme.

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1 Comment en "Moscú"

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Harwin
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18 days 17 horas ago

“Moscú” de @MrsCensured https://t.co/d56C5FL52X #monologointerior #relato

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