Taxi (2)

Taxi (2)

Escrito por Marina DePablo el 22 enero, 2015

Marina DePablo

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cines doré

 

 

 

 

 

Llamé al servicio de taxi, les di mi dirección y me confirmaron que en 10 minutos estarían allí.
Cogí el bolso del perchero y localicé dentro mi barra de labios fetiche, rojo fuego. Decidí esperar sirviéndome una copa, cortita, un poco de vodka. Me senté para disfrutar y saborear sorbo a sorbo. La copa era cortita, pero aportó a mi cuerpo un toque extra de calor.
Aunque era algo que hacía rato me sobraba.
No bajé hasta que no vi el taxi enfrente de mi casa.
Bajé sin prisa, segura de mis pasos y de mis piernas.
Al verme, el taxista arrancó y giró el taxi para recogerme en la misma puerta.
Apenas me mojé.

—¡Buenas tardes, señora!  —dijo con voz cordial el taxista mientras abría la puerta trasera del coche.
—Al cine Doré, por favor, vaya rápido, me esperan —mi voz sonaba segura y muy sensual, lo sé.

Mientras subía pude comprobar que la mirada del taxista revisaba mis piernas y, es muy probable, que hubiese radiografiado antes mi trasero.
Me recosté en el respaldo del taxi con energía vital, llena de calor. Me hacía sentir como una diosa cuando acuciaba a los taxistas con mis excusas.
Siempre resarcía sus carreras con unas monedas de más.
Llegué pronto.
Esperé, como debe ser, a que el taxista abriera la puerta, sin otro placer que medir mi poder femenino. Y lo hice como debe ser. Primero la pierna derecha después avanzas el cuerpo y, como un resorte, aparece la pierna izquierda. Lo hice despacio, con poder y con el deseo, siempre insaciable, de sentirme deseada.

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