El ser humano salva vidas

El ser humano salva vidas

Escrito por Beapalo el 22 enero, 2015

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Qué curiosa es la vida, hace unos días aterrizaba en Málaga, venía de recorrer parte de España. Iba discutiendo con mi amiga el significado de la buena voluntad. Mi amiga me decía que es nuestro deber ayudar a los demás. «Nuestro deber».

Con estas palabras resonándome en la cabeza llego a casa y, mientras me quito el abrigo, miro mi pequeña biblioteca y veo el título La fundamentación de la metafísica de las costumbres de Kant.

—Dios mío —pienso.— Señales.

Abro el libro y veo un montón de anotaciones, todas mías. Algunas absurdas, otras muy buenas. Encuentro algo interesante: «las acciones promovidas por una buena voluntad no son buenas por sus consecuencias, sino porque se realizan por el deber y no por él mismo». Pero aquí surge otra problemática: ¿quién dice qué es lo que se debe hacer?
Las leyes morales.

Son ellas quienes se presentan en nuestra conciencia en forma de deberes, de mandatos; pero no todos los deberes son deberes morales. Pongamos, por ejemplo, que un médico diga: «si quiere usted llegar a viejo, debe dejar de fumar». Únicamente me consideraré obligado a dejar de fumar si persigo la finalidad de vivir más años. Por lo tanto estaría obrando prudentemente; pero obrar prudentemente no es lo mismo que obrar moralmente. Obrar moralmente o tener buena voluntad no tiene en cuenta ninguna finalidad que conseguir con nuestra acción. A mí, personalmente, me gusta definirla como algo que es bueno por sí mismo, no por su meta a alcanzar o beneficio a conseguir, es buena por el querer y más valiosa que cualquier propósito, es una joya que brilla por sí misma, algo que posee su pleno valor.

Me siento satisfecha, cierro el libro, le mando un whatsapp a mi amiga. «Te lo dije, la buena voluntad no busca nada a cambio, ni siquiera satisfacción personal. ¿Conoces a alguien que alguna vez haya hecho algo con buena voluntad?».

Pongo las noticias, aparece Mónica Carrillo con José Antonio Bastos, el presidente de Médicos Sin Fronteras en España. Explican cómo solamente un ser humano puede salvar a otro. «Buena voluntad», pienso. Más señales.
El tratamiento de un niño con malaria cuesta menos de un euro; el tratamiento completo por desnutrición, 40; y, por ejemplo, atender un parto con seguridad en el que salvan la vida de la madre y el niño tiene un coste de 30 euros. Datos y más señales.

Escuchando todo esto leo en Twitter a una señora indignada en contra de aquéllos que ven a un ciego cruzar con el semáforo en rojo y no hacen nada. Cierra su comentario con una frase de la poetisa Gioconda Belli que resume el día: «La solidaridad es la ternura de los pueblos». Pues eso.

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Ni escribo todo lo que me pasa, ni me pasa todo lo que escribo.

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