Le he mentido.

Le he mentido.

Escrito por Tamara Mosby el 19 mayo, 2016

Tamara Mosby

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A veces lo hacemos muy mal con algunas personas: amigos, familia, parejas, y nos lo perdonan porque quieren quedarse en nuestras vidas. Y a veces lo hacemos bien con otras personas y no son capaces de verlo porque no quieren quedarse, porque no les interesa. Y yo sé qué es una putada aceptar que no te has equivocado, que lo has hecho perfecto y aún así has fallado. Sé que es muy difícil pero… no te queda otra.

No es raro que cuando alguien que aprecias te dice sentencias cómo esta, tú simplemente te quedes en silencio, asumas el concepto y no quieras ni rebatir el argumento porque es tan certero que casi duele.

Después todo parece una banda sonora que te persigue, te ríes pensando en cómo la música es tan inteligente que pone las canciones adecuadas al abrir una puerta, o salir de un lugar, al sentarte en una mesa con tu café, al reflexionar sobre qué dirección elegir. Música inteligente. Que gran idea.

Vamos a admitirlo, esto nunca fue una historia que no estuviese escrita ya, seguramente yo la leí mucho antes de empezarla, aún así, no me importó. Cómo dicen otros escritores, si no lo vives, si no lo sufres, no vale la pena intentarlo.

Pero para mí, ¿desde cuando un intento es suficiente?

Apuntamos con el dedo a aquellos que se han equivocado, pero no volvemos esa mano hacia nosotros mismos cuando hace falta. Porque no tenemos que señalarnos, somos conscientes cuando hacemos algo que no es debido.

Sin embargo yo quise intentarlo.

Me dediqué a buscar esa estúpida banda sonora, para nosotros, para ponerte una canción a cada paso y dedicarte un pequeño baile sin movimientos. Quizás sólo la mirada me hacía falta para hacer cada giro.

Luego hablamos de entendernos, de no habernos explicado bien, de horas perdidas, de charlas dispares, de suspiros enormes y caricias bien cortas. Pero sucede que no lo entendemos. 

Sucede que uno más uno, ya no son dos sino cero.

Sucede que nos marchamos, pero no volvemos.

Sucede que tú me pierdes.

Sucede que yo también me pierdo.

Nos sucede aquello que se entendía al principio, que no quise leer o que bien supe antes si quiera de empezar. Esta historia ya estaba escrita así, para nosotros.

Pero estoy aquí sentada, con este texto en mi mano, capaz de añadir todas aquellas palabras que el alma me pida. Y sólo me pide decir… que sin embargo, yo quise intentarlo.

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