Ay Salinas, te quiero – Concurso marzo

Ay Salinas, te quiero – Concurso marzo

Escrito por VictoriaB el 31 marzo, 2015

VictoriaB

40 publicaciones

“Y de pronto la tarde 

se acordó de sí misma

y me quitó su amparo!” 

– Pedro Salinas (La falsa compañera)

Todavía recuerdo a Diego diciéndome «tienes que dejar de leer a Salinas», y es que me estaba aletargando y volviendo una cursiirremediablemente enamorada de los poemas de amor. Pero luego encontré la otra cara de Salinas, la del poeta vanguardista, la del poeta que a veces hasta pensaba como yo.

Fue en la feria del libro, estaba yo una vez más buscando La voz a ti debida desesperadamente, no lo había en la de Salamanca y esperaba tener más suerte en la de Cáceres. Buscando tontamente me topé con la Antología poética y, aunque no soy muy de antologías, Cortázar me sedujo. En la primera página ponía “Selección y nota preliminar de Julio Cortázar” y en la nota él decía lo mismo que estaba pensando yo, que la palabra antología lo incomodaba. Y me convenció. Primero vinieron las risas internas pensando en Diego, en lo gracioso que sería ver su cara al descubrir que nada menos que Cortázar, su querido Cortázar, había seleccionado la antología de Salinas y después miré a mi Laura con carita de pena, y empezamos a debatirnos entre seguir buscando La voz a ti debida o comprar dicha antología. Para colmo todo se complicó con la aparición de El mito de Sísifo de Camus que me disuadió del libro de Salinas, pero finalmente el poeta del amor por antonomasia salió victorioso y, como suele pasar, un par de puestos más adelante estaba el tan anhelado La voz a ti debida, aunque, para entonces ya no me importaba.

Fue hace relativamente poco, que buceando entre sus páginas tenía yo las palabras de mi profesora de lengua en la cabeza, que decían algo así como «los libros de poemas son mágicos y puede ser que hojeándolos te encuentres el poema de tu vida» y si aquél no era el poema de mi vida, al menos sí era el de aquella tarde. Y al margen sencillamente escribí esto:

No tenía tuvo nada

de malo que

yo estuviera

todo lo desnuda 

del mundo

revoloteando por

mi cuarto con

este poema

entre las ma-

nos y de golpe

sintiera dolor

al leer estos

versos.

Las torpes letras que no hacían sino describir la realidad de aquel momento, concluían con un:

Ay, Salinas, te quiero.

Aquel poema que ahora sostengo en una mano, aquel inmortalizado en mi querida Antología poética, aquel que también llamó la atención de Cortázar, me hizo llorar tan fuerte que sus dos últimos versos me perseguirán hasta que me encuentre con su creador (si es que aún existe el cielo de los poetas) y decían:

El aire parecía

un inmenso abandono.

Y en el margen garabateé yo:

Mi vida en 

dos versos finales

que acaban con el poema de esta tarde.

Siempre necesitaré tiempo para leer a Salinas desnuda, revoloteando por mi cuarto, riendo como una niña pequeña cuando él esté enamorado y llorando amargamente cuando la soledad lo embargue casi tanto como a mí.

La historia de Amada exacta y de 35 bujías ya os la contaré otro día. De momento, ¿por qué no le dedicáis una tarde a La falsa compañera?

Publicaciones relacionadas

VictoriaB

40 publicaciones

Your line is a circle.

Comparte esta publicación en

Comentarios

Be the First to Comment!

Recibir notificaciones de
avatar

wpDiscuz