El misterioso caso de la chica Sonora.

El misterioso caso de la chica Sonora.

Escrito por Pablo Rompe el 22 julio, 2016

Pablo Rompe

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Estaba yo en mi despacho una espesa tarde de un aburrido martes viendo cómo mi gato persigue su cola en círculos (a veces pienso que mi gato es más listo que yo, pero luego lo veo persiguiendo su cola, y lo confirmo), cuando tocaron de repente a la puerta, lo cual me fastidió bastante porque estaba a punto de resolver uno de los casos más importantes de la nación, pero antes me quería tomar un respiro, reclinarme sobre la silla de mi oficina y cascarme una paja al más viejo puro estilo, después, resolvería el caso que por fin me daría la fama que merezco, todo el mundo reconocería mi labor en este país y dejarían de verme como un paria pero, joder, antes quería hacerme una paja. ¿Qué país es éste que no te dejan hacerte una paja cuando quieres?

Fui a abrir la puerta, y era un hombre. «Qué mala suerte» pensé, «ya podía ser una tía» pensé, pero no, era un hombre, lo invité a pasar, tenía el despacho un poco desordenado, me había tenido que quedar unos días a vivir allí hasta que encontrara algo nuevo y había unas cajas de pizzas vacías, latas de cerveza barata vacías, clínex usados por el suelo pero, joder, no había tenido tiempo de limpiarlo, estaba a punto de resolver el caso más importante de mi carrera… ¿Quién tiene tiempo para esas necedades?

Cliente: Necesito que encuentre a mi hija, lleva semanas desaparecida, he contratado a muchos detectives y usted es el único a quien me queda por llamar, no me han hablado muy bien de usted, pero estoy desesperado, ninguno la encuentra, dicen de usted que no tiene mucha experiencia y que ni siquiera es un detective de verdad, que es un escritor fracasado que se ha metido a detective y, aunque aún no ha resuelto ninguno, vengo desde México para que me ayude.

Detective: Bueno, eso es mentira, he resuelto muchos casos, además estoy a punto de resolver el caso más importante aquí en España.

Cliente: También dicen que es un mujeriego y un borracho.

Detective: Bueno, no debe creerse todo lo que le dicen.

Cliente: ¿Y sí debo creer que está a punto de resolver el caso más importante de esta nación?

Detective: Claro, debe creer sólo las cosas buenas, hay que tener fe en las personas.

Cliente: Dígame que va a encontrarla.

Detective: Bueno, como he dicho estoy ahora mismo en el caso más importante de mi carrera.

Cliente: Tenga, aquí tiene una foto de ella.

Detective: Pero este caso, aunque es más importante, puede esperar. Encontraré a su hija, se lo prometo, eso sí, el viaje a México, me lo paga usted. Por cierto, ¿me puedo quedar la foto?

Cliente: Vale, ¡pero no haga nada malo con ella!

Detective: Joder, pero qué le han contado de mí, es para el caso, tendré que interiorizarla.

Cliente: Mejor no le cuento qué me han dicho de usted, tendrá que venir a Sonora conmigo en unos días

Detective: Vale pero, para asegurarme, ¿dónde está Sonora?

Cliente: En el noroeste de México, en la frontera con Estados Unidos.
 
Detective: Vale, cruzare océanos de tiempo para encontrarla, jaja.

Cliente: No tiene gracia, como te enamores de ella, te mato.

Detective: No se preocupe, era una referencia a ‘Drácula’ de Bram Stoker, para romper la tensión. Yo soy muy profesional, no tiene de qué preocuparse.

Mentiría si dijera que no acepté el trabajo al ver el rostro de aquella chica, pero fue así, durante los siguientes días previos al vuelo no me la quitaba de la cabeza, incluso casi se me había olvidado mi importante caso, puse su foto pegada en la pantalla del ordenador, juro que no para masturbarme, no lo hice, era un sentimiento demasiado puro como para mancillarlo imaginando sucias perversiones sobre ese rostro angelical (Nadie me cree ¿Verdad?). Bueno, puede que una noche llegara borracho y lo hiciera, pero en mi defensa diré que la corrida fue diferente, en ese momento supe que era diferente. Si quieres saber si una persona te gusta de verdad, debes hacerte una paja pensando en esa persona; si después de esa paja quieres segur viéndola, es que te gusta, si no, es que quieres lo que tu entrepierna quiere. Y, después de probar varias veces mi teoría, yo debía encontrarla.

Viajamos a Sonora, y me pasé varios días agotado en la habitación del hotel por el jet lag. El padre de la chica me insistía en que me pusiera a trabajar, pero tardé varios días en recomponer mi cuerpo, la comida picante no ayudaba, mi estómago rugía como un león en una jaula, y hacía un jodido calor sofocante, pero tenía que encontrar a aquella chica. Hice el procesamiento habitual: averiguar sus ex, seguirlos, conocer sus patrones y entrevistarlos… Su padre me había dicho que ella era una artista, estudiaba artes plásticas y escribía, pero ninguno de sus novios parecía tener el mínimo interés en su arte, es como si ni lo supieran, les seguí varios días pero no encontraba nada, todo el mundo me indicaba lo mismo, sus amigas, sus familiares, sus ex, me indicaban que ella se había ido por su cuenta, necesitaba escapar, pero ¿de qué? Quizá si averiguo por qué pueda encontrarla, joder, necesito encontrarla, tengo la imperiosa necesidad de conocerla y saber que está a salvo, luego si quiere puede mandarme a la mierda.

Pasan los días y semanas y no encuentro nada, me desespera la desesperación de no encontrar una mísera pista, el padre me despidió, me llamó inútil y borracho y dejó de pagarme, pero yo seguí la búsqueda, no podía parar de pensar en ella, era la emperatriz de mis sentidos.

Cuando la ansiedad me martillaba el cerebro, me iba a los bares, solo miraba las cervezas pasar por mi mano y pensaba en ella, pensaba con fuerza como si de repente fuera a aparecer por la puerta, hasta que un día tuve que desearlo con tanta fuerza, que esa hermosa chica se sentó a mi lado en la barra del bar y me dijo…

Chica Sonora: Me han dicho que me estás buscando.

Detective: Joder, eres tú, eres tú de verdad.

Chica Sonora: Según… ¿Cuántas cervezas te has tomado? A lo mejor soy producto de tu imaginación.

Detective: Si fueras producto de mi imaginación estaríamos haciendo otra cosa.

Chica Sonora: ¿Qué?

Detective: Nada, joder, ¿dónde estabas? ¿Sabes la de gente que te ha buscado? Hay gente preocupada por ti.

Chica Sonora: ¿Tú estás preocupado por mí?

Detective: Yo hago mi trabajo, mi trabajo era encontrarte y lo he hecho.

Chica Sonora: No seas capullo, te he encontrado yo a ti, porque he querido.

Detective: O te he atraído hacía mí, soy un gran detective, estoy a punto de resolver un caso muy importante que me hará de oro.

Chica Sonora: Pensaba que eras escritor.

Detective: Esos años se quedaron atrás, era incapaz de hacer algo decente y me deprimía.

Chica Sonora: ¿Y si soy yo quien alguna vez te ha leído y ha provocado que acabes viniendo aquí para conocerte?

Detective: ¿En serio?

Chica Sonora: ¡JAJA! Mira qué cara de niño pequeño esperando los regalos de Navidad has puesto, qué chingón, claro que no, pero he oído que me buscabas y quería saber quién eras, ahora debo pedirte que me dejes en paz.

Detective: Si es lo que quieres, eso haré. Además, yo tengo que volver, tengo un caso muy importante que resolver y no puedo estar aquí toda la vida… Y ¿qué coño le echáis a las comidas? Voy a necesitar un trasplante de estómago cuando vuelva, joder.

Pero no se fue, seguimos en la barra de aquel bar toda la noche y tras esa noche, la siguiente, y tras esa noche la siguiente… Todas las madrugadas estábamos en ese bar, a veces incluso callados, sin decir una palabra, a veces con las miradas perdidas, a veces mirando cuando el otro no se daba cuenta. Hablamos de todo, de nuestra obsesión por los superhéroes de cómic, de nuestros escritores favoritos, de nuestros platos favoritos, joder, hablábamos mucho sobre comida, disfrutábamos viéndonos comer, lo que disfrutábamos comiendo no lo disfrutáis vosotros ni follando, reíamos como dos adolescentes con el pavo, se reía de la manera en la que llamaba a mi gato, “Gordosh”, y me parecía jodidamente adorable cuando imitaba mi forma de hablar.

Un día vino con un vestido corto, sus piernas evocaban mis más feroces perversiones, su forma de mirarme con la mirada baja y perdida y los labios señalándome el camino a la libertad. Un día un roce llevó a otro roce, el primer roce en sus muslos fue como si el cosquilleo de toda mis edades vírgenes me azotaran en la verga, mis dedos subían por sus muslos y pude notar cerca, en mis dedos, su deseo por mí, me mojó con su deseo. Me coge la mano y hace que me chupe los dedos mientras me susurra al oído: «Tengo ganas de comerte la polla como un helado en agosto, con ganas». Los gemidos de su boca caían en caída libre hacía mis precipicios, y yo salía de todas mis miserias al ritmo de los contoneos de su cintura.

«No dejes que me vaya nunca, joder, quédate conmigo», le imploraba con mis dedos en sus braguitas.

A ella no la conquisto con poemas de Neruda, o de Coelho, a ella la conquisto con poemas de Bukowski o de Panero, o con míos propios, por eso la quiero. Los dos tenemos los ojos hechos de cristales rotos, cuando ella es débil yo soy fuerte por ella, y cuando yo soy débil ella es fuerte por mí, nunca supe de qué huía, ni dónde se escondía, solo sé que ella me encontró a mí, en el altar de mi egocentrismo, esclavo de mi decadencia, me acercaba como un meteorito a mi nihilismo, odiándome por convertirme en un escritor que no escribe, y ella me hizo escribir, sentía la necesidad vital de escribir, como si los latidos de mi corazón dependieran de sentarme aquí a escribir y contaros el misterioso caso de la chica de Sonora que hizo que me volviera a sentir amado, escritor y ser humano. Y, joder, qué nalgadas tiene, el sonido del impacto de mi mano en esas tiernas carnes hace que mi polla encuentre a mi corazón y lo haga latir con fuerza.

Detective: Te espero allí, no tengo lujos, pero nunca te descuidaré, espero que lo sepas, te daré todo lo que tengo en cada gesto, somos buenos el uno para el otro, necesitábamos sufrir hasta encontrarnos, estaremos tú y yo, jodiendo al mundo y a las estadísticas de los cínicos, hacerte feliz es la mejor de las poesías.

Chica Sonora: Yo estoy deseando irme allí y estar a tu lado, pero dime: ¿no interferiré en tu caso súper importante?

Detective: Ah no, si eso me lo había inventado.

Yo volví a casa y me senté a escribir y a esperarla, cada cosa que escribía lo hacía para ella, para tocar sus labios, hablábamos cada noche, por fin he encontrado a la chica que no me quiere por mis abdominales, por mi pelazo y por mi dinero, lo sé, porque no tengo nada de eso.

Cliente: Hija, no sabes lo preocupados que estábamos por ti, hemos movido cielo y tierra para encontrarte.

Chica Sonora: Lo sé, lo siento.

Cliente: Bueno, ven, te prepararemos algo de comer, no hace falta que me digas qué te hizo irte, ni dónde has estado, sólo dime que estás bien.

Chica Sonora: Bueno, me he enamorado de un escritor.

Cliente: Mierda, joder, ¿te has enamorado de ese detective escritor? Lo siento, qué putada.

Chica Sonora: Lo sé.

Cliente: Yo lo mato.

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