El mono Tú

El mono Tú

Escrito por Demian Compai el 27 enero, 2015

Demian Compai

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2:42 de la madrugada.

Comienzo a observar al mono Tú, su papel y su lápiz. Busca la racionalidad en estas líneas curvas o rectas que son las letras, que juntadas unas con otras forman ideas, pensamientos, sentimientos o sensaciones. Busca la razón en la más pura de las magias. Y, pensado esto, usando la imagen etérea de estos signos, decide que la razón le condujo a la magia, y de la magia saltó a la fábrica de sueños y miedos que brotan febrilmente en líneas blancas a garabatear con la tinta de su alma. Y sonríe, complacido de saber, dibujada en su rostro animalmente sabio. Y ceden los retenes ante una avalancha de palabras. El mago, el Gran Tú, hace sus centellas con ellas, sus sapos son eses y aes y pes y oes; sus verdes o marrones, adjetivos que alegan a la hierba mojada y la tierra seca; junta cielo y mar para crear unos ojos que miran el horizonte, que crean de la oscuridad de los tiempos con trazos y retazos, que forman la realidad para ser entendida, explicada, respondida.

¡Qué gran simio es Tú, que convierte su árbol milenario en astillas muertas y barnizadas¡ Está pagado de sí porque sabe, y quien sabe actúa sin pensar. Y tiene una cola, nuestro monito, que graciosamente no usa para el equilibrio sino para sus deseos de monas monitas, bonitas criaturas que a fuerza de pintar de fantasía su faz consiguen serlo, para ellas mismas.

«¡Que bulla el Progreso! ¡Más madera!», grita en la arena que antes era cimientos de sus altas y verdes casas. Y Tú no sabe que la palabra Vanidad es su sino.

Pero estaría mal ser un simio, como un simple tití o el irritado mandril, si es que éste es capaz de crear y sentir y destruir sin sentido, así que piensa de ser y pensando es, de hecho, otra cosa. Le llamaremos Humano a este nuestro Tú. Y este humano viste y calza, parte y reparte y olvida a los demás seres que no viven de la magia del cuento, relato triste hecho brillo para no mirar la oscuridad del Tiempo.

Y la oscuridad le miró, más tarde que temprano, y se vio a sí mismo desposeído de su magia eterna en el reino del Tiempo. Y quiso Tú subir al árbol y lo notó frío de piedra y hierro, quiso ir al horizonte donde junta tierra y cielo y no existía ya, separados ambos por una gruesa capa de polvos eternos. Volviendo a ser un gran simio empequeñecido, llora por sus palabras mágicas que destruyeron el origen de las almas que las crearon, y aún criará malvas cuando el Universo vuelva a ser una realidad indefinible, irrelevante, inobservable.

El Ser ha muerto a manos de su propia vanidad. Tú nunca supo nada, murió en la ignorancia de haber matado el ojo que crea lo que ve. Tú, de hecho, nunca existió.

3:30 de la mañana.
Otros observan al mono Yo ser vapuleado por el mono Tú.

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