1×06 Cosas que un padre no puede tolerar.

1×06 Cosas que un padre no puede tolerar.

Escrito por Asier T. el 26 abril, 2016

Asier T.

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Anteriormente en El Día en que Conocí Twitter…

Xoxanna y su novio despiertan uno en cada punta de la ciudad y no se acuerdan de mucho de lo que pasó en la fiesta de ayer. Mafias chinas del queso Idiazabal, orgías y una promesa secreta con unos importantes magnates del cine para la producción de una película… No se acuerdan de nada, pero poco a poco y a lo largo del capítulo, van surgiendo pistas que les van arrojando luz sobre el caos de la noche anterior. Si tú tampoco recuerdas nada, pásate por la sección “series” del blog de Harwin y actualízate, que ya va siendo hora.

Créditos de apertura de El Día en que Conocí Twitter…

Pon alguna de los Creedence…

1×06

Cosas que un padre no puede tolerar

INTRODUCCIÓN

Cambio de tercio.

 

¿Conocéis el concepto resaca vergonzante? No tenéis por qué. Me lo inventé hace tiempo y no puse mucho empeño en su difusión; además, creo que no hace falta ser filólogo para deducir su significado. Pues bien, hace tiempo que la ciudad entera parece estar afectada por una resaca vergonzante. Las fachadas de las casas, despeinadas y sudorosas, bajan la vista entornando las persianas a mi paso. La acera se siente obesa y cree que todo a su alrededor es basura; padece embotamiento nervioso.

Voy a dejar de decir estupideces. Algo grave y que me incumbe ocurrió en algún momento. Lo saben hasta los árboles pelados de la avenida; con su irrisorio temblor me lo advierten.

Ya paro, pero esa es la sensación que tengo cada vez que salgo a la calle o miro por la ventana o simplemente espero… Podría haberlo dicho de mil formas, sí. Te aguantas si ésta no te gusta. Desde aquella semana de fiestas encadenadas llenas de desenfreno han pasado ciento cuarenta y cuatro horas. Ciento cuarenta y cuatro pesadas, aburridas e inquietantes horas. No he vuelto a saber nada de aquella gente… ¿Seguirán de resaca? ¿Se les habrá pasado la euforia? ¿Ya no estarán interesados? La duda me consume; me lleva a la paranoia.

He escrito bastante. Xoxanna y yo estamos muy implicados en el proyecto desde la misma mañana en que descubrimos el dichoso pacto acerca del guión. Pero somos los únicos interesados en el asunto, o al menos esa es la sensación que tenemos. Del único que he sabido algo es del Director de Cine. Tengo un montón de cosas que contarle. Me llamó desde su móvil personal hace setenta y dos flatulentas horas para citarme en la misma cafetería donde Marisa Lanormal nos atacó con las naranjas. No le intuí muchas ganas de hablar de trabajo. Me pidió que acudiese solo. Llevé en una carpeta todo lo que habíamos parido desde que descubrimos que el tema principal de su nueva película debía centrarse en nosotros. Mi intuición no andaba descaminada. No hablamos de la película. El Director de Cine estaba triste y cuando hablaba parecía escaparse por la ventana que había junto a nuestra mesa.

–Es… es una chica estupenda, ¿sabes? Dulce, lista, responsable… Pero tiene un problema… uno muy gordo–. En ese momento ya tenía claro que no hablaríamos del guión y que el tema de conversación iba a ser su hija. Pero… ¿por qué? Sus ojos brillaban, querían llorar, pero él no––. Mira… no te voy a contar una película. Se supone que nosotros las hacemos ––eso es todo lo que hablamos de cine aquel día–. No te voy a decir que su madre es una alcohólica depresiva adicta a las pastillas que vaga de clínica en clínica de rehabilitación. No te voy a contar que su padre es un hombre hecho a sí mismo que no tuvo el tiempo suficiente para criarla… no. Eso sería mentira; sensacionalismo barato que busca esconder la mierda debajo de la alfombra. La puta verdad es que mi hija es peligrosa, atrae el mal y su naturaleza es joderlo todo. ¿Cómo te quedas? Pensarás que hemos tirado la toalla con ella, pero créeme que no. Ella ha tirado la toalla con la vida hace mucho tiempo. ¿Se puede uno rendir a esa edad? No lo sé… ¿y con la mía? El caso es que no la culpo, hace como su padre, lo que mejor se le da. Tengo un problema, chaval, un problema de diecisiete años que se llama Anabel. Debo convivir con esa carga y todos mis allegados también. No hablo de esto con cualquiera. Por eso te he citado aquí. Creo que mi deber, si vamos a trabajar juntos, es informarte. Quiero ser sincero contigo.

No supe qué decir. Acompañé el silencio con unas palabras que salieron sin permiso y prefabricadas de mi boca. Me hubiera gustado ser más auténtico, pero nadie te enseña cómo cojones actuar en situaciones como esa. Yo iba a hablar del guión y me encontré con eso. Me sentí mal.

–Soy su barrendero. Su solucionador, su fontanero. Recojo la mierda que va dejando tirada allá donde pisa. Le importa todo tres cojones. Tengo tanto miedo… Cuando sea mayor de edad ya no habrá papá de turno ni nada que la defienda… Si por lo menos acabara los estudios en el internado… tan sólo pido eso, no es mucho. Algo a lo que se pueda agarrar cuando… –No terminó la frase. No dijimos mucho más. Nos terminamos el café; incómodos. Pagué yo, no sé por qué, pero me vi impulsado a hacerlo; él tenía cosas más importantes por las que preocuparse que una estúpida cuenta. Ya en la calle,  me dijo:

–¿Te importaría acompañarme a un sitio?

Accedí, y fue muy extraño. Le esperé en el rellano de una vecindad de la parte vieja de la ciudad. Había, en el segundo peldaño de unas escaleras polvorientas de madera, una mierda reseca que sucumbió en su intento por ascender al piso de arriba. Mierda de perro, mi cabeza hizo esa asociación, aunque puede que estuviera equivocado. Cuando salió le seguí escaleras abajo y me dijo:

–Limpiar esto me ha costado cinco mil euros. Hasta la próxima sangría. Me saldría mejor dedicarme al tráfico de drogas en México y pagar las mordidas de la poli.

Nos despedimos en una esquina. Me pidió perdón. Me dio las gracias. En vez de chaval me llamó hijo y sus ojos temblaron. “Sigue escribiendo, tienes que ser constante”, añadió.

Le hice caso. Decidí centrarme en escribir. Aparté, no sin esfuerzo, todas las paranoias que volaban sobre mi cabeza tras el silencio posterior a la fiesta. Él parecía confiar en mí, más incluso de lo que yo me imaginaba. Se había sincerado conmigo al contarme los problemas que tenía con su hija. Eso no se hace si al día siguiente le vas a dar puerta a tu confidente. Por otra parte, el señor Li Chiao estaría contento siempre y cuando tuviera sus doscientos cincuenta kilos de queso y cumpliese con lo pactado acerca del guión; así que todo controlado. Tenía que ser constante; escribir sobre nosotros. Nos pusimos unas pautas, unos horarios. Xoxanna elaboraba una cronología de todos los acontecimientos desde el día en que nos conocimos; una gran pizarra de esas que tienen los científicos en sus despachos se llenaba a diario de garabatos y anécdotas que íbamos incorporando a la historia. Descubrí que Xoxanna tiene una memoria excelente para el asunto de las fechas y para quedarse con los nombres de la gente. A mí no me cuesta recordar una conversación, otra cosa es con quién, cuándo y en dónde la tuve.

Le mandé varios mails con borradores y pruebas de escritura; prácticamente todos los días.

No volví a tener noticias de él.

Hasta hoy.

 

COSAS QUE UN PADRE NO PUEDE TOLERAR.

–Creo que deberíamos comprar unas tizas de esas para escribir en las ventanas. Me recuerdas a ese tipo que sale en una película, el que empieza siendo muy listo pero que al final se vuelve loco –digo. Xoxanna mira por la ventana haciendo memoria. La observo. El humo que la envuelve emana de su cigarrillo, pero me divierto pensando que sale de su sesera.

Trato de ordenar las posibles escenas de un viaje a Cádiz en Semana Santa a la vez que pienso en el interés que puede tener eso para un potencial espectador. Ninguno. Nulo. No me creo lo que estoy haciendo. “Esta no es la vía… Tiene que ser una película de autor. No se trata de contar nuestra vida a los demás, eso no interesa… Veamos… Una pareja joven que intenta salir adelante sin tener un trabajo normal… céntrate en eso. Eso somos nosotros”, pienso.

Suena el teléfono. Me asusta. Es el Director de Cine desde su número personal.

–Hola, hijo.

–Hola. Ya estaba pensando que te habías olvidado de nosotros –digo.

–Podrán pasar muchas cosas, pero esa en concreto lo dudo. He estado leyendo lo que me has mandado. ¿Quedamos hoy y nos emborrachamos? Me gusta lo que has escrito, quiero hablar de ello. Creo que he encontrado al Actor Perfecto para hacer de ti. Le diré que venga también, ¿te parece? Que se una tu chica también.

Digo que sí y me da las señas de un local del centro.

–¡Yo flipo! ¿Y no se te ha ocurrido puto preguntarle qué actor era ese? ––me grita.

–Pues no, Xoxanna, sinceramente no. Ahora le veremos. Además, es muy probable que no supiese quién es, por mucho que él me siga en Twitter y todo eso.

–¡Ahora mismo te estampaba contra la pared! ¡Joder! No te haces a la idea de la mala hostia que me puto pones a veces. ¡No te rías que te hostio! –me grita cerrando el puño y, como es lógico, me parto en dos.

El bar es un tugurio de los que huele a mocho. Vacío, oscuro, con buena música, copas a buen precio y de calidad; quedan pocos así. Ideal para emborracharse y hablar de cosas turbias. El camarero es una tumba de cincuenta y cinco años largos; de esos que ya no se asustan por nada. Tenemos delante al Director de Cine y al Actor Perfecto. Xoxanna está que lo flipa. Debe de ser la hostia de famoso porque hasta a mí me suena un poco. Es un tío callado, de pocos gestos, treinta pasados, con barba y un acento del sur que no le pega ni a palos. Lleva una chupa de cuero abierta de la que sobresale una sudadera gris con gorro. Bebe del botellín con estilo suburbano.

–Tienes que conocerle, debes estudiarle, meterte dentro de su piel –le dice ahora el Director de Cine al Actor Perfecto, luego mira a Xoxanna–. Ya encontraremos a alguien para que haga de ti, o… –se atusa la barba y la observa con ojos entrecerrados–. Si no recuerdo mal tú eres actriz, ¿no? Cuando íbamos a hacer aquella mierda del micro teatro me lo dijiste, sí. Joder, ya lo tengo… ¿Nadie más lo ve? Venga, joder, ¡que es muy fácil, lo tenemos aquí mismo, delante de nuestras narices! –pausa dramática, se pone la mano delante de la cara escondiéndose de nosotros y se asoma sobre ella para decir– ¿Qué es lo que está ahora de moda en el cine? ¿Qué es lo que más tiesa se la pone a los críticos de mierda? Mezclar actores conocidos con amateurs. Película que descubre actor barra actriz revelación es película que no pasa desapercibida. Es Goya. ¡Bum!

El Actor Perfecto sonríe levemente y se fija en Xoxanna, no me gusta como la mira. Xoxanna está al borde del ictus.

–Haré unas llamadas y como tarde pasado mañana entras en la mejor academia de interpretación de la ciudad, no se hable más. Debes de estar radiante para ese día.

Seguimos bebiendo. Hablamos y pedimos más copas. El Actor Perfecto se pinta unas rayas sobre la mesa. Sólo el Director de Cine le acompaña. Se muestran estúpidamente eufóricos.

–Este chaval es a la escritura lo que los putos Apóstoles fueron a la Biblia ––dice El Director de Cine.

–Lástima que el editor de San Pablo no esté disponible hoy en día –contesto.

El Director de Cine se ríe a carcajadas y el Actor Perfecto mira a Xoxanna de esa forma que no me gusta. Así pasan las horas.

Dentro del local parece siempre madrugada. Seguro que fuera aún es de día. Me he olvidado de la hora que es. Llegados a un punto de la tarde, parece que decidimos ir a otro lugar. El garito está muy cerca de nuestra casa.

El Director de Cine, relamiéndose de su poder e influencia, ha hecho una llamada a alguien y a Xoxanna le han aceptado en la academia de interpretación. Tiene que estar mañana a primera hora para una entrevista.

En la puerta del local Xoxanna consulta la hora en su minúsculo reloj. Percibo que ellos no están por la labor de irse y yo creo que debo quedarme. Es la primera vez que hablamos de trabajo en dos semanas horribles en las que me he vuelto loco porque pensaba que todo se había acabado.

–Bueno, es incluso demasiado pronto para hacer uso del puto tópico de que la noche es joven. Creo que es una obligación que vayamos a tomar unas cuantas más. ¿Cómo lo veis? –propone el Director de Cine. Con pocos gestos,eEl Actor Perfecto demuestra que está de acuerdo; es un rasgo característico suyo: necesitar pocos gestos y palabras para expresarse. Xoxanna vuelve a consultar su minúsculo reloj y me mira con ilusión.

–Yo tengo que estar radiante para mañana, id vosotros. Te espero en casa, cariño –me da un beso. Algo en la cara de los dos me llega sólido al pecho. Algo que evidencia que hace mucho que a ellos no le han dicho algo parecido.

–Te lo devolveremos sano y salvo, Xoxanna, comprenderás que tenemos que seguir con esta fructífera reunión de trabajo.

Reímos. Nos despedimos. Ella por un lado, nosotros por el otro.

Caminamos en silencio por la calle. El Director de Cine y el Actor Perfecto cruzan palabras que me dejan al margen; cosas que no entiendo. Es como si hubiera un plan sobre el cual no tuviese constancia. Muchas de las cosas que dicen no me gustan. Les sigo, su paso es cada vez más potente.

Llegamos a un portal, El Actor Perfecto saca la tarjeta con la que se ha pintado las rayas y comienza a forzar la puerta, El Director de Cine, como si quisiera distraer mi atención, me dice:

–Como te dije el otro día eres alguien de mi confianza, chaval, alguien que quiero tener a mi lado, verás… hay un vídeo circulando por ahí, un video horrible que…

La puerta se abre, la conversación se cierra, entramos al portal y comenzamos a subir por las escaleras. El Actor Perfecto saca una porra extensible del bolsillo de canguro de la sudadera, el Director de Cine, dos pasamontañas de la chaqueta. Nos detenemos en el tercer piso. Respiraciones. El Actor Perfecto se mete una raya más, directa desde la papela. Se ponen los pasamontañas. El Director de Cine tiene un puño americano en su mano derecha.

–Hay cosas que un padre no puede tolerar, chaval. Lo comprenderás cuando tu chica y tú tengáis un retoño, espero que las cosas os salgan mejor que a mí –me dice esto a través de su pasamontañas. Se apartan de la mirilla y tocan el timbre. Espera. Vuelven a tocar. Un chico gordo y de rizos abultados abre la puerta. Recibe la primera hostia. Nudillos de hierro contra su tabique. Asaltan la casa. Yo me quedo en el umbral. El chico gordo yace enseñando su peludo ombligo al techo. Ojos en blanco. Sangre que brota de sus fosas nasales hinchadas. Cosas que se rompen, gente que se asusta, más cosas que se rompen.

–¡Quién tiene el puto vídeo! ¡Quién es el puto pervertido que le gusta pajearse con vídeos de niñas mamándosela a desconocidos! Grabasteis a la niña equivocada –Súplicas, más destrozos–. ¡Quién lo tiene! ¡Enséñamelo, rápido, quiero ver como lo borras! ¿Crees que soy imbécil? –Grito de horror– ¡Bórralo del servidor donde está alojado, que no deje ni rastro en la página de degenerados en la que se ha colgado! ¡Quiero ver cómo se evapora de todos los ordenadores o acabaréis en silla de ruedas y cagando en una bolsa para toda vuestra puta vida de mierda!

Me asomo por el pasillo. Le están metiendo la porra extensible por la garganta a uno de ellos que, sentado en una silla, lucha por seguir respirando… Otro, temiendo por su vida, maneja el ordenador con lágrimas en los ojos mientras el Director de Cine lo amenaza. El Actor Perfecto deja de torturar al de la silla y éste cae al suelo desmayado. Es una máquina de destrucción. No deja nada en pie.

Observo aterrorizado la escena: un padre desesperado, un psicópata sin sentimientos capaz de apuntarse a cualquier movida con tal de chorrear adrenalina sembrando horror a base de hostias y el vídeo sexual de una menor; dos personajes muy famosos que después de ponerse hasta el culo acaban su fiesta de esta forma. Dos hombres de acción. Dos seres irracionales.

 

Continuará…

Créditos de cierre de El día en que Conocí Twitter.

Aquí pega más una de los Doors.

La cosa se pone intensa, pero no llegaremos al nivel de Black Mirror, aquí seguirá habiendo algo de humor.

#ElDíaEnQueConocíTwitter

AsierT. (Twitter: @asier_triguero)

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Comentarios

2 Comentarios en "1×06 Cosas que un padre no puede tolerar."

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Pablo Rompe
Invitado
1 year 7 months ago

Sexto capítulo. Cosas que un padre no puede tolerar. Nuevo capítulo de @asier_triguero en @_harwin 🙂
https://t.co/1rLru6AMVR

Asier Triguero
Invitado
1 year 7 months ago

RT @PabloBenigni1: Sexto capítulo. Cosas que un padre no puede tolerar. Nuevo capítulo de @asier_triguero en @_harwin 🙂
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