Relato 9

Relato 9

Escrito por hitoito el 12 febrero, 2015

hitoito

21 publicaciones

Son algo menos de las nueve. Como cada noche, me dirijo hacia mi casa después de haber estado todo el día trabajando con olores. Sí, lo he dicho bien: con olores.

Soy creadora de fragancias. No cobro apenas para pagar el alquiler de mi piso, porque no soy creadora lo que se dice “creadora”. Más bien trabajo en el laboratorio de una compañía venida a menos. Pero ésa no es la cuestión.

Soy una mujer de treintaypocos, aunque no los aparento. Los babosos de los bares de moda a los que suelo ir noche sí, noche también me suelen echar unos veintipocos, quizá menos y todo de los que aparento para mí misma cada vez que me miro en el rayado espejo del baño.

Bien, ya lo sabéis. No tengo un hombre que me haga feliz y tengo una mierda de trabajo. No os acerquéis a mí, creo que estoy gafada o algo por el estilo.

El caso es que, hace tiempo tuve un hombre que me quería, pero un día me dijo que se iba con su mejor amigo. «De vacaciones, ¿no?», yo le pregunté con ironía. A lo que él me contestó: «No, Vicky. Nos queremos. Nos vamos a vivir juntos como una pareja». ¡Será desgraciado!

Así estoy yo, ahogando todas las primaveras que me quedan en gin-tonics.

¡Ja, ja,ja!

Me río sola. Bueno, al fin y al cabo estoy sola.

Miradas furtivas que se estrellan en mis pupilas. «La noche es joven», pienso. Todavía soy joven, ¿no? ¡Qué diablos, claro que lo soy! Algún tipo se fijará en mí como una mujer y no como en un agujero donde meterla.

Se acerca a mí. Él es moreno, ni muy alto ni muy bajo. ¿Guapo? Pues no, no es guapo, pero es atractivo y desprende un… olor insoportable.

«Puaj, ¡qué asco! ¿Pero qué mierda te has puesto encima?», digo en voz alta sin pensar. Se me queda mirando, me dice «¡Loca!» y  se va. Yo comienzo a darme cuenta de que el olor no viene sólo de él, viene de todas partes.

Comienzo a sentir náuseas. Me levanto de mi asiento y voy corriendo con urgencia hacia el baño de mujeres.

Golpeo la puerta con toda la fuerza que me permiten mis pequeñas manos, demasiado pequeñas tal vez, y entro. Abro el grifo del lavabo. Miro mi rostro en el espejo y vuelven las náuseas.

Vomito hasta el último gintónic. Me vuelvo a mirar en el espejo. El pelo me cae por la cara y tapa parte de mi cuello. Estoy pálida.

Me llevo las manos a la cara y la tapo completamente. Me doy cuenta de que estoy horrible y, al quitarlas de mi cara, comienza a venirme un tufo a pescado podrido. «¿De dónde sale ese olor tan asqueroso?», me pregunto, pero no logro saber de dónde.

Vuelvo a pasarme las manos por la cara y descubro con asco que aquel hedor sale de mis propias manos. Acto seguido comienzo a lavármelas con desesperación. Me las lavo con jabón, tan fuerte que la pastilla se evapora. Vuelvo a oler mis manos y cada vez huelen peor.

Horrorizada por lo que me estaba ocurriendo, salgo del servicio de mujeres a trompicones. Voy tan fuera de mí que un camarero que llevaba una bandeja con varios cócteles, se estrella literalmente contra mí.

Caigo y todos los líquidos mezclados caen sobre mi vestido de quinientos pavos. Quinientos pavos que ahora apestaban a whisky, vodka y ginebra. El camarero se disculpa y me ayuda a ponerme en pie pero, al acercarme a su cuello, descubro con asombro que apesta como el contenedor de la calle en donde vivo y, como un resorte, eso me hace echarme hacia atrás, casi instintivamente. Él se me queda mirando casi sin saber qué decir. Yo caigo al suelo parando la caída con mi trasero.

Inmediatamente, aunque con problemas, me pongo en pie y salgo corriendo de ese lugar presa de un pánico terrible.

Salgo fuera y la cosa no mejora, al contrario. Todos aquellos olores que había tenido que soportar anteriormente volvían a golpearme en las narices. No sé qué sensación tengo realmente, pero se parece mucho a la angustia.

Todo lo que me rodea, absolutamente todo, apesta, hiede, desprende un olor nauseabundo que tira para atrás, hace mal olor, un olor insufrible, insoportable. Es una sensación asquerosa, repugnante, repulsiva, que revuelve el estómago, que te da ganas de vomitar, no quiero seguir oliendo eso.

De repente comienzan a darme náuseas. Pero, esta vez, tantas que comienzo a vomitar de nuevo, pero ya no tengo más que vomitar que mi propia bilis. La angustia es cada vez más difícil de sobrellevar, ya no puedo controlarme.

Estoy deshidratada y camino tambaleándome. Me apoyo en las paredes, porque estoy desorientada y a duras penas si puedo tenerme en pie.

Me siento débil. Comienzo a sentirme cada vez peor. Los olores me han derrotado.

Finalmente he llegado a un lugar que no huele del todo mal. Realmente he llegado al mejor lugar de todos, pero aquí arriba sigue haciendo el mismo olor, esa mezcla difícilmente soportable.

Si me quedo aquí arriba moriré. Me tiraré de este puente.

Al fin y al cabo, el mundo ya no huele como antes y mi vida huele igual.

 

 

 

Publicaciones relacionadas

hitoito

21 publicaciones

Soy el que escribe en la sombra. El sombrío ser que derrama la tinta sobre el papel mientras todos y todas dormís. El que se oculta tras las palabras con el objetivo de desaparecer con ellas. La vaga y lejana música que suena desde un piano desvencijado por el paso de los años. El encanto de un libro polvoriento que descansa abandonado en algún recóndito estante de una biblioteca desolada.

Comparte esta publicación en

Comentarios

Be the First to Comment!

Recibir notificaciones de
avatar

wpDiscuz