El tipo que parecía un durum para llevar. (Parte I)

El tipo que parecía un durum para llevar. (Parte I)

Escrito por Asier T. el 12 marzo, 2016

Asier T.

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Estoy en una sala grande, mal iluminada y llena de gente obsesionada por parecer importante. Sombreros inconexos, gafas sin cristal graduado y cosas de esas que le permiten a uno no tener que leer libros para hablar de literatura. Entre el público se ha abierto un pasillito de hombros y piernas que desemboca en el artista que hace la performance; o lo que es los mismo, la manera en que los obsesionados por la importancia llaman a una actuación rara y que generalmente suele provocar una cosa que yo llamo vergüencita.
El artista berrea cosas imposibles de entender con su pequeño y delgaducho cuerpecito (inclusive guitarra) envuelto en papel de aluminio. El tipo parece un durum para llevar. Se nota demasiado el empeño que pone en que no se le entienda lo que grita. Mientras su voz de globo anudado que deja escapar un poco de aire mendiga una pizca de atención, me doy la media vuelta y me dirijo a la barra a por una cerveza. Algunos me miran, pero la mayoría se esfuerza en parecer interesado por lo que pasa al final del pasillito de hombros y piernas donde el tipo que parece un durum para llevar grita cosas que no se le entienden.
Cuando me miran bajo la vista hacia el suelo; está lleno de purpurina y se parece a un cielo de finales de junio cuando eres adolescente y has acabado las clases y sientes que todo lo bueno está aún por llegar. La camarera se acerca hacia el lado de la barra donde estoy y me adelanto a pedir, porque siento que si se acerca más y me pregunta qué quiero puedo cometer un error grave, de esos que te persiguen semanas y te gritan y los oyes dentro de la cabeza cuando menos te lo esperas.
“Una caña, por favor”, digo, creo que más alto de lo esperado; hay quienes se dan la vuelta para mirarme. Me centro en el metal frío y húmedo de la barra que dibuja círculos psicodélicos de detergente y aceite como esos que salen en los vídeos de Strawberry Alarm Clock. Puedo distinguir a través de ellos los firmes y sensuales círculos que la camarera ha trazado con una bayeta sucia mientras pensaba, por ejemplo, en que tenía que comprar champú. Sus brazos, como palos de canela salvaje, portan un botellín verde que sonríe y me da las gracias con ácidas burbujas porque lo he liberado de una cámara frigorífica pagando tres euros por su rescate. Beso su cuello repetidas veces mientras observo el tumulto. Narices, orejas, nucas, perillas, pendientes, tatuajes, abrigos sobre el brazo, barbillas que asienten, ojos tristes, sonrisas solitarias y caras de sorpresa cuando un presentador de televisión muy famoso sube al escenario a hablar de la causa que nos reúne a todos en esta cueva llena de obviedad.
–No te esperaba hoy –dice una voz de muñequita. Bajo la vista y la veo. Es ella.
–Yo tampoco–contesto–. He tenido un día turbio, pero él merece la pena. No el hombrecillo que parece un durum para llevar ni el que está ahora sobre el escenario –ella se ríe como un bosque en otoño y de pronto me apetecen frutos secos–, ya me entiendes, el homenajeado, el tipo que ha organizado todo esto. Él me ayudó mucho cuando empezaba, en los días duros en los que quería mandar todo a la mierda. (Ella no sabe que aún sigo queriendo mandar todo a la mierda).
–¿Qué tal tu nueva novela? ¿Cuándo sale?
–En ello estamos, creo que pronto verá la luz –respuesta estándar                                                  –¿Qué tal tu disco? –pregunta obligada.
–Estamos pringando demasiada pasta. Hoy me he pasado el día viendo vídeos de asesinos en serie. Purple se ha empeñado en meter putos sonidos de trompeta en el estribillo y yo no puedo, ya sabes el problema que tengo.
–Ah, sí, ya lo recuerdo, que te ríes y que no puedes aguantarte.
–Sí. No lo puedo evitar y entonces todo se va a la mierda y por eso pringamos pasta. Entiendo a algunos asesinos en serie.
–¿No podéis meter el sonido después? Quiero decir, en los arreglos…
–¿Sales afuera a fumar un canuto?
–Vale.
El ascensor está lleno de palabras y de espejos, hay mucha luz y demasiados pisos. No puedo mirar al suelo porque veo sus pies y me vuelvo loco y hoy he tenido un día muy turbio.
La entrada del teatro está ocupada por un grupo de gente contratada para que esté siempre en la puerta fumando tabaco de liar, riéndose de cosas y vestida a la moda; lo que significa parecer un vagabundo al que recién le ha tocado un pellizco en la lotería y no sabe cómo combinar las prendas que se ha comprado en su primer arrebato consumista. Son un reclamo para que cualquier rezagado que pase por la zona y al que le encante parecer importante se dé cuenta de que el sitio está lleno de gente como él.
–Melquíades presenta su nuevo libro la semana que viene –dice ella mientras rasca la piedra de hachís; parece una ardilla con su bellota.
–Ya lo sé.
–He oído que vas a intervenir, que vas a hacer una de las tuyas –sus deditos hacen crujir el arrugado papel de liar. Me fascina el concepto que la gente tiene de mí.
–Haré algo, sí. Ya sabes, en mi línea. –Trato de seguirla el rollo, de parecer interesante porque lo tengo todo controlado, pero su legua brillante deslizándose con finura sobre el pegamento me vence de tal forma que se me olvidan unas cuantas cosas.

El sonido de un whastsapp sale de mi bolsillo y reta al poder de sus ojos que dicen: “míralo, y si tienes fuerza, contesta”. Alegoría dice: “Andáis x ahí??” Xoxanna dice: “Te he visto en la barra, líbrate de esa indie y ven a la otra esquina, estoy con estas. Tenemos setas. Todo se ve + bonito”. Marcus me ha mandado una imagen de alguien que ha intentado hacer algo y se ha dado un golpe muy fuerte en las pelotas. No contesto a nada.
–¿Tienes a Mona en Instagram? –Me pregunta. Mona es la batería del grupo en el que ella canta y diría que “es una tía de lo más” si yo dijese gilipolleces como esa.
–No la tengo, ¿por qué?

En realidad no tengo Instagram pero siempre he odiado a la gente que dice no tener cosas que la mayoría tiene sólo por parecer interesante.

–El otro día subió una foto en la que se la veía comiéndole los morros a Cristi en un reservado del Lower –me pasa el porro mientras echa el humo de lado y hacia arriba, como si quisiera imitar a una locomotora de vapor o a alguien que tiene ligero interés por los muebles de diseño.
–Ajá. El otro día oí que Mario Vaquerizo consiguió cuarenta “kas”.

No sé por qué digo eso. En realidad no entiendo la mayoría de lo que le interesa a la gente y eso a veces me obliga a comportarme de manera extraña con los demás. Aún así todo, ella parece recibir mi respuesta como algo lógico dentro de su micro mundo.

–Después voy a ir con los del grupo a una fiesta en una casa de la parte vieja, vente si quieres, vente con nosotros, dicen que va haber óxido nitroso para chutarse. Creo que va a estar el director de la revista “ancas de barrio” y el editor de “puñetazo en el estómago”, gente del artisteo y todo eso. El otro día el tipo ese de la radio que sale por las mañanas me habló de ti, fuimos porque nos entrevistaron por el lanzamiento de nuestro nuevo disco…
–¿Y tu problema con las trompetas? –interrumpo, no soporto a los que utilizan la expresión “gente del artisteo”.

Ella continúa hablando de la gente que conoce y de la que cree que conozco yo  reproduciendo la misma puta estampa que todos los demás cuando creen que forman parte de un círculo de gente importante. Por un momento me dice que ha sido una sorpresa verme en el evento porque me hacía en Tailandia, y yo continuo fumando hasta que vuelvo a tener ganas de tomarme otra cerveza y las sílabas poco a poco se vuelven más pequeñas. Subimos en el ascensor —que sigue lleno de palabras y con mucha luz— con un tipo que cree que llevar tirantes es gracioso. Ella se mira en el espejo y se retoca el pelo y todo el espacio se llena con infinitas imágenes de ella coqueteando con su propio reflejo. Me apetecen mucho unas castañas, pero no es temporada.

Cuando entramos de nuevo en la sala hay un tipo encorvado sobre el escenario que cree que coger el micrófono con el mango para arriba es moderno y necesario si sales a rapear obviedades sacadas de telediarios. A ella parece encantarle el tipo por lo moderno y rompedor que es y todo eso, así que no me resulta difícil deshacerme de ella. Voy a la esquina donde Xoxanna y una amiga están posando para un selfie que en pocos minutos acumulará una docena de me gustas. Ella y sus amigas se comportan como si tuvieran que soportar un viento del noroeste de ciento sesenta kilómetros por hora; sus movimientos tiemblan y parece que tienen dificultad para concentrarse. Me acerco y ellas me obligan a sacarme como doscientas fotos iguales. Pido una cerveza para mí y cócteles de colores y nombres absurdos para ellas.

–Lleva esas gafas para hacer creer a los tíos que hace unas mamadas de ensueño, pero yo creo que en realidad le va más otra cosa –dice Xoxanna, y haciendo el signo de la victoria deja que su lengua aletee entre sus dedos como un colibrí. Se refiere a la chica con la que he estado abajo fumando y que parecía una ardilla con su bellota.
–¿Cuándo sale tu nueva novela? –me pregunta una de las amigas. Siento el viento del noroeste. Doy un trago.
–Estamos en ello, pronto verá la luz

En realidad no hay nadie más en ello, me siento estúpido. Doy dos tragos.

–Prueba la medusa con aguacate, te reconciliará con la humanidad –dice otra de ellas.

Doy tres tragos, no sé qué contestar.

–Tiara va a sacar pronto su nuevo poemario –continúa Xoxanna–, está esperando a que su novia Francesca acabe un curso de interpretación minimalista para que pueda actuar en la presentación, ha firmado con “puñetazo en el estómago” por tres años, es la oportunidad de su vida, la que llevaba años esperando. Se rumorea que tú también vas a firmar con alguien importante, ¿qué tal por Tailandia? ¿Llegaste el martes, no? –Digo a todo que sí y bebo, jamás he estado en Tailandia –Me encantaría ir… ¡Por cierto! –No me gusta nada ese “por cierto”, sé lo que significa en realidad– Una chica de mi clase ha escrito su primera novela y el otro día le hablé de ti y ella dijo que sabía quién eras y que le gustaban tus relatos –el terror me hace creer que tengo un esguince de perineo. Bebo–, el caso es que la pobre está muy perdida, no sólo en  las cosas del mundillo, sino en la vida en general, y le dije que te agregara por Facebook porque me parecía muy fuerte darle tu número. Tú eres de los que contesta a la gente por los mensajes privados y eso…

Dos tragos más y ya me he fulminado la botella, pero las sílabas no se vuelven más pequeñas y Xoxanna no se calla y me persigue mientras pido otra cerveza, dejando claro que no quiere otro cóctel porque entonces se pondría muy pesada. Por fin llega el momento en que se calla y parece esperar a que yo diga algo.

–No creo que yo le pueda ayudar en nada de todo lo que me has dicho, Xoxanna –contesto.
Ella pone cara de saber que se esperaba esa respuesta y me mete lo que parece un arbusto en miniatura en la boca que está sequísimo y sabe a tierra de fresa.
–Son setas mexicanas, las ha traído Carol. Su primo ha estado en Michuacán. Mastica por lo menos cien veces antes de tragar.
–Ya me las he tragado. Mierda Xoxanna, la última vez te dije que no lo volvieses a hacer, parece que te encanta drogar a la gente sin avisar, que no puedes dejar de hacerlo por alguna puta razón.
–Entonces deberías estar toda la noche con nosotras, cariño, no te conviene estar sólo, ni tampoco con esa indie come nabos con gafas falsas. Vamos a ir a una fiesta en la parte vieja de la ciudad en la que va a estar toda esta gente del artisteo, ya sabes, todos estos y aquellos, el que organiza esto también, hasta gente de la puta televisión nacional, joder, tienes que venirte.
–Vale –contesto.

Mi estómago es una aceituna con hueso a la que se le van desprendiendo pequeños filetitos de carne. Tan sólo espero que haya cerveza y que en algún momento las sílabas se vuelvan cada vez más pequeñas y que no tenga que oír más veces expresiones como “gente del artisteo” y todo eso.

El tipo que parece un durum para llevar vuelve a mezclarse entre el público y se forma de nuevo un pasillito de hombros y piernas.

AsierT. (Twitter: @asier_triguero)

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3 Comentarios en "El tipo que parecía un durum para llevar. (Parte I)"

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Asier Triguero
Invitado
1 year 9 months ago

“…Están hablando de Bukowski y no da la sensación de que quieran demostrar nada con ello…” Pronto el desenlace del relato en

Pablo Rompe
Invitado
1 year 8 months ago

El tipo que parecía un durum para llevar. (Parte I) @asier_triguero en @_harwin
https://t.co/93CUg8ZLUC

Asier Triguero
Invitado
1 year 8 months ago

RT @PabloBenigni1: El tipo que parecía un durum para llevar. (Parte I) @asier_triguero en @_harwin
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