¿Existe el hombre fiel?

¿Existe el hombre fiel?

Escrito por Beapalo el 4 marzo, 2015

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Hace un par de días leí que la infidelidad es como la gripe. Al principio me hizo gracia, a mí, que cada hombre que conozco es el de mi vida. Después me empecé a preocupar y me puse a sumar. Nunca antes me había parado a contar la cantidad de hombres con pareja que han intentado seducirme. Sumo.

Los resultados no son buenos. Ellos, los hombres con pareja, no sólo han intentado seducirme una vez, de haber sido así su terrible acción habría pasado a llamarse “el desliz de su vida” o “es que estaba borracho”, en lugar de “me fijo en ti porque no quiero a mi novia” que, bajo mi punto de vista, sería lo acertado. Sigo sumando.

Leo a un tal Shionagi, es columnista y escritor japonés experto en infidelidad. Dice algo así como que ellos, los hombres que engañan a las mujeres, lo hacen por diferentes motivos. Me llama la atención uno de sus ejemplos, dice que hay hombres que no encuentran emoción en el trabajo, que llegan cansados a casa y encima tienen que recibir reproches de sus mujeres, quienes perdieron las formas y la gracia hace tiempo. Así, dice, es lógico que cualquier hombre, por más honesto que sea, quiera buscar a alguien que le dé cariño y que le ayude a mantener su dignidad de hombre. O sea, la culpa la tenemos las mujeres por no satisfacerles física y mentalmente siempre. Me cabreo y sigo sumando.

Nunca antes le había dado importancia a este factor determinante de las relaciones; pero hace unos días conocí a un tímido, joven, apuesto y educado caballero, de los que te abren la puerta y van a hacer la compra al Mercadona. Pensé que alguien así si se lanzaba a provocar un cruce de palabras conmigo era porque estaba soltero. ¿Por qué dudar? En esa cara de niño bueno no cabía maldad alguna.

No sé si fueron las copas de vino o las de vodka, pero cuanto más hablaba con él más me gustaba. Entre risas, llamadas y mensajes por whatsapp, me invitó a cenar el sábado, y al cine antes de ayer. Vimos 50 sombras de Grey, ya sabéis, la típica película de chica conoce a chico. Y yo, encantada, paro de sumar.

Hoy he recibido una llamada de un número desconocido. Era su novia. Sí, su novia de hace no sé cuántos años. Me ha animado a seguir sumando y también a acabar la cuenta que dejé a medias. El resultado es muy sencillo: seguiré soltera hasta que deje de verlos a todos como a esos animales que viven en cuadras, que comen maíz y que se bañan en estiércol.

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Ni escribo todo lo que me pasa, ni me pasa todo lo que escribo.

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