Deja que Hi’ilawe me siga enamorando

Deja que Hi’ilawe me siga enamorando

Escrito por cruzmaria el 14 enero, 2015

cruzmaria

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—Pues, en realidad, es sencillo de tocar —me dice—. Son sólo dos acordes.

Ella parece saberlo todo. Yo devuelvo la mirada a la contraportada de aquel viejo LP que huele a polvo y a humedad.

—Gabby Pahinui es a la música hawaiana lo que Chuck Berry al rock’n roll, o Bob Marley al reggae.

Esta vez la escucho sin levantar la vista. No me importaba una mierda toda aquella sarta de detalles y memeces sin importancia. Yo sólo quería dejarme llevar por donde aquella canción tan misteriosa y embriagadora me quisiese arrastrar. Me sentía en una pequeña barca, mecido por un suave oleaje en la bahía de Honolulu mientras el sol calentaba mi cara. Hi’ilawe me parecía una buena canción, pero ella estaba empeñada en destrozármela.

—Las tiene mejores. Esta canción la han versionado tantas veces que ya es vomitiva. De hecho, cuando Gabby grabó esta canción…

—¡Cállate! —grité—, déjame escuchar la canción. No quiero saber tu opinión, ni cuándo coño la grabaron, ni quién coño la versionó.

Creo que fui un poco brusco. Pero tenía la sensación de que cuanto más sabía de aquella canción, menos me gustaba. Todo lo desconocido, todo lo que me faltaba por conocer, cada detalle oculto, cada secreto, todo lo que no sabía, todo eso es lo que hacía que Hi’ilawe me pareciera una canción romántica y hermosa. ¡Ay!, así como me ocurrió con ella. Y es que me enamoro de lo que no conozco, porque mientras ella seguía siendo un misterio insondable, podía llegar a ser tan perfecta como la desearía en el mejor de mis sueños. Y, de hecho, ocurrió con el tiempo que todo cuanto provenía de ella pasó de la inexplicable admiración que trae el amor al mayor de los desencantos que trae el aburrimiento.

La miro con afligido arrepentimiento. Ella, con los labios apretados, me manda a la mierda con un basto gesto de cuello mientras los últimos acordes (sólo dos, según ella) van fluyendo lentamente a la velocidad del sol dejándose caer sobre el Océano Pacífico, poniendo un enorme punto y final a todo. Y a todos.

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Cefalea en monodosis, administrada en el insomnio de la madrugada. Casi siempre de forma gratuita; casi nunca de forma analgésica.

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