La escritura es lo último que se pierde. Parte 1.

La escritura es lo último que se pierde. Parte 1.

Escrito por Pablo Rompe el 15 marzo, 2016

Pablo Rompe

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ESCENA UNO: LOS QUE CAGAN TALENTO.

Rosario, Carlos e Ismael se reúnen en una cafetería a las cinco de la tarde, ella toma café solo, Carlos un té con una nube de leche e Ismael un café bombón.
Mientras esperan que les traigan su comanda, comienzan a ponerse al día. Llevan varias semanas sin verse, los exámenes les han tenido ocupados, más tarde irán al cine y luego a un recital de poesía en el centro. Son amantes del arte, dibujan, escriben, fotografían, y viven por y para lo que ellos huelen como talento. Que suele ser su propia mierda.
Les traen lo que han pedido y se acuerdan de su examigo, David.

Ismael: ¿Os habéis enterado? Me han contado que David está metido en un manicomio.

Rosario: No me digas, y ¿por qué lo han metido allí?

Carlos: Por qué no lo habrán metido antes, dirás.

Ismael: Pues hay muchos rumores, dicen que acosó a su ex, que la seguía hasta su casa y le dejaba cartas en el buzón, muy románticas al principio pero obsesivas después.

Carlos: Yo he escuchado que fue porque estaba recitando en un café, nadie le aplaudió y se volvió loco a insultar y destrozarlo todo.

Rosario: Nunca ha llevado muy bien la crítica, se enfada si le llevas la contraria.

Carlos: Cierto, a veces daba miedo decirle nada, pero me creería las dos cosas. Tú lo debes de saber, Rosa, estuviste con él un tiempo.

Rosario: Era algo posesivo, pero nunca fue violento, tenía la autoestima demasiado dañada y, en cuanto lo dejabas fuera de algo, se sentía ofendido y se convertía en un crío.

Ismael: He oído también que robaba dinero, que se lo gastaba todo en alcohol y que le gustaba demasiado engañar a las chicas para que se acostaran con él. Puede que sea por eso también.

Carlos: Otra cosa que me han dicho a mí es que se intentó suicidar al ver que su escritura no era reconocida.

Rosario: Era demasiado vago escribiendo y era demasiado vago para suicidarse, no me lo creo.

Carlos: Es lo que me han dicho, estaba obsesionado con que él era mejor que todos los que los demás leían, tenía un ego muy subido y puede que se diera cuenta de que era él su único fan.

Rosario: Pero él nunca haría eso, os lo prometo.

Ismael: Sea lo que sea, al parecer lleva allí unos cuantos meses y dicen que ha intentado escaparse varias veces, pero que siempre lo han pillado.

Rosario: Yo perdí la fe en que se recuperara hace tiempo.

Carlos: Yo lo di por perdido también.

Ismael: Estamos mejor sin él.

ESCENA DOS: LE ROBÉ LA CARTERA A DIOS.

Una carretera de tierra casi abandonada rodeada de campo, llueve fuerte y, en mitad, una parada de bus donde refugiarse. David aparece empapado hasta el alma, jadeando, acaba de fugarse del manicomio, se refugia bajo el plástico del techo de la parada, aunque ya da igual, está más que calado, tirita de frío, aún lleva el pijama que le hacían llevar y nada más. No sabe a dónde ir, no le queda nada y no tiene dinero para moverse, van tras él y tiene que seguir huyendo, pero necesita reposar sus fríos huesos un rato y se tumba. Y ahí, lleno de barro y sudor, se abraza a sí mismo hasta caer dormido…
Hasta que un claxon le despierta, desde dentro del coche le gritan que rápido se meta, no se lo piensa, desamparado se aferra sólo a la idea de salir de allí, siempre que no sea para volver, sin saber hacia dónde irá. Es una mujer unos diez años mayor que él, ella le pasa una manta que lleva en el asiento trasero y comienza a conducir.

Carmina: Hueles como si hubieras estado muerto tres días y hubieras resucitado.

David: Y puede que también me haya meado encima para calentarme.

Carmina: Qué encantador.

David: Gracias por recogerme, no tenías por qué.

Carmina: Te has escapado del manicomio, ¿verdad?

David: Digamos que le he robado la cartera a Dios y me he dispuesto a salir a gastar lo que lleva dentro.

Carmina: Eres escritor, ¿verdad?

David: En otra vida merecí serlo.

Carmina: Lo sé porque los escritores soléis tener una sonrisa con ojos tristes muy bella.

David: Y aliento a coños, pollas, vómitos, cervezas, pizza y doritos.

Carmina: ¿Y por qué te metieron?

David: Se me acusa de muchas cosas, de atraer el caos, de estar siempre cabreado, de ser débil, de no aprender, de no luchar contra mi tristeza y dejar que me viole.

Carmina: Si te dejas no es violación.

David: Touché.

Carmina: Pero por esas cosas no te encierran, algo harías.

David: Sí, pero no lo recuerdo, mi cabeza lo ha borrado. Para protegerme, supongo.

Carmina: Y ¿por qué no aceptas la rehabilitación?

David: Porque, si algo aprendí cuando me lesioné la rodilla, es que sin dolor no hay rehabilitación, y me niego a sufrir más.

Carmina: Pero ahora puedes saltar, correr, te llegaste a curar de tu rodilla, con tu mente será igual.

David: Ya, pero me he cansado de luchar, reclamo mi derecho a estar triste y cabreado con todo, y ellos me lo querían quitar.

Carmina: Bueno, estás hecho un desastre y queda camino para llegar a la ciudad, si quieres puedes dormir un rato y calentarte.

David: ¿No tienes una cerveza fría por ahí? Casi prefiero eso.

Carmina: Estás helado y posiblemente medicado, ¿seguro que quieres una cerveza?

David: Tengo los huesos helados y bebo cerveza fría para calentarlos, así soy con todo, así soy también con el amor.

Carmina: Ahora paro en alguna gasolinera y te compro.

David: Gracias, Dios debía de llevar la cartera llena, he tenido suerte.

Carmina se para en una gasolinera y compra un paquete de cervezas frías para David. A David le cuesta aceptar que una persona sea buena con él, que alguien le ayude sin pedir ayuda. Pero lo acepta, sobre todo si esa ayuda viene en forma de alguien dándole una cerveza.

David: Un brindis por el sentido del humor que nos salva del poco sentido del amor que nos intenta destruir.

Carmina: Un brindis por la gente que nunca te da por perdido y te ayuda a pelear un asalto más.

David: Un brindis por los escritores que te destruyen y te salvan la vida en el mismo párrafo.

Carmina: Un brindis por ti, entonces.

David: El único brindis que merece mi escritura es el de celebrar su muerte.

Carmina: Si tanto odias tu escritura, ¿por qué escribes?

David: Yo amo mi escritura, yo escribo porque saca lo único bueno que hay en mí, quien quiero ser, lo que quiero decir, todo está en mi escritura. El problema viene cuando no puedo escribir y me siento insignificante, inútil, no existo, no soy nada si no escribo, no estoy. La escritura es un tiro en mi cabeza, me salva de mí mismo, pero cuando no está para apretar el gatillo, me pierdo, me cabreo, lo pago con los demás y me convierto en el tipo de persona que odio. Mi alter ego me ha jodido la vida, quiero más a mi creación que a mí mismo, y mi creación es una zorra mala que sólo me quiere cuando le intereso.

Carmina: No entiendo por qué, pero toda esa tristeza ha mojado mis bragas.

David: Eso es porque estás conociendo al escritor y no a la persona.

Carmina: No lo sé, pero mira, toca. ¿Ves? Mojadas.

David: Es cierto, mojadas, es un gran halago.

Carmina: Bueno, y ¿a dónde quieres que te lleve?

David: Quiero irme lejos, lo más lejos que pueda, a México, no sé.

Carmina: ¿Qué hay en México?

David: «Quién hay en México» es la pregunta correcta. Pero no voy a responderte, no hasta que beba más cervezas.


ESCENA TRES: EN MI EPITAFIO PONDRÁ: ME HAS CONOCIDO EN UN MOMENTO EXTRAÑO DE MI VIDA.

David y Carmina tienen que parar en un motel de carretera para hacer noche, llevan muchas horas conduciendo y necesitan descansar del coche, de la vida, de ellos mismos.
Sólo les queda una habitación por lo que tienen que compartir una con camas separadas. Carmina le compra un sándwich de máquina a David y coge otro para ella, se lo comen y se acuestan cada uno en su cama; en la oscuridad, uno de los dos rompe el silencio.

Carmina: Entonces, ¿hay alguien esperándote fuera?

David: No hubiera estado dentro si así fuera.

Carmina: ¿Alguien te dejó?

David: No es que te dejen lo que más duele, sino que te superen tan rápido. Te hace sentir insignificante, un parche, una cerveza fría que coges con ganas, vacías y luego tiras, como si todo el amor que has dado y recibido ya no existiera. ¿Hay algo más triste? Un amor que no existe, un amor que se evapora o, peor, un amor que se olvida.

Carmina: Pero no puedes culparla, las mierdas pasan así, no puedes culparla si de repente ama a otra persona.

David: Eso quizá es lo peor, que no puedo culparla. Que cargo con la culpa de no haberme nutrido con lo suficiente como para ser alguien en quien te quedes…

Carmina: ¿Piensas que la culpa es tuya?

David: Dicen que somos dueños de nuestros destinos, siempre pienso que pude hacerlo mejor, y la culpa es como una termita devorando mi sien. Aun así, pienso que ni ellos ni ellas se quedan con los que escribimos, porque si lo hicieran, nosotros no seríamos “los que escribimos.”

Carmina: Yo pienso que cuando no lo hacemos bien es porque no es la persona con la que lo tuvimos que hacer bien.

David: Eso es una gilipollez muy grande.

Carmina: ¿Así tratas a alguien que te ha dado un techo y comida?

David: Te lo dije, siempre puedo hacerlo mejor.

Carmina: ¿Alguna vez te pones en la piel de quien te deja? No sé, creo que son los discriminados de las historias de rupturas, basta con decir que te ha dejado para que se pongan a decir “qué zorra” o “qué cerdo”, nadie piensa que puede que haya gente que lo pase realmente mal cuando deja a alguien que quiere pero no de la misma manera que le quieren, que esas mierdas pasan. ¿Alguna vez piensas que cuando te regodeas de tu pena y tu victimismo delante de esa persona le haces daño? A pesar de que se supone que la amas, le haces daño. ¿En qué te hace eso mejor? ¿Acaso existe un bueno y un malo en esto? Todo esto es demasiado complicado, no puedes seguir dejándote llevar por la ira, por la rabia que sientes contra ti mismo; a veces, aunque nos cueste creerlo, nadie tiene la culpa ni la razón.

Un silencio incómodo inunda la habitación, sólo se oye la respiración de ambos durante un par de minutos.

David: No puedo dormir, necesito correrme.

Carmina: Ja, ja. Pues tendrás que buscar otra solución porque ni voy a ayudarte ni lo vas a hacer aquí.

David: Pues sigamos hablando, quizá así me duerma.

Carmina: ¿Siempre recurres a hacer un comentario salido de tono para protegerte?

David: Es el más divertido mecanismo de defensa que conozco. Y si cuela… Además, te he hecho reír.

Carmina: Eso es verdad.

David: Creo que una de las pocas cualidades de las que puedo presumir es de que, por muy jodido que esté yo, soy capaz de hacer reír a cualquiera.

ESCENA CUATRO: UN MANICOMIO LLAMADO VIDA.

Pasan un par de horas y ninguno de los dos consiguen dormirse, ella con sus preguntas empieza a irritar a David, se le nota agobiado, no es muy propenso a abrirse si no es escribiendo, disfruta del silencio, o lo que es lo mismo, no es la persona más indicada para invitar a una fiesta ahora mismo.
Carmina sigue insistiendo intentando hacer que David le cuente qué hizo para que le metieran en el centro de rehabilitación, pero ella no cuenta nada sobre su vida. David se da cuenta y comienza a preguntarle.

David: ¿Estás casada?

Carmina: Sí.

David: ¿Tienes hijos?

Carmina: Dos hijos.

David: No tienes cuerpo de haber tenido dos hijos.

Carmina: No me hagas la pelota.

David: Sólo digo que se nota que te cuidas.

Carmina: El deporte me saca de la rutina del hogar. Antes me volvía loca.

David: Tiene gracia.

Carmina: ¿El qué?

David: Que te vuelva loca la rutina de la casa y yo me volviera loco por no tener un hogar donde volverme loco.

Carmina: Estamos condenados entonces. Hagamos lo que hagamos todos acabamos en ese manicomio llamado vida.

David: Fuck

Mientras tanto, en el manicomio, el jefe de seguridad y el director del centro discuten sobre cómo se ha podido escapar David del centro, y de cómo encontrarlo.

Director: Me vas a tener que volver a explicar cómo coño una persona por su cuenta se ha podido escapar delante de todas nuestras cámaras y de toda la seguridad, y de que le haya dado tiempo, teniendo en cuenta que estamos en el culo del mundo, de escaparse y que no podamos encontrarlo. ¿Me lo puedes explicar?

Jefe de seguridad: Qué puedo decir… Hubo una distracción y se las ingenió…

Director: Pero… eras tú quien estaba al mando anoche, ¿no? Tú y Martínez.

Jefe de seguridad: Sí, él controlaba las cámaras y yo hacía la ronda, todos suelen estar bastantes tranquilos después de tanto medicamento sobre esas horas, pero bueno… Él parece que evitó tomar los medicamentos y consiguió distraernos…

Director: ¿Cómo? ¡Explícamelo!

Jefe de seguridad: No debería, señor… Es muy embarazoso… Podría echarme…

Director: ¡Voy a echarle de todas maneras, puto bastardo! Además lo veré por las cámaras en unos cinco minutos, ¿Quiere explicarme cómo les distrajo a Martínez y a usted?

Jefe de seguridad: Vale… Lo haré, pero no me juzgue… Vivir aquí aislados y rodeados de tanta locura nos llena de unas carencias… afectivas que son difíciles de rellenar, casi no tenemos días libres y trabajamos muchas horas por los recortes… y bueno… al parecer David sabía de esas necesidades… y se aprovechó…

Director: ¿Qué cojones intenta decirme? ¿Que se os folló y le dejasteis ir? ¿Hicisteis una puta orgía? Pero ¿¿qué cojones??

Jefe de seguridad: No, no, no… Bueno… Primero lo hizo con Martínez y luego conmigo… Primero fue a por él… y luego a por mí… Al parecer su plan era hacernos unas mamadas y escapar…

Director: A ver… que me entere… ¿Os hizo unas mamadas para escapar?

Jefe de seguridad: Bueno, más bien… Dijo que nos las iba a hacer… Primero se lo hizo a él mientras yo hacía la ronda. Le dijo que se lo haría, se puso de rodillas, le bajó los pantalones, y al parecer robó una jeringuilla con un potente somnífero dentro y se lo inyectó en la pierna… Y bueno… conmigo hizo lo mismo.

Director: Estoy alucinando, qué puta escena surrealista es ésta… ¿Qué coño le cuento a la prensa?

De repente el jefe de seguridad del ala de mujeres entra en el despacho angustiado y sudando.

Jefe de seguridad de mujeres: ¡Señor director! Tenemos una emergencia, una interna se ha escapado: Carmina. Fue anoche; cogió mi coche y escapó.

Director: ¿Qué? ¿Otra persona se ha escapado? ¿Cómo coño ha podido ser?

Jefe de seguridad de mujeres: Pues verá… Vivir aquí aislados y rodeados de tanta locura nos llena de unas carencias…

Director: No me jodas que tú también…

ESCENA CINCO: TIENE QUE SER BONITO SER EL POEMA DE ALGUIEN.

David nunca consiguió huir a México, Carmina y él separaron sus caminos y nunca más supieron el uno del otro. David nunca supo que ella también se había escapado del manicomio, pero siempre se le agradecería, loca o no, que le salvara la vida y, para compensarla, qué menos que volver a empezar de nuevo, eso sí, volviendo a su ciudad. Vivía de okupa en las casas de la gente que aún le soportaba, e inspirado por la frustración de nunca escapar ni de allí ni de sí mismo, se pasaba el día escribiendo. No tener a la persona que quería a su lado le convertía en el escritor que quería ser. ¿Sabéis lo deprimente que es eso?
Se sentó un día y escribió una carta para ella, un poema, un grito de auxilio… porque, para David, escribir es un grito de auxilio, está pidiendo ayuda en cada palabra que teclea, él abre los brazos y las palabras le abrazan. Pero él no quiere ser escritor, él quiere ser feliz, y no depender ni de la escritura ni de ella para serlo.
Después de que ese pensamiento volara por su cabeza como un avión de papel, y antes de que aterrizara en la base frontal de su cráneo, se rió, y se dijo: «Venga ya, no me jodas, David» y volvió a escribir sobre ella.

“Siempre dije que los mejores antidepresivos son bailar, escribir, beber con los amigos y comer pringles. De las verdes.
Pero creo que lo que único que me curaría ahora sería fugarme contigo al campo y llevarme las pocas cervezas que me quedan en la nevera.
Sé que hace tiempo tiré mi vida a la basura, pero me estoy reciclando.
Sé que me tire mucho tiempo mintiéndome, diciéndome que estaba bien, que era fuerte, y sin embargo bastaba con que se me derramara la leche para romperme.
Pero también sé que, cuando pienso en ti, los dedos me huelen a tu coño y a tinta.
También sé que he sobrevivido a niños abusones, a adultos cabrones, a unos cuernos, al gobierno del PP, incluso a mí mismo, pero no sobrevivo en este mundo sin tocarte a ti.
Sé que si yo no sé quererme, tú tampoco lo vas a hacer.
Sé que para la gente como yo la paz significa tener que vivir en guerra permanente.
Sé que pensar es un pasatiempo muy peligroso.
Sé que nuestros padres pasaron hambre, pero no tuvieron que pasar por el hambre de amor que pasa nuestra generación insensible.
Sé que lo que no me mata me hace más gato.
Sé que te maté, que ya no eres real, porque no podía soportar que existieras y no fueras mía.
Pero eres mi poema,
yo te creé destrozada
a mi imagen y semejanza.
Tú estás rota, yo estoy roto, por eso nuestras piezas, aunque nos corten, encajan.
Pero no te voy a obligar a que vuelvas, no te voy a obligar a quererme, no se puede, no es justo, sólo te pido que si me dejas morir a tu lado
te pongas el vestido que tanto me gusta, ése que enseña tus piernas, y me dejes olerte por última vez.
Porque cuando conozca a Doña Muerte, quiero echarle mi aliento en la cara y que huela a ti, por si así me deja vivir un poco más en tus entrañas”.

David guardó la carta en el bolsillo interior de su chaqueta y prometió que nadie la leería hasta que encontraran su cadáver.

Y así fue.

Fin.

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Pablo Rompe

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Infielmente vuestro.

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3 Comentarios en "La escritura es lo último que se pierde. Parte 1."

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Pablo Rompe
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1 year 5 months ago

Este es el relato que más me gusta escrito por mí. La escritura es lo último que se pierde. Parte I.
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Justine ✨
Invitado
1 year 5 months ago

RT @PabloBenigni1: Este es el relato que más me gusta escrito por mí. La escritura es lo último que se pierde. Parte I.
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laura
Invitado
1 year 5 months ago

RT @PabloBenigni1: Este es el relato que más me gusta escrito por mí. La escritura es lo último que se pierde. Parte I.
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