Espejos

Espejos

Escrito por Carlos Aymí Romero el 11 febrero, 2015

Carlos Aymí Romero

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Mi reflejo empezó a hablarme sin que le diera permiso, estábamos en un tugurio, borrachos, y a punto de perder la escasa dignidad que aún nos quedaba.

—No lo hagas —me dijo.

Cerré los ojos por un momento. Tal vez me dormí. Una eternidad más tarde seguíamos frente a frente. Pensé en romperle la cara, no por lo que me había dicho sino por callarse. Al final volvió a abrir la boca. Le escuché con atención.

—El escritor está condenado, la felicidad no está hecha para él, su deber es recorrer los recovecos profundos del alma, asomarse a los precipicios, paladearlos, arrojarse a ellos si es preciso. A cambio será suya la intensidad. La intensidad que otros sólo conocerán en el amor o en el desamor, y en otras mentiras de más baja estofa, pero que nosotros tendremos al alcance de la mano, a diario, y en ambos extremos de la cuerda, cuando rebozados en el fango nos sacuda un verso, una frase, una idea, y nos elevemos hasta tocar el cielo.

Confundí el cielo con el espejo, y comencé a tocarlo con la mano. Entonces llegaron los golpes en la puerta. Todo estaba borroso. Sentí que el reflejo quería continuar hablando, que iba a pontificar sobre lo que debía hacer cuando saliera del servicio. Puse mi frente contra su frente, y le dije:

—Shhh…

Al salir sonreí al impaciente que me miró perdonándome la vida. Llegué a base de empujones hasta mi vaso de vodka, lo agarré con fuerza y me dispuse a zanjar la cuestión. Ni siquiera supe si hacía caso al del espejo o a mí. 

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La literatura es la Mentira en la que más creo. carlosaymi.com @CarlosAymi

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