Regresión

Regresión

Escrito por Pablo Luque Peña el 14 febrero, 2017

Pablo Luque Peña

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Salió de la cueva. Únicamente tapado por pieles, únicamente armado con una lanza que consistía en un palo con una afilada piedra en la punta.

Llevaba lloviendo ya varias semanas y el cielo llevaba cubierto más tiempo aún pero necesitaban comida, necesitaban cazar y recolectar, mantener a la pequeña tribu.

Analizó el panorama y dio la orden al resto del grupo que el acompañaría en la salida.

Pisaron con sus pies descalzos el barro, prestaron atención a cualquier ruido que pudieran hacer sus presas, examinaron todas las plantas hasta encontrar las que sabían con seguridad que eran comestibles y siguieron su travesía.

El largo rato bajo la lluvia sin encontrar víveres desmoralizó al grupo, el cansancio pesaba el doble y la tormenta arreciaba, se comenzaban a ver relámpagos y rayos, de fondo se oían truenos.

Se miraron los unos a los otros, estaban en medio de un páramo embarrado y decidieron volver.

Retomaron el camino a la cueva con no muchos alimentos, lo suficiente para alimentar a todo el grupo un día más, no había sido un día muy productivo.

De repente, mientras emprendían esa vuelta un rayo impactó en un árbol seco haciéndolo añicos, el tronco quedó partido en dos, las ramas esparcidas, algunas en llamas, otras solamente separadas del tronco original.

Quedaron todos impactados y el mismo que dio la orden de salir de la cueva se acercó para saber que había pasado, qué era aquello. Vio en aquel brillo naranja la solución para el frío, la humedad e incluso la comida que tenían en la cueva por lo que decidió acercar al tronco en llamas una de las ramas negras que no estaban ardiendo y ordenó que se recogieran otras pocas para conservar ese prodigio. Al final el día iba a ser el más recordado a pesar de su escasa productividad.

Comenzó a llover con fuerza, intentaban proteger ese tesoro con sus cuerpos y sus precarias vestimentas. La lluvia era cada vez más intensa por lo que el esfuerzo fue en vano, lo que podía haber sido la solución a muchos problemas no llegaría a la cueva.

El día volvería a quedar como un paseo improductivo y el no saber manejar esos procesos los haría quedar de nuevo bajo el control de una naturaleza que destruimos en un futuro que ya quedaba en el pasado por querer hacernos dueños de ella.

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Escribir nos salva del desorden, por eso estoy aquí.

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