1×03 “Un día de esos”

1×03 “Un día de esos”

Escrito por Asier T. el 17 abril, 2016

Asier T.

18 publicaciones

Anteriormente en El Día en que conocí Twitter…

Pasaron un montón de cosas, mudanzas, peleas con botellas rotas, sexo interracial, accidentes laborales y alumnas de internado con síndrome de Tourette, si quieres ponerte al día hazlo aquí:

http://harwin.es/blog/tag/el-dia-en-que-conoci-twitter

Créditos de apertura de la serie El Día en que Conocí Twitter

Pon una canción de esas que te hacen bailar

1×03 

“Un día de esos”

–El Señor ha puesto al Director de Cine en nuestro camino por alguna razón. Hay que dar gracias por ello –afirma Xoxanna convencida.

–¿Qué señor? –pregunto.

Sé por dónde van los tiros. Xoxanna se pone mística de vez en cuando. Es la forma que tiene de exteriorizar su alegría ante un proyecto nuevo.

–Sabes perfectamente de lo que te hablo. Tenemos que entrar en una iglesia a rezar y dar las gracias antes de que acabe el día, los dos, es muy importante.

–No me jodas, Xoxanna… ¿otra vez con esas chorradas?

–¡No te jodo! Y créeme que el joder se va a acabar si hoy no entramos en una iglesia a rezar y dar las gracias antes de que se acabe el puto día.

–Me encanta esa lengua de católica que tienes. Hace poco amenazabas a una chiquilla que padece el síndrome de Tourette con una botella rota y hoy quieres rezar porque su padre nos ha encontrado trabajo.

–Me había apuntado a tres cursos del Inem y tú te habías registrado en tres ofertas de  comercial de grandes marcas, cariño. Así es la vida. Hay que dar gracias por la buena nueva.

–Tienes razón, de acuerdo, tenemos un buen motivo. Rezaremos, daremos gracias al altísimo y yo le pediré que algún día hagamos un trío con la perturbada de la Hija del Director de Cine. Me pusiste cachondísimo cuando rompiste el botellín contra la barandilla. Creo que deberíamos follárnosla porque el Señor también la ha puesto en nuestro camino.

Me llueven puñetazos cortos y pequeños por todo el costado derecho. Caminamos por la ciudad como dos personas normales.

–¿Eso te puto gustaría, eh? –más puñetazos. No hacen daño, bueno, uno de cada veinte. Me coge por los hombros, me pone contra la pared y me besa. Su lengua es como un pastelito de esos que te comes de vez en cuando aunque no seas muy de dulces pero que te sienta genial.

–No sé si podría concentrarme con ella pegando gritos y todo eso, pero no estaría nada mal. Está como una puta cabra.

–¿Te molan las locas, eh? –me mantiene acorralado con sus delgados brazos clavados sobre la pared, uno a cada lado de mi hombro. Disfruto del momento. Me distraigo mirando una nube y un pájaro que intenta chocarse contra ella.

–¿Hace falta que conteste? –digo al fin. Me coge de los huevos.

–Esto pertenece a la loca que tienes frente a ti, ¿de acuerdo? –me río– Me da un cabezazo. Grito. La gente nos mira. Me vuelvo a reír.

–Maldita chalada de los cojones, ¡me va a salir un chichón! –me vuelve a besar y me muerde el labio. Vuelvo a chillar. Un taxista nos mira desde su coche que huele a pedos. Reanudamos la marcha. Me coge del brazo y se apoya sobre mi hombro. Si la calle estuviera nevada y ella fuese Suze Rotolo y yo Bob Dylan, nuestra foto se parecería a la portada del disco “The Freewheelin’ “.

Nos dirigimos inconscientemente hacia el Bears, bar donde nos emborrachamos a diario, haya o no algo que celebrar, exista o no un motivo.

Xoxanna farda por quinta vez de que tenemos el número de teléfono del Director de Cine y que si quisiéramos, en cualquier momento, podríamos mandarle un Whatsapp. Bebemos y conversamos con Marcus y Alegoría. Me encantan; puedo hablar de todo con ellos. Son como mi refugio. Ronda entre la gente un medio yonqui argelino con el único cometido de molestar a los demás. Es un día entre semana en el Bears; bar donde la calle se transforma en tumulto alcoholizado. Lumpen y High Society conviven entre miradas vidriosas y humo.

–Pues tiene buena pinta el curro que os ha ofrecido, ¿no? –dice Marcus.

–Sí, nos permitirá pagar las facturas atrasadas y ser un poquito más famosos –contesta Xoxanna. Bebe.  Alegoría se ríe.

–El escritor y la actriz –dice Alegoría–. Me gusta el micro teatro, en Barcelona y Madrid está mucho más extendido, pero aquí ni se conoce.

El argelino tira una copa.

–Es buena idea lo de plantearlo sin que parezca una obra como tal. Sin carteles, sin horarios, sin avisar a la gente… ¡pum! Que se lo encuentren de sopetón os deja mucho margen de maniobra para hacer algo realmente impactante.

–Y como no os gusta nada montar numeritos… –añade Alegoría, y vuelve a reír. Cada vez que Alegoría ríe hace que te pongas contento. Xoxanna me coge por la cintura y nuestros dedos se encuentran huyendo del frío.

Tengo que escribir diez situaciones peculiares en diez localizaciones diferentes para que se representen de manera espontánea en lugares públicos. Las interpretaciones se grabarán con una pequeña cámara que, además de la escenificación, tratará de captar la reacción de la gente. El carácter del proyecto es socio-artístico y la intención es venderlo a la televisión pública. Xoxanna ha sido contratada como actriz y algo que se nombra con una palabra en inglés y que está relacionada con el impulso. Tiene que encontrar a cuatro actores más y hacer una pequeña campaña de marketing cuando las primeras tomas estén montadas. El Director de Cine le ha dicho que todo lo que se la pueda ocurrir será bienvenido y debidamente remunerado. Si al final el proyecto sale adelante y llega a la televisión, me encargarán un libro que versará sobre la experiencia. No me ha dado muchas más directrices para escribir las historias. Tan sólo me ha dicho que siga el hilo de mis últimos relatos. Algo llamado Community Manager me está creando una página web y un montón de perfiles súper modernos en las redes sociales. Xoxanna está encantada con eso.

El argelino sigue molestando y la gente hace público su malestar pero con algo de cobardía, como si en el fondo esperasen a que viniera Batman para socorrerlos del villano inmigrante que les impide tomarse un gintonic de siete euros a gusto.

La camarera le echa del bar. “No más vino barato para ti”, le dice. Todos alientan y vitorean a la “Mujer Maravilla” que, tras esperar a que el argelino se vaya, hace unos movimientos especiales con su capa y vuelve a su trabajo. La fiesta continúa. Seguimos bebiendo. Tenemos buen ritmo. Pasan las horas, se multiplican las rondas y el licor nos pone calientes a los dos. Cuando nos pasa eso Xoxanna y yo lo aprovechamos; es algo que no ocurre todos los días. Son más las veces que acabamos de bronca y el sexo llega al día siguiente con la resaca, o las que simplemente disfrutamos de nuestro pedo diario venga como venga. Tenemos que irnos a casa. ¡Ya!

El trayecto son diez minutos andando por calles oscuras a las que ya nos hemos acostumbrado y las que jamás nos parecieron peligrosas. Me encanta pasear cogido por la cintura con Xoxanna por esas calles solitarias disfrutando de nuestra borrachera. El paseo de hoy es reconfortante, mucho mejor que los de la semana pasada cuando sentíamos que se acercaba el fin del mundo conocido hasta ahora. Hoy tenemos un proyecto en común, hemos conseguido un contactazo que nos va abrir todas las puertas y que nos conducirá poco a poco hacia el mito de la destrucción: nos convertiremos en una pareja a la que los excesos de la fama le sientan estupendamente mal y que viste rumores cual foulards o sombreros de copa ancha. Me encanta caminar con Xoxanna a mi lado por la calle oscura que conduce a nuestra casa; quinto sin ascensor. El eco de nuestra ilusión rebota contra las persianas y avisa a la oscuridad de que estamos a punto de llegar al portal; sólo nos falta doblar una esquina para comernos el uno al otro…

De pronto, una sombra maloliente me arrebata a Xoxanna, arrancándola de mi lado. No sé de dónde ha salido. No entiendo lo que pasa hasta que la oigo gritar.

Una voz enferma me dice:

–Dámelo todo o la mato aquí mismo.

Las palabras de la desesperación. Miedo y tristeza. Todo se da la vuelta en un segundo y las vísceras de la realidad palpitan humeantes bajo el frío de un miércoles de invierno.

Un tipo sucio y con la peor cara que haya visto en mi vida tiene a Xoxanna entre sus adictos brazos y la amenaza con una enorme navaja oxidada. La hoja aprieta su cuello y se hunde desafiando la suavidad de su piel. Qué bonito cuello.

–De acuerdo, tío. Tranquilo. Toma todo lo que quieras, mira, esta es mi cartera y mi móvil, no soy de relojes, pero mira… aquí tienes todo…

–¡Vamos a un cajero!

–Vale, de acuerdo, aquí al lado hay uno, vamos, pero suéltala, por favor, ella no tiene la culpa de nada…

–¡Vamos!

Antes de que podamos movernos del sitio otra sombra entra en juego, pero ésta parece que acude en nuestra ayuda. Tan sólo puedo ver cómo el tipo sucio y con la peor cara que haya visto en mi vida recibe un fuerte golpe en la cabeza que le hace perder el equilibrio. Xoxanna aprovecha para zafarse del atracador y corre hacia mí. Su abrazo es como ese regalo de cumpleaños que esperabas de pequeño. El argelino medio yonqui que rondaba molestando a la gente en el Bears golpea con furia al atracador, que ahora yace sobre la acera con los brazos en cruz. Sus puñetazos me recuerdan a un martillo neumático de esos que levantan los adoquines y hace que se te taponen los oídos cuando pasas cerca de ellos. Se vuelve hacia nosotros con la cara desencajada, los nudillos llenos de sangre listos para volver a embestir y nos grita:

–¡Marchad! ¡Aquí ya no hay nada más que ver!

Le hacemos caso.

Le doy las gracias.

No escucha.

Sigue a lo suyo.

 

En el salón de casa, silenciosos, fumamos y bebemos.

Quiero saber lo que piensa Xoxanna. Está hermética cual Tupperware. No ha habido ni un “te quiero”; sí varios abrazos y besos. Se la ve bastante afectada. Lleva cuatro cigarros seguidos y alterna caladas con tragos de güisqui directamente de la botella.

Miro su cuello. Está intacto y precioso. Espero. Por fin dice:

–Si vuelvo a hablar de iglesias y de dar gracias al Señor córtame el rollo de raíz, ¿me lo prometes?

–Te lo prometo. Vámonos a la cama, necesitamos descansar.

 

Continuará…

 

Créditos de cierre de El Día en que Conocí Twitter

(Pon una canción que te guste)

¿Qué les esperará a Xoxanna y a su novio a la vuelta de la esquina? Pásate por Harwin y sintoniza esta serie. No es Homeland, pero seguro que Obama se echaría unas risas.

#ElDíaEnQueConocíTwitter

 

AsierT. (Twitter: @asier_triguero)

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Échame la culpa de mis relatos. Ah, y de la serie literaria "El Día en que Conocí Twitter. Sígueme por aquí, y si lo haces por la calle, invítame a una caña.

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Comentarios

9 Comentarios en "1×03 “Un día de esos”"

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Asier Triguero
Invitado
1 year 6 months ago

Si la calle estuviera nevada y ella fuese Suze Rotolo y yo Bob Dylan, nuestra foto se parecería a la portada del Freewheelin’

Asier Triguero
Invitado
1 year 6 months ago
Pablo Rompe
Invitado
1 year 6 months ago

Tercer capítulo de @asier_triguero en @_harwin 1×03 “Un día de esos”
https://t.co/SExb4jHUos

Asier Triguero
Invitado
1 year 6 months ago

RT @PabloBenigni1: Tercer capítulo de @asier_triguero en @_harwin 1×03 “Un día de esos”
https://t.co/SExb4jHUos

L.Fjäder
Invitado
1 year 6 months ago

RT @PabloBenigni1: Tercer capítulo de @asier_triguero en @_harwin 1×03 “Un día de esos”
https://t.co/SExb4jHUos

Member
1 year 6 months ago

Menudo par de dos… Para ver (leer) qué historias escribe él y cómo actúa ella. Voy a por la cuarta parte, que he visto que ya la tenemos por aquí.

Joanna Bliss
Invitado
1 year 6 months ago

1×03 “Un día de esos” https://t.co/UTAp4ppW4O vía @_harwin

Asier Triguero
Invitado
1 year 6 months ago

RT @JoannaBliss5: 1×03 “Un día de esos” https://t.co/UTAp4ppW4O vía @_harwin

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