HIGH

HIGH

Escrito por Pablo Luque Peña el 13 marzo, 2017

Pablo Luque Peña

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Esa noche lo único que me unía a la tierra era el sonido de mis suelas al pisarla.

Pero yo me sentía como si el calor no me quemase y el frío no me helase.

Sin más compañía que la de mi sombra, a la cual llevaba de la mano, yo pensaba en cosas como la vida, el amor, el futuro, el pasado de ese futuro…

Cuando alzaba la vista volvía a conectar con la realidad. Oía conversaciones, risas, canciones… Veía miradas, besos,  personas viejas, personas jóvenes, personas elegantes y personas maltratadas por la vida, veía personas que parecían no estar acostumbradas a estar solas y a personas que parecían convivir con ello. Olía los olores característicos de cada calle y me imaginaba escenas de otros tiempos. De cada experiencia obtenía experiencias nuevas, captaba todos los matices de cada sensación y sentía a la ciudad que entraba en mí en cada inhalación de mis pulmones.

Andando solos mi sombra y yo tenía la impresión de que reinábamos en la calle, de que éramos los únicos capacitados para tomar una decisión en toda ella si la ocasión lo pidiera.

Nunca me ha gustado la compañia de mi sombra pero en noches como esa la agradezco mucho y mientras la miro me paro a pensar en lo poco que cuesta a veces la felicidad.

Y es que como dirían los brasileños: “A veces la felicidad es verdeamarelha.”

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Escribir nos salva del desorden, por eso estoy aquí.

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