Ha sido un placer

Ha sido un placer

Escrito por Rebeka V. el 12 febrero, 2015

Rebeka V.

40 publicaciones

Me he despertado cruzando cables en mi cabeza, esta mañana era ayer, lo sé por el tiempo en que tardé en llegar tan tarde como de costumbre.

He conocido un rayo de luz de luna, ya sé, la luna no tiene brillo propio o al menos eso cree ella.

Pero el brillo se lo dan unos ojos que saben de oscuridad y belleza más que de ciencia.

El otro día caí en la cuenta de que nunca he sabido resolver, tropecé conmigo y me oculté en ti.

Trepé por tu barbilla y le mordí el miedo a la vida haciendo equilibrio por el borde de tus labios.

Supuse no suponer nada, paralicé corazones a punto de caer a las vías del tren y comprendí que lo único que no pasa dos veces no es el amor sino la oportunidad de matarte con él.

Voy saltando de tejado en tejado luchando contra los monstruos que atormentan mi cabeza, me he enfrentado al rey de corazones borracho del líquido derramado en cada barra de bar, he vencido, o me ha dejado ganar.

Estoy sintiendo el vértigo del que todo el mundo habla, la adrenalina en la tripa, estoy disfrutando del vuelo mientras el avión termina de caer.

He roto todos los relojes que me avisan de cómo se me escapa la vida, respiro la esencia de la existencia y cerrando los ojos me abandono a no ser.

Locura oculta en una verdad que grita hasta dejarme sorda, ensordecedor ruido intacto en diapositivas pasando por mi retina.

Vuelo sin alas, escribo sin piel.

Me sobra energía estática, quiero darle la vuelta al mundo, dejar de girar en el sentido de las agujas del reloj, quiero un maremoto de sí puedos, una valentía que sepa de cobardía, una paz en toda guerra, un Cadillac para poder huir, de mí.

Una estrella sin polvo, un sueño que pueda tocar, sentir.

Soy la musa de nadie, el poema que nadie entiende.

Suelto carcajadas al vacío, el eco me devuelve un aullido, soy tan lunática como cualquier loco, atada al don que me hace serlo, soy tan intuitiva como un felino olfateando su presa que, tan racional como yo, quiera soltar la cuerda.

Me he parado a verme.

De golpe y porrazo, he visto una hostia impactando mi cara, un ya te lo dije detrás de mis oídos.

Un no hay más ciego que el que se tapia la vista, ni hay más sensatez que la que te escupe el borracho elocuente.

Nunca he querido autoanalizarme, he sido consciente tantas veces de mi locura… Para mí la autoayuda siempre ha sido tocarme, cerrar los ojos, palpar mi interior y dejar de encontrarme así como me gusta ayudar al prójimo a perderse. Camino bajo la desesperanza, desesperada.

Me compongo de varias personas, de tres tiempos verbales, lanzo escupitajos escritos con el lápiz del siglo XXI. Soy la mancha de tinta en mitad del poema más hermoso del mundo, vengo salida del inframundo o quizás expulsada. Me da igual, yo también soy espina, soy la imagen de la muerte de una flor a cámara lenta.

La niña llorando cuando ve escapar su globo por no poder volar con él, voy a tientas por la vida, acaricio las palabras y odio que me las digan.

Soy una noche que nunca descansa, autodestructiva y mágica, me acoplo a la forma de mi cuerpo entre las sábanas, voy puntuando las comas, pillo carrerilla con la muerte, y hasta ahora sigo ganándole, subiéndome al podio levanto mis manos para tocar la luna y acabo besándola.

Me callo a voces lo que no digo, soy íntima y salvaje.

La música amansa a mis fieras y yo las tiento para que bailen.

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Escritora y soñadora en mis ratos libres.

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