A mí que me entierren con tus bragas en la boca.

A mí que me entierren con tus bragas en la boca.

Escrito por Pablo Rompe el 6 mayo, 2016

Pablo Rompe

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Virgilio: ¿Te pongo otra copa más?

David: Si alguna vez te digo que no a esa frase, llévame fuera y dispárame, estaré sufriendo por
dentro.

Virgilio: ¿Qué escribes hoy?
 
David: He empezado con un «Cuando mi escritura es reconocida, los cultos se enfadan» y no sé seguir.

Virgilio: ¿De qué cojones escribes?

David: No tengo ni idea, sólo he empezado así y tenía pensado dejarme llevar y mostrar un poco de desprecio por los filósofos y poetas de pastel, pero me he quedado en blanco.

Virgilio: ¿Puedo hacer una observación?

David: Quien tiene la botella manda.

Virgilio: Todo el que escribe tiene que sacar a relucir su fealdad, tiene que enfrentarse a sus miedos y superarlos, llegar hasta donde todo nace, al útero del universo y con el dolor de un parto, parir palabras y toda esa mierda que se dice.
 
David: ¿Te dejan drogarte mientras trabajas? Porque me he perdido.

Virgilio: Sin drogas no podría soportar este trabajo, pero no, lo que intento decir, es que se escribe sufriendo para escapar del sufrimiento, y que siempre se tienen que derruir los cimientos para volver a crear algo nuevo en lo que creer.

David: No, venga, quiero tu mierda, y la quiero ya.

Virgilio: Mi mierda se llama inteligencia, hijo puta, y lo que intento explicarte aquí si me dejas terminar, y si no quieres que te deje sin más suministros, es que se escriba lo que se escriba, al final todo lo que queremos es abrir nuestras carnes, que alguien vea lo crudo y viscoso de tu ser, que lo toque y poder tocar a alguien con lo que haces, y aquí viene mi pregunta mi impaciente graciosete amigo: ¿a quién quieres tocar tú? Eso es lo que deberías saber antes de sentarte a escribir, lo que tiene que hacer que te sientes a escribir.
 
David: Bueno, confieso que las drogas que niegas haber tomado te han dado cierto grado de lucidez y que puede que tengas razón, y puede que esta noche no tenga nada que escribir, y que me vuelva casa a dormir, ya sabes que para mí insomnio o bebo o me masturbo, por lo que… buenas noches, tengo una cita y no me gusta hacerme esperar.

Virgilio: Espera, un momento, no quiero ser yo la persona que se interponga entre un hombre y su mano, pero hoy te has levantado y has venido aquí, a este bar, a tu útero del universo, te has puesto música elegida minuciosamente para destrozarte, notas de un piano que aplastan con dulzura cada uno de tus órganos y que hacen crujir tu corazón cuando la última nota cae hasta aterrizar en silencio, te has servido una copa, ibas a escribir algo, pero algo te ha echado hacía atrás, y te has puesto con otra cosa para alejarte de lo que realmente has venido a hacer aquí y casi me distraes y me engañas y te vas sin escribir lo que querías escribir desde un principio, lo que te ha traído aquí, donde nace todo lo que creas, donde he nacido yo, y te has dado cuenta de que ella es real, de que por primera vez ibas a traer aquí a una persona real, y no sabías cómo hacerlo y has parado porque piensas que ella merecía mucho más que este bar rancio que hay en tu mente, que quieres llevarla a un sitio real, porque aquí has escrito a personas que sólo te han hecho daño y ella te trata como nadie te ha tratado y piensas que se merece algo más, pero vamos a hacer una cosa, yo me iré, y quiero que gires la cabeza y que la veas al final de la barra, mirándote y sonriéndote con la mirada, y que escribas lo que has venido a escribir, valientemente, por lo que deja la copa al lado y gira la cabeza, allí está ella, sácala de aquí, hazla real, os toca el mismo sol y es a ella a quien quieres tocar.
La única.

David giró la cabeza y la vio, era el rostro de la felicidad, y se puso a escribir para poder tocarla a distancia.

«Risa y más risa,
carcajadas que me dan la juventud,
explosión electrizante
que me lleva a la cumbre de la vida,
creando sueños, delirios, alegrías…
desenfreno de pasión incontenida,
huimos de los garfios opresores
y nos dejamos arrastrar por el aire perfumado de la risa,
carcajada seductora,
ruido del cielo cayendo sobre la tumba de mi pesimismo,
risa, gesticulación dulce de tus labios,
chispa eléctrica
prendida de unos hilos que penetran en mis rincones más deslumbrados
como fuego amenazante que calcina los voltajes de mi pecho,
los magnéticos latidos pulmonares que produce la roja agitación de tus labios
y me arrastras, y me llevas a desnudar mis deseos lujuriosos,
la contorsión lasciva de tus senos,
los pétalos sangrientos de tus labios
y yo te doy palabras y palabras y palabras
llenas de eclosiones, llenas de magia para derrotar tu tristeza
huelo tu carne fiera perfumada por mi lefa,
miramos las estrellas
que parecen brumas vomitadas por el espacio

risa y más risa,
estaba yo enterrado
y entre toda esa dura tierra que me cubría
oí tu risa
y salí excavando con mis propias manos a escuchar esa melodía.

Y así acabo todos los días aquí
en el útero del universo
escribiendo sobre ti,
espacio sin límites,
infinita extensión de lo eterno
no tienes principio ni fin,
no tienes fronteras que circunscriban,
eres todo lo que miro desde el útero del universo,
y desde el útero del universo a México,
donde mi corazón y mi polla te encuentran,
quiero hacernos real,
por eso
abro y cierro los ojos cada mañana
esperando encontrarte mirándome
y con tu risa provocando las estaciones
y por eso, amor mío,
quiero que me entierren con tus bragas en mi boca”

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