El gato y el paraguas

El gato y el paraguas

Escrito por Javi Linares el 23 julio, 2016

Javi Linares

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Cada jueves realizaba el mismo recorrido por aquel extraño bulevar hacia el café Domani, pozo de los pensamientos, purgatorio de almas aburridas en sintonía con la absurda existencia. Jamás me detuve a pensar por qué caminaba por allí ni por qué siempre en jueves, fuera del camino habitual. Simplemente me gustaba ese olor ácido repulsivo y la soledad que cuidaban esos viejos edificios. Allí estaba, esa mirada felina incisiva escoltada por un paraguas negro con empuñadura de plata, su cetro. Una figura esbelta, de impecable postura, inmóvil, impasible enfrentado al inevitable paso de la aguja del tiempo. Se apostaba en un cruce amplio e irregular, guardado por dos torres, viejas casas destartaladas pero vigorosas, sombras reminiscentes del esplendor del que otrora presumieron. Cada jueves. Un día volví a pasar por delante del cruce. El paraguas estaba posado en el suelo, el gato no estaba. Sentí escalofríos que arañaban desgarradoramente el dibujo de mi espalada a la nuca.No había nadie en la calle. Era jueves, como el hombre de Chesterton. De pronto comencé a pensar en qué no tenía memoria alguna de más allá de aquel cruce. Era como estar atrapado en un recuerdo que vivía una y otra vez, comenzando y concluyendo de forma desordenada. Una voz susurró a mis oídos “Belgus”. Giré sobre mí mismo en todas direcciones sin ver nada. Estaba nervioso, confundido, aturdido. Sin saber como me encontraba tumbado sobre el asfalto, sin visión clara, rodeado de rostros sin expresión. El gato apareció. Era jueves. Se dirigió caminando de forma imperial y sigilosa hacia mí.

-Otra vez.

 

JLN

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