Diario de un neumático (I)

Diario de un neumático (I)

Escrito por J.eSeKa el 2 agosto, 2016

J.eSeKa

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DIARIO DE UN NEUMÁTICO (I)

No te culpo. Soy muy consciente de que era  una de las cuatro ruedas del vehículo de tu vida y que  la ciencia mecánico-cuántica de un coche dicta que siempre hay uno de los neumáticos que se desgasta más que los otros tres,  y me ha tocado a mí ser la que más perdía su dibujo mientras circulas temerariamente en busca de un destino que ni siquiera aparece en tu GPS. No te culpo, transitar conmigo en mi estado es inseguro e inestable. Es lógico que me hayas tenido que cambiar, no te culpes. Agradezco que me llevases ayer a tu casa, que me dejases pasar una noche en tu cama, a pesar de que mis ronquidos no te dejasen dormir. Supongo que para ti ha sido como un velatorio. En el fondo me siento feliz de que me hayas dado este final.

Pero ya no hay más lugar para mí en tu vida, salvo quizás algún vago recuerdo. Lo entiendo. Pero ahora a ver dónde me dejas…  “No cristal, no cartón, no orgánicos, ¿Puedo considerarlo un envase?”, piensas en voz alta. Lo cierto es que eres consciente de qué sería lo correcto en este caso, pero Seseña te pilla pelín lejos. Es una pena, porque podrías aprovechar para pasarte por el Aleatorio y quizás, tras un par de birras, te lanzarías a leer algo tuyo  a riesgo de que, al escucharte, a Escandar se la caigan un par de lágrimas como las que te cayeron a ti aquella noche en la que yo te leí. Para mí también es una pena,  supongo que en ese cementerio encontraría  por fin alguien como yo con el que sentirme identificado. Al fin y al cabo, hasta las almas más amorfas, necesitamos conocer una gemela que no nos malinterprete ni juzgue.

La cuestión es que obviando ese dicho de 1º de humanidad  que dice: lo que no quieras para ti no lo quieras para nadie; en un último acto de amor,  tu pragmatismo te lleva a pensar que aún puedo ser útil para otra persona si me recauchutan. El mismo pragmatismo que indica cuánto de ilógico tiene cargar los 10 kilómetros hasta el vertedero de tu pueblo con un peso del que te necesitas desprender. En tus ojos adivino esa mirada tan tuya de poeta visual – sí, esa que debes estar poniendo ahora mientras me lees- y no puedes resistirte a crear una obra de arte reivindicativa. Sólo tú eres capaz de ver como una Matrioska Capitalista a una bolsa del Mercadona llena de bolsas de otros supermercados. Sólo tus pupilas pueden  hacer entender a un cerebro  que la sociedad es un desafinado instrumento que sólo sirve para componer música comercial, una multinacional fabricante a tres turnos 24h -365 días del bienestar pero no del bienser. Solo tú eres capaz de ver que tras esa rueda que has dejado junto a los depósitos de basura hay una crítica social. Un… ¡cabrones!, tengo que abandonar este cuerpo, esta alma, este corazón en cualquier sitio porque no os da la gana de poner un lugar en el que reciclar sentimientos y emociones. Sabes que a mí no me importa. Te comprendo. Sé que cuando seas alcaldesa estas cosas no le pasarán a nadie.

Lo más bonito de tu pueblo es que aún sigue siendo un pueblo  –ya, es mentira, lo más bonito eres tú- y lo niños juegan con lo primero que encuentran, pero no puedo contar más porque sería  predecir el futuro de mi siguiente capítulo…

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Escritor a pensamientos parciales y vampiro anacoreta a tiempo completo. Los fines de semana hago extras como florero de habitaciones en hoteles de altas perversiones.

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