Mi noche

Mi noche

Escrito por Demian Compai el 6 febrero, 2015

Demian Compai

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Mi noche es de estrellas que no titilan.
Colgadas sobre las calles vacías de gente, llenas de sueños rotos que arrastran los pies, que a veces tiran de los restos del naufragio vital en un carrito de supermercado.

Ésta, mi eterna noche sin luna ni negrura azulada. Éstos, mis amigos felinos con ojos ciegos y pieles colgantes que recuerdan la muerte superviviente entre las calles muertas y vacías de esa vida diurna, tan vana como iluminada por luces que sacan brillos a la mierda seca, artificios de las gentes simples calentadas por el sol.

Pero en esta noche infinita llueve y la tierra vive en su olor, el salitre del mar me llega y llama, y acudo a su orilla.

Y veo una inmensidad oscura y profunda, como la noche que habita en mí, esencia de mi ser inconmensurable. Y grito semejante hola que parece responder éste con sus pequeñas olas de espuma gris claro.

Y descalzo me adentro en el mar de mi noche, con la esencia de ese negro ausente de color que me rodea a mí y a las estrellas que no titilan. Me mira alguien mientras, detrás de las cataratas de los ojos de un gato viejo que conozco bien. Inexpugnables, guardan un alma que en otra vida me arrancó el corazón a las puertas de Damasco.
En mi noche sueño todas las noches.

Me quiere tragar la arena como si fuera tiempo, mientras mi mar negro besa los descalzos y, de blancos, radiantes pies. Así, un paso deja una huella profunda en el mundo, borrada instantes después por pequeñas mareas tristes sin la luna, que jamás fue mía.

Medio hombre, blanco y radiante, brota de aguas oscuras como la mente de una criatura nocturna, y parece que Poseidón emergiese para cobrar venganza de tanta crueldad con sus reinos. Mas sólo es un hombre, desapareciendo en la soledad de los peces que comen pieles y ojos y órganos a pequeños bocaditos desprovistos de prisa o urgencia.

Y me cantan las sirenas y me abrazan y besan en el pene y en la boca, queriendo insuflar vida, mas son sólo viscosos peces hambrientos de mi ser; el amor más puro es a la vida y parte siempre de la muerte. Ahora soy ellos, y viscosos y blancos, opacos, quedan los restos de mi naufragio en aquella orilla de la que vine, y seres extraños como yo vienen tras el sol, y recogen y guardan y escriben y firman papeles que nada tienen que ver conmigo, que no estoy ya, y lloran otros seres extraños a los que recuerdo y veré y besaré en los ojos de tantos pececillos que mi yo viscoso comerá.

En mi noche todo es posible, todo es pequeño, todos estamos aquí ayer y mañana. Hoy. Mi noche es un sueño febril que nunca, nunca acaba.

Me robaron el corazón a orillas del Eúfrates y aquellos ojos negros fueron el ocaso de mi día. Te quiero desde hace mil años y mil años pasarán antes de que te encuentre en las tripas de un pescado.

Y en su día, una esquela de papel que arderá por el tiempo, tiempo de seres de un instante que destruyen el patio donde nos encontraremos, mi amor.

Espérame sólo una eternidad

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