Estático

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Escrito por Joe el 4 agosto, 2017

Joe

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Tengo la sensación de que todo a mi alrededor está suspendido en el tiempo. Observo la vida sucederse a lo lejos, fuera de mi campo gravitacional. Mientras, yo: estática, inmóvil, ausente y cansada, cansada todo el tiempo. Me come la asfixia porque la escena escapa a mi control; porque en lugar de girar, todo permanece fijo, como una fotografía antigua reflejando la ausencia de una época. Nace de mis huesos la necesidad de movimiento, va creciendo en mi estómago y busca una salida por mi garganta en sentido inverso al que discurren todas las palabras que nunca emiten mis cuerdas vocales. Pienso en el tiempo gastado, en las horas grises que flotan en el ambiente espeso de este cubículo que habito, y me araña la impotencia de saberlas irrecuperables. No sé a dónde ha ido a parar la persona que fui, en qué lugares o en qué personas se habrán anclado los pedazos que deposité durante los buenos años. Todo lo que me consume ahora es el papel en blanco y la tinta fluyendo, la lluvia fluyendo, la sed, el frío, la presión en alguna parte de mi cuerpo mudo. De vez en cuando la ansiedad me da una tregua, brindándome la capacidad de recordar, y me esfuerzo por buscar en mi memoria el momento exacto en que escogí para esta escena una tonalidad neutra de entre toda la escala de posibilidades extremas por las que antes siempre apostaba.

Hoy la lluvia está especialmente espesa, como en sintonía con todo lo que ocurre. Hoy digo una vez más «no».

En días como hoy me escupo. «¿Por qué tienes que ser así?» retumba en mi cabeza todo el tiempo y especialmente al acordarme de las razones que me inventé para desaparecer de la vida de V, o de cómo dejé de contestar los mensajes de aquella mujer cuyo nombre soy incapaz de recordar; las horas que pasé sin responder los mensajes de D, las mentiras que le conté a P para que dejase de escribirme, y todas las respuestas insulsas que le dí a C y cuya indiferencia jamás me esforcé en disimular.

V follaba de muerte, y eso estaba bien, de verdad. Por unas horas, me hacía olvidar todo el vacío que me inundaba. Siempre quedábamos los sábados y paseábamos por la ciudad comentando aspectos sin importancia. Reconozco que durante algún tiempo consideré la posibilidad de que pudiera gustarme de verdad: era un pavo atractivo y compartíamos casi la totalidad de nuestras aficiones. Luego demostró ser bastante competente en la cama, y entonces la idea de que pudiera gustarme de verdad empezó a ser realmente tangible. Cada sábado noche acabábamos en mi cama casi arrancándonos la piel a tiras, después dormíamos y los domingos se marchaba antes de la hora de comer. Pero. Pero nunca me ponía triste que cerrase la puerta y tener que esperar una semana entera para poder verle otra vez, y eso me alarmaba. Con el tiempo comprendí que el papel que fui otorgando a V era el de extra en una superproducción cinematográfica: rellenaba un hueco al fondo, pero su importancia en la escena principal era ridícula. Pocos meses después, acabé inventándome una excusa para desaparecer de su radio de acción.

Durante algún tiempo intenté encontrar las razones por las que no me enamoré de V. Supongo que no tenía eso que tampoco tenía aquella mujer. Ella resultaba divertida de vez en cuando, pero me aburría la mayor parte del tiempo. Era bellísima y me ponía muy cachonda, pero. Pero pero pero. Insistió durante meses para que nos viéramos y yo siempre encontraba los motivos para negarme porque por aquel entonces ya intuía toda la mierda que llevaba dentro, aunque no fuese consciente de la magnitud de mi circunstancia. Me dije a mí misma que merecía una oportunidad, como la tuvo V, y la noche que quedamos besó cada parte de mi cuerpo. Lo único que me hizo sentir fue calor y un orgasmo, y durante un tiempo me planteé volver a verla. Días más tarde dejé de responder sus mensajes y a día de hoy ni siquiera recuerdo su nombre.

Las secuelas de mi historia son puro reciclaje: se abre el telón y aparezco sucesivamente más escuálida y gris, interpretando cada vez peor el papel. Luego se cierra el telón y cuando vuelve a abrirse se me puede ver dentro de este cubículo estático y ecuánime que me alberga y, fuera de él, la vida sucediendo y girando, girando sin parar.

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Escribo porque no tengo otro modo de entenderme.

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