Yo resurjo de mi propia decadencia

Yo resurjo de mi propia decadencia

Escrito por Pablo Rompe el 30 septiembre, 2015

Pablo Rompe

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Mi padre mastica con la boca abierta unos frutos secos, mi hermano eructa sonidos de ultratumba y mi madre comenta y pregunta sobre todo lo que sale en la tele mientras yo pienso en escribir sobre un chico que se suicida deshidratado de tanto llorar cortando cebollas, no presumo de tener el mejor ambiente para escribir, yo siempre he querido vivir solo, quiero mucho a mi familia, son los mejores, pero yo necesito estar solo, necesito no dar explicaciones cada vez que me levanto o entro en una habitación, necesito poder hacer lo que quiera cuando quiera, necesito cagar con la puerta del baño abierta, no necesito gente a mi alrededor que me mande hacer cosas, si las hago quiero hacerlas porque yo quiero, y sobre todo, necesito soledad para escribir, mi día a día consiste en esperar a que todos duerman para así poder tener soledad y silencio en mi casa, y poder escribir unas líneas que hagan que al bajar el telón el día y el dolor o la alegría no hayan sido en vano, porque tengo la imperiosa necesidad de dejar un testamento de todo lo que siento, como que si no lo escribo, no ha pasado, es una bendita condena.
Hubo una época en la que vivía solo, no ganaba dinero para vivir solo, solo tenía que recortarme en algunas cosas, podría haberme quitado las cervezas los fines de semana, pero preferí excluir de mi menú del día, el desayuno y la merienda, comía y cenaba y no mucha cantidad, y casi siempre pasta, confieso que durante algunos días pasé hambre porque no tenía que comer, pero prefería eso a la comodidad de casa, no conozco a muchos escritores de hoy que hayan pasado por eso, hambre, no poder cenar porque no tienes absolutamente nada, y no saber qué vas a comer mañana, la mayoría de escritores que veo en las redes sociales los veo muy bien vestidos, viajando, sanos, y aun así escriben bien, los odio por ello, yo ni pasando hambre escribo bien, ni llevando la misma ropa desde hace años, ni quedándome calvo escribo bien, es una tragedia, pero aun así prefería vivir solo y tener todo el espacio y tiempo para mí, que esto, podía escribir con más libertad, joder, yo necesito esa libertad, es una puta droga, la más grande jodida adictiva droga del mundo es la libertad, ¿Qué amor? ¡La libertad! Que a veces puede estar en el amor si, y también puede estar en leer un buen libro a las cinco de la tarde en tu sofá favorito sin que nadie te moleste, en beber cervezas a las doces de la mañana o en no tener que pedir perdón porque la comida se te queme un poco, yo aquí no tengo libertad, yo aquí escribo a cuenta gotas, y los días pasan livianos, olvidados, o peor, pasan indiferentes.
Yo mientras aquí sigo, odiando a los escritores que lo tienen todo, viendo la tele con mi familia, odiando a las mujeres guapas que salen en la tele porque no puedo tirármelas, odiando en lo que he convertido mi vida, muy lejos de donde quiero estar, muy lejos de lo que quiero ser, y sé que debería disfrutar de estos momentos familiares, y que soy un capullo por no valorarlos, pero seamos sinceros, llega un momento en tu vida en el que es a tu familia a quien tienes que ver a cuenta gotas, por tu bien y por el de vuestra relación, mi familia y yo siempre nos hemos llevado mejor cuando nos hemos echado de menos, y eso pasa en las mejores familias, y nadie me cuida a mi como ellos, pero yo necesito cuidarme solo, necesito estar en peligro, la angustia, la incertidumbre, la decadencia para poder escribir, el trabajar en algo que odias, mucha gente dice que para escribir tienes que vivir mucho, follar mucho, viajar mucho, beber mucho, pero súbete a un andamio conmigo y conoce la miseria de trabajar con las manos, las palabras saldrán atravesando tú piel.
Y entonces lo he visto, he visto que justo estaba entre las piernas de la decadencia, me agarraba fuerte con sus piernas y me atraía hacía ella, porque no hay nada más decadente que fracasar y tener que volver a casa de tus padres, eso es así, no lo he inventado yo, y he esperado a que todos se fueran a dormir para contarme a mí mismo, que estoy en el lugar idóneo para resurgir, porque yo resurjo de mi propia decadencia, y les doy gracias a mis padres por que me den la oportunidad de no tener que resurgir de debajo de un puente.

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Infielmente vuestro.

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