Interior bruto

Interior bruto

Escrito por Paula S. el 30 noviembre, 2015

Paula S.

13 publicaciones

Lo peor de levantarme de madrugada a tomar un vaso de leche es el maldito frío. Salir de la cama, caliente de tanta fricción -vuelta y vuelta-, a pisar el suelo y bajar a la cocina. Vivo en un dúplex, así que el camino a la primera planta es áspero y frío. Además, Quentin, mi gato, me lo pone difícil. No le dejo entrar a la habitación, así que el animalillo espera a que salga. Es incondicional. No importa la hora, ahí está, pidiendo mimos sea la hora que sea, sólo a mí, sé que soy suya del todo y que nadie más podrá acariciarle tanto como yo. Casi me tira por las escaleras, quiere más mimos y se frota con mis pies. Me encanta mi piso. De alquiler. Sin ataduras. 03:22 de la mañana. Las viejas costumbres de escribir cuando nada ni nadie puede molestarme. Sólo que ya casi nunca escribo de verdad. Estoy en época de lectura. 03.27. Quentin está en la cocina conmigo (vaso de leche con cereales. Comprar galletas. De canela no, tonta, de canela no, que eran las suyas). No puedo dormir, tenía los ojos como platos. Sigo con los pies fríos. Eso no ayuda a pensar. Quizá esta sea la mejor hora para plantearme dudas y dejar que las preguntas universales me cosan a leches. Es hobbie: tomar decisiones trasnochadas y basar mi vida en ellas. Quentin se deshace en mimos, el muy bastardo, yo sé lo que quiere, lo que ha querido siempre, siempre que me observa, quieto, todos mis movimientos, lo hace por si de repente exploto en tarros de leche. Tiene mérito estar al pie del cañón a estas horas. Hoy se lo ha ganado. Se acabaron los cereales. Una lástima. Tengo a mi madre preocupada porque dice que no paro de adelgazar. Serán los nervios. Se ha ido a Oporto, tengo que llamarla mañana. Que no se me olvide. Lo peor es la incertidumbre, el no saber. Quizá sea miedo a lo desconocido. A mí eso no me pasa, a mí no me parece bien descalificar a la primera de turno las cosas que no conozco. A mí lo desconocido me entusiasma, por eso me bebo todo lo que me sirvan, me como todo lo que me cocinen y me follo a todo el que se deje. No, esa frase no acaba así, eso es mentira, claro, pero era una licencia poética. Últimamente el amor se me escapa entre verso y verso y, para serte sincera, la poesía que nos juramos hace años es a veces lo único que da sentido a este descabellado celibato. La licencia poética de esperarte; la justicia poética de encontrarte. Ojo, que no es rima, que para rimar hay que ser Sabina o José Hierro -vinieron ambos en edición limitada. Con la tontería me estoy ahorrando dinero en condones y preocupaciones (que alguien pare la consonántica. Gracias). Yo sé que todo esto se va a arreglar (licencia de enclíticos porque me suena mal), yo sé que todo va a salir bien. Aquí o allí. Aquí mejor. No me fui al extranjero cuando pude por pura sensatez. Me hago mayor, pero este maldito pragmatismo de los 27 me ha dejado encadenada a esta mierda de país. Será que no confío en la clase política de aquí. No conozco a nadie que me haya ayudado en nada, ni que haya podido enchufarme, ni colocarme ni beneficiarme de manera alguna. Soy esa clase de persona sin contactos que tiene que pelear cada oportunidad en la vida. Qué asco, coño. ¿Cómo será eso de que venga alguien y te diga ‘te he conseguido trabajo’?, bueno, ni eso, sólo la frase ‘te he conseguido’, a mí nadie me ha conseguido una mierda, aquí sólo hay horas de curro y de esfuerzo por cada una de las locuras que he hecho en mi vida. Que no han sido pocas. Ni todas bonitas. Ni todas han servido para un propósito. De algunas sé que nunca aprendí. Que están vacías de significado y razón. Nada, frustración, sólo eso: se acaba la tertia vigilia y sigo aquí. Se apagó todo. Quentin duerme a mis pies, de la leche no queda más rastro que chocolate en el fondo de una taza de Roma y algún cereal rebelde por la encimera. Me encanta mi cocina. Hora de recogerse. Creo que me voy a la cama, a masturbarme, mentalmente imagino, durante un rato más. Quizá me tumbe a amanecer leyendo. O hasta que ponga Cela en mi DNI. O a mirar al techo y a arreglar mi vida, que está rota y tiene grietas. Así, divagando, como Luis Martín Santos, porque ahora es Tiempo de silencio y va siendo hora, por salud mental, de acabar este monólogo interior bruto.

Paula S.

13 publicaciones

De mayor quiero ser Tom Waits.

Comparte esta publicación en

Comentarios

Be the First to Comment!

Recibir notificaciones de
avatar

wpDiscuz