La leyenda de la canción ‘El calcetín diminuto’

La leyenda de la canción ‘El calcetín diminuto’

Escrito por Pablo Rompe el 29 junio, 2015

Pablo Rompe

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Primera prueba.

Periodista uno: Buenas noches, queridos televidentes. Hoy tenemos un programa especial. Para gusto de todos los amantes de la música y las buenas letras, la más esperada de las entrevistas, para los que tengan amnesia o hayan vivido en otro planeta, hace 3 años nuestro invitado sacó un hit llamado El calcetín diminuto que batió todos los récords de ventas y en YouTube, fue un tornado de aire fresco que hizo bailar al más estirado de…

David Roto aparece de entre bastidores y comienza a vociferar.

David Roto: ¡Basta! ¡Por favor! ¡Basta! No quiero que me entreviste este mameluco, sólo me hace la pelota y me da repelús su forma de hablar, no quiero, me voy, me buscaré otro canal.

Director del programa: Pero no puede hacernos esto, usted ha firmado un contrato de exclusividad con nosotros, no puede dejarnos tirados. ¡Oiga!

David Roto: Llama a mi abogado, éste es su número: (le saca el dedo corazón) Fuck my ass!!!

Y David Roto se fue en busca de otro canal y otro periodista con el que le agradara hablar.

Segunda prueba.

Periodista dos: Buenas tardes a todos. Hoy tenemos un invitado especial, tras tres años de silencio, desaparecido y sin que nadie supiera de él, nuestro invitado, el señor David Roto, vuelve de entre los muertos para dar respuestas a su desaparición tras el éxito nacional e internacional de su canción El calcetín diminuto. Díganos, señor David, ¿a qué se debió esa desaparición tras su éxito?

David Roto: ¿Usted sabe cantar?

Periodista dos: ¿Perdone?

David Roto: Que si sabe cantar, si por su puta garganta son capaces de pasar tonalidades de voz lanzadas por su alma hasta alcanzar su boca y lanzarlas al aire para que quien le oiga goce escuchándole, a eso me refiero.

Periodista dos: Bueno, puedo cantar si usted lo prefiere, pero creo que los televidentes quieren saber más de usted que de mí… jajaja.

David Roto: A ver, cante conmigo: «Ella sonreía a través de su inocencia, en los textos en los que mi alma posaba, ataste a mi piel tu fragancia y puedo verte en mis heridas, a nadie le cabía tu calcetín diminuto, porque nadie más lo merecía».

Periodista dos: A ver, yo, con todos mis respetos, no he venido aquí a cantar…

David Roto: ¡Que cante he dicho!

Periodista dos: «Ella sonreía a través de su inocencia, en los textos en los que mi alma posaba, ataste a mi piel tu fragancia y puedo verte en mis heridas, a nadie le cabía tu calcetín diminuto, porque nadie más lo merecía».

David Roto: Siga la canción.

Periodista dos: «Es tan injusto que pagues por mi dolor, por los versos en los que no te consigo…».

David Roto: Siga…

Periodista dos: Verá… No me sé más, señor.

David Roto: ¡Que me traigan a otro periodista o no suelto una palabra más!

Tras varias discusiones entre el segundo periodista y el director del programa, consiguen que se vaya y traen a otro, se aseguran de que conoce su canción y de que sabe cantarla y comienzan de nuevo.

Tercera prueba.

Periodista tres: «Follemos hasta que el mundo no nos sepa a mierda, quédate con el infierno que te haga ver el cielo, y nunca olvides que dejaste el calcetín diminuto en mi casa, lo dejo debajo de mi almohada, para cuando vuelvas». Así termina una de las canciones con más éxito de nuestra historia reciente, melodías ascendentes y cambios de ritmo vertiginosos acompañan las letras ordeñadas de las tetas del talento del hombre que tenemos aquí hoy. David Roto, encantado de tenerle aquí.

David Roto: Espero poder decir lo mismo cuando termine la entrevista.

Periodista tres: Seguro que sí. Empecemos. Usted creó una de las mejores canciones que se han oído, y después desapareció, desde entonces creó una larga lista de fans, y una larga lista de hipótesis de por qué se fue, desde que no soportó que volviera a ganar el PP y fue un modo de protesta, a que no podía soportar el éxito, o a que simplemente le volvió loco tanta atención cuando usted se decía que tenía problemas para relacionarse con los demás. Yo no podría apostar por ninguna, pero si me centro en su canción diría, si me permite el atrevimiento, que tuvo que ver con la chica a la que le escribió la canción.

David Roto: Vale, usted se queda, le daré la primicia a usted (David Roto se queda mirando al suelo un rato, como si mirara a la nada, durante 23 segundos y comienza a hablar). Es cierto que la bala en mi cara que la fama me disparó me dejó un hueco que no sabía rellenar, me miraba al espejo y me veía feo; es cierto que no podía imaginarme reuniendo masas para escucharme, ni que gente dependiera de mi creación para sentir y ser feliz, tratar con gente del espectáculo, con periodistas, me sabía la boca a vómito cuando pensaba en todo eso; es cierto que me resultó sorprendente cómo la población de la que formo parte siguió votando a un partido con más imputados que políticos, pero ninguna de ésas fueron las razones por las que escapé.

Periodista tres: Y, antes de que siga, ¿se puede saber dónde estuvo?

David Roto: Donde toda persona se siente más protegido, llorando en los brazos de mamá.

Periodista tres: Gracias, continúe.

David Roto: No me da vergüenza decir que me escondí bajo su protección, me preparé para que cuando saliera fuera aún más fuerte y lo aguantara todo, hice pesas con mi imaginación hasta dejar atrás las agujetas, y creé una máquina de escribir en mi interior con los músculos que las fantasías que se originaban en mi cabeza producían, creé y creé, hasta dejar la copa seca, y aquí estoy de nuevo, dispuesto a convertir mi resaca en una obra maestra de la borrachera literaria.

Periodista tres: Si me permite el atrevimiento, suena usted algo pedante.

David Roto: Cada vez me cae usted mejor, esperaba que se diera cuenta, puede continuar con la entrevista.

Periodista tres: Entonces… Continúe, ¿por qué se fue? ¿Tenía yo razón? ¿Fue por ella?

Se queda otros veintitrés segundos mirando a la nada.

David Roto: La razón por la que me fui es más sencilla que todo lo que la gente ha disparado por sus cotillas bocas, la razón por la que decidí desaparecer no incluye la cobardía por no aguantar una fama prematura y explosiva, ni tintes políticos, ni los trastornos mentales que tenga contra la sociedad, la razón por la que me fui… es porque se fue. Ella se fue y nunca pude cantarle la canción a la cara… Yo inventé la canción para ella, sólo para ella, no quería que nadie más la oyera, un día salí a correr por la playa y, al volver, buscando ropa nueva en mi mochila encontré su calcetín diminuto, ése que encaja tan bien en su pie diminuto, el otro se le perdió y yo no sabía ni qué hacía allí, pero ahí estaba. Entonces le escribí la canción, intenté cantársela, pero ya no quiso verme. Entonces la subí a internet y vino todo lo demás, la subí para que así la oyera de una forma u otra, pero nunca me pareció suficiente, yo quería cantársela a ella y si me permite, esté donde esté, se la voy a cantar…

Periodista tres: Por favor, adelante.

Otros veintitrés segundos mirando a la nada, mira a la cámara y comienza a cantar.

David Roto:

«Ella sonreía a través de su inocencia en los textos en los que mi alma posaba,

ataste a mi piel tu fragancia y puedo verte en mis heridas,

a nadie le cabía tu calcetín diminuto,

porque nadie más lo merecía.

Es tan injusto que pagues por mi dolor por los versos en los que no te consigo

pero no puedo ir con los demás,

nadar a contracorriente me ahogará

pero no puedo ir con los demás, no;

si tú no me acompañas mis raíces crecen en tu fe…

Tú eres la fe que mueve mi montaña.

Al principio eras una almohada de carne que no se dejaba amar,

cargada de misterio y de sonrisas frías que invadían mis venas,

bruscamente estirabas tus medias

tentando al diablo,

ecos que agrandan los laberintos, opio que excita los corazones,

pasé mucho tiempo resistiéndome

y yo sabía que no podría aguantar,

sabía que moriría entre tus muslos ardientes,

sabía que moriría al borde de tu eternidad.

Yo no soportaba mi carga

pero tú me diste valor,

me hiciste luchar con mucho vigor,

mi corazón vibraba como un tambor,

buscaba en tu fondo joyas escondidas entre tus rincones

y tinieblas donde mis flores cohibidas empezaron a abrir sus pétalos

y el profundo silencio murió golpeado por nuestros gemidos.

Muchos vasos de tristeza han tocado ya mis labios,

muchos brindis en copas llenas de ausencia,

me besas y no concluyes,

alargas mi soledad,

dejas los gusanos alimentarse de mi cadáver,

me seduce tu mordedura,

incluso esa frialdad que aumenta tu hermosura,

cómo gozo viendo tu cuerpo moverse ondulante y suave

como un astro de luz vacilante,

como danza una serpiente,

flor es tu piel, cabellos que huelen a perfume,

la calma en el amanecer

el caos de la noche,

tu cuerpo se estira y se extiende,

beso tus labios fundentes que suben el licor que me embriaga a la raíz de mis dientes.

Esconde tus uñas sobre mi piel

y clava en mí tu mirar misterioso,

vibro al tocar tu cuerpo,

al acariciar tu eléctrica espalda, cuando palpo mi mano por debajo de tu falda

un sutil aire de perfume

evoca en mi manantiales de inspiración,

quiero cerrar tus oídos al sufrimiento,

miedo a los recuerdos de tu cabellera oscura que agito

y agito para desatascar tu penumbra,

me envuelvo entre tus trenzas,

yo quiero beber de tus llamas,

quiero escuchar tu sonido,

hundirme contigo en tu colchón,

cabellos negros con algún rebelde mechón

que hace que aspire tu confundido olor,

eres el vaso y el vino que bebo.

Ya ves, muestro por ti mi locura manifiesta,

échalo en tu cesta y llévaselo a la eternidad,

tengo tu recuerdo aquí suave y ardiente,

tu recuerdo pasea triunfal por mi memoria,

saluda orgullosa a mis sentidos

y brilla como un sol inmortal.

Apareciste accidentalmente convirtiendo en hermosos mis desastres.

A nadie le queda bien tu diminuto calcetín

porque nació para ti,

como esta canción que se creó para que no tuviéramos fin.

Por lo que follemos hasta que el mundo no nos sepa a mierda,

quédate con el infierno que te haga ver el cielo

y nunca olvides que dejaste el calcetín diminuto en mi casa,

lo dejo debajo de mi almohada,

para cuando vuelvas».

Periodista tres: Ya ven, amigos, como dicen: si un poeta se enamora de ti, vivirás para siempre. Espero que lo haya escuchado, esté donde esté.

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Pablo Rompe

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Infielmente vuestro.

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