Naia.

Naia.

Escrito por Asier T. el 6 marzo, 2016

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Tiene siete años y su momento preferido del día sucede ahora mismo: el paseo en bicicleta que da con su padre en el asiento supletorio trasero, camino de la tienda. El otoño en la costa aún muestra su cara más dulce; los autóctonos lo llaman “verano sin turistas”. El mar ronronea satisfecho de acoger a sus vecinos en la orilla sin banderas. Naia se siente especial, abrazada a la espalda de su padre, disfrutando de todo lo que hace más presente el cálido contacto: los baches, los giros de cuello, los saludos levantando una mano del manillar… Le encanta sentir la vibración que sobre sus carrillos se transfiere a cada “Aúpa” o “Buenos días”. Suele aprovechar para adivinar a quién puede estar saludando mientras intenta no quedarse dormida de puro gusto. Con los ojos cerrados, trata de adivinar el mundo a través de los otros cuatro sentidos: el recorrido, el clima, el estado de la mar, la velocidad a la que van… se lo toma como una especie de entrenamiento.

Una frase que ha oído repetir últimamente a su madre la tiene un tanto confusa: “ojo por ojo y nos quedaremos todos ciegos”. ¿Perder la visión, con todas las cosas maravillosas que hay para contemplar? Naia se siente muy afortunada. En el pueblo todas las niñas de su edad están ahora encerradas y aburridas sobre sus pupitres; mientras que ella siente las partículas de salitre danzando en el aire y colándose por su naricilla. Mareas vivas. Carlos y Josefa. Tuercen a la derecha. La panadería y la persiana del estanco. La cuesta del paseo. El perro de Pili y el autobús de la carretera general. Diez y treinta y dos, más o menos. Abre los ojos en el semáforo en rojo. El reloj de la farmacia dice que son menos veinticinco. “Está tres minutos adelantado, he vuelto a acertar”, se regocija, apretando su abrazo al estilo bebé koala. Puede que sea mayor para estos asientos, pero sólo en edad, porque su tamaño aún se lo permite y ningún adulto tiene derecho a decidir hasta qué años se puede disfrutar de según qué cosa. ¡Cómo les gusta hacer eso a los mayores!

La tienda, color morado, les espera en la esquina de enfrente, al otro lado de la carretera. Mamá ya ha abierto la verja. Sale y entorna los ojos hacia la claridad del horizonte, recolocándose la cinta naranja y lila que empuja su abultado peinado hacia atrás. Papá suele decir que le recuerda a una piña, entonces mamá ríe y le hace una carantoña. Hace unas cuantas semanas que no lo hacen, por lo menos desde septiembre, y Naia lo nota, pero no lo entiende.

Es una niña muy lista, llegó a la edad de matricularse en preescolar sabiendo leer, escribir, sumar y restar, amén de poseer muchísimo más mundo que cualquiera de sus compañeros. Nació en Perú, tiene vagos recuerdos de haber residido un tiempo en Ecuador, hasta los cuatro años y medio vivió en Chile —de donde es originaria su madre— y ahora se ha instalado con sus padres en un pueblecito costero del País Vasco. Parece que han encontrado su lugar. Su padre es de la zona, aunque de muy joven marchó a Sudamérica, donde conoció a mamá.

Estas circunstancias han permitido que Naia, a su corta edad, disfrute de su primer año sabático. Los profesores de la escuela le hicieron un examen previo y decidieron que entrara en segundo curso, para lo cual era conveniente, por cuestiones de homogeneidad, esperar unos cuantos meses. Fue curioso para ellos toparse con una niña que ni lloraba, ni sabía de ningún dibujo animado, ni entendía de video juegos, pero que conocía a Vargas Llosa, Borges o García Márquez. “También sé cultivar la tierra”, dijo orgullosa ante un atónito jefe de estudios.

Naia abraza a mamá y entra en la tienda. Sin pensarlo siquiera su mano acaricia los pañuelos de seda, sus ojos responden al brillo de los abalorios y su olfato se deleita con las velas aromáticas, permitiendo que su fragancia llegue hasta la punta de los deditos de sus pies, definiendo su vida. Porque no conoce otra infancia, otro ser, que rodeada de todos estos objetos. Aquí todos creen que su nombre se escribe con hache intercalada y que significa “deseo”, pero ella guarda el delicioso secreto de saber que proviene del griego, que significa “fluir” y que guarda relación con las hadas. Naia, con su infantil inconsciencia muy alerta, enreda por la tienda mientras sus padres hablan en la entrada. De refilón, ella sólo ve gestos cansados. No le gusta la cara de mamá.

—Últimamente me siento perdida, Bitxor. La maldad que veo a nuestro alrededor puede conmigo.
—¿Ha ido contra nosotros esa maldad? —Ese argumento parece decepcionarla profundamente—. Eres una mujer fuerte, Helena, no te olvides de todo lo que hemos pasado en otros lugares, aquí somos felices —Sin embargo, ella no parece muy convencida—. No existe lugar exento de maldad, lo siento. Pero sí lugares donde poder ser feliz ¿Qué es lo que quieres, Helena?
—Déjame soñar. No sé… ir a una aldea tailandesa y vivir con lo justo… supongo que quiero vivir una historia ya escrita, un cuento…
Más de veinte años de relación y todavía Bitxor no sabe si cuando Helena habla así se refiere a toda la familia o sólo a ella misma. No se atreve a indagar. Espera, y los días pasan melancólicos, rezando por que se vaya alejando esa extraña tristeza global que de vez en cuando parece abrumarla.

Naia sale de la tienda dando saltitos, gritando, “¡lo he encontrado, lo he encontrado!”. Esconde entre sus manitas algo brillante que le hace extremadamente feliz, tanto que corre hacia la tienda de chucherías de enfrente para enseñárselo a la señora, que la adora. Bitxor y Helena se cogen de la mano y dejan pasar a unos cuantos surfistas que corretean por la empedrada calle peatonal con las tablas bajo el brazo. Uno de ellos les saluda, rebosante de salud.

—Pareces una piña con esa cinta en el pelo —le embroma papá, y mamá ríe y le hunde la nariz en la barba, ya algo canosa, mientras pasa su mano por la coleta que cae sobre su espalda. Naia sale de enfrente con una piruleta roja en forma de corazón, sonriente. Abraza a sus padres y los tres entran en la tienda.

 

AsierT. (Twitter: @asier_triguero)

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2 Comentarios en "Naia."

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Pablo Rompe
Invitado
1 year 9 months ago

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Asier Triguero
Invitado
1 year 9 months ago

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