Vómito III

Vómito III

Escrito por Black Stone Vanilla el 11 julio, 2016

Black Stone Vanilla

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Me han querido bien, ¿sabes?
Después de ti hubo alguien que me quiso con la puntualidad de no tener que mirar el reloj si gastaba su tiempo conmigo.
Abrazó todos los defectos de los que tú huías.
Se cerró la puerta cuando saliste. Dentro quedó esa decepción que tan bien conozco de cerca y fuera, la confianza que te merecieras o no, decidí entregarte un día.
Y bueno, hay quien se atreve a cruzar de regreso esa puerta.
Sin llamar. Sin pedir permiso.
Esperando que las cosas sigan en el mismo lugar sin saber que soy yo la que ya no sigue ahí.
Me ahogaba la ausencia.
No pude, ni quise, quedarme esperando.
Debes saber que el mundo siguió girando sin ti.
Que aquella confianza se perdió en algún lugar dentro de mí del que perdí a conciencia las coordenadas.
Y hoy entiendo que cada despedida trae consigo una nueva lección.
He aprendido que no se trata de quien te asegura que no te mereces menos, si no de quien se atreve a darte eso que dice que te mereces de más.

He aprendido que la libertad no se otorga y el amor no se define.

He aprendido que quien bien te quiere te hará reír. Siempre.
Y querrá partirle la boca a quien te haga llorar.

He aprendido a sostener una mirada durante un minuto y saber que decir te quiero sería ser redundante.
¿Entendéis qué es eso?
Eso es hacer la vida fácil, porque lo que sí que nunca dijo nadie es que por cojones tuviera que ser difícil.
He conseguido ver el mundo a través de otros ojos.
He calmado mi sed bebiendo agua de otras manos.
Ofrecí mi piel y sorprendentemente hubo quien pese a todo
estuvo dispuesto a quedarse.

Tuve la suerte de ser amada.
Tengo la suerte de ser amada.
En mi pecho se sigue estando cómodo, pero sí, claro, hay quien escogió irse. Y está bien, de verdad.
Yo no tengo derecho ni pienso pedir a nadie que se quede en un lugar en el que no quiere estar.
Es horrible e injusto.
Pero perdonadme, si lo que me parece justo es que para volver a entrar
se pida permiso, (que no perdón)
para que yo decida si quiero volver a abrir la puerta.

Porque creo que lo que sí que es mío por derecho,
(y es increíble, pero se os olvida)
es la libertad de escoger
con quién quiero compartirme.

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El mar me enseñó que a veces es necesario sentirse océano. Salto descalza en los charcos. La boca me sabe a tinta y sangre.

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