Taxi

 Taxi

Escrito por nemesis el 17 diciembre, 2014

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Amanece de una manera lenta, el sol no tiene prisa por salir de nuevo, un día más.

Ella mira el cielo con cierto desdén, no le interesa demasiado que amanezca pues su cuerpo ansía el calor de un acompañante ajeno, sentir su ser penetrado violentamente y por unos breves pero magníficos instantes desaparecer. Ya no importa con quién o dónde, sólo quiere que la dominen.

Camina con los tacones en la mano y las bailarinas ya puestas, considera que ya no es oportuno ir de femme fatale, duda que en lo que aún es noche, vaya a conseguir su objetivo.

Su vestido beige mal colocado simula las curvas de su cuerpo, la cadera, la cintura, su busto bien formado y colocado. ¿Tanto para qué? Se pregunta mientras nota cómo su piel se eriza a la par que sus pezones. Empieza a correr una brisa poco agradable para ella, pues lleva una torera que sólo sirve para adornar su cuerpo, no para abrigarlo.

Mira a ambos lados de la calle, no ve ningún taxi, lo cual es bastante irritante, tiene frío y ya está cansada, el cielo cada vez más claro denota que ya es hora de irse a casa, refugiarse en el calor que puedan ofrecer sus sábanas.

A lo lejos un taxi. Alza la mano y grita: “¡Taxi!”, por un momento se siente como una protagonista de Mujeres en Nueva York, aunque ella no lleve acompañante.

El taxi para y su conductor es un hombre de mediana edad, moreno de piel y cabello, con unos ojos profundos, negros, casi opacos, piensa.

Sus hormonas piensan por ella y en vez de montarse detrás se monta en el asiento del copiloto.

—No me gusta ir detrás, me siento demasiado sola.

Él no dice nada, sólo sonríe y asiente con la cabeza.

—¿A dónde, señorita?

—Calle Santa Valentina, por Tetuán. ¿Puedo fumar?

—No está demasiado lejos de casa —sonríe y observa de arriba abajo sus piernas cruzadas—. Claro, pero cuidado con la ceniza, a mi jefe no le gusta que dejemos a los clientes fumar.

Ella pasa por alto el comentario de la cercanía de su hogar, prefiere sonreír.

—Puedes tutearme, no soy tan mayor para que me llamen de usted, eso deprime a cualquiera.

—¡Oh! Claro, será un placer. Yo soy Alejo, encantado —no borra su sonrisa, la cual empieza a ser arrebatadoramente atractiva.

—Encantada, yo soy Diana, pero todos me llaman Rabbit.

—Vaya, buen apodo, ¿qué pasa, das suerte? Cuidado, se te va a caer la ceniza, Rabbit.

Pronuncia con fuerza el apodo de la mujer y, parados en un semáforo, limpia de su pierna unas motas de ceniza caídas, roza su muslo con lentitud, mientras sin quitar la sonrisa su mirada va dejando atrás la simpatía para dar paso a una mirada lasciva y con cierto deseo hacia aquella mujer desconocida.

La piel de la mujer se eriza, y siente el calor de la mano del que hace llamarse Alejo, una mano grande y fuerte, que la toca con delicadeza y sutilidad.

—Manos calientes. Tienes suerte, yo estoy muerta de frío.

—Todo tiene solución, ya sabes… —deja la frase en el aire, mientras mira de reojo a la que, espera, sea su próxima acompañante.

—¿Sí? ¿Tú me darías alguna?

—Se me ocurren unas cuantas, la verdad, señorita Rabbit.

—Ah, ¿sí? —el tono de la mujer ha dejado de ser cándido y afable, ahora, impregnado de lujuria y picaresca, mira a su conductor mientras se muerde el labio. Deseo, siente un deseo atroz por aquel hombre.

—Claro, todo, todo tiene solución—pone de nuevo su mano en el muslo templado de la mujer y lo aprieta, esperando ver la reacción de ella, la cual no se resiste, al contrario, ansía que su mano se deslice hacia el interior de su cuerpo.

—Ya estamos llegando, ¿tu jornada ha empezado o está terminando? —para qué andarse con rodeos, le mira y muerde su labio de una manera provocadora.

—Por suerte, eres la última acompañante de la noche. Una gran suerte, todo hay que decirlo, pero ¿por qué lo dices? —aprieta su muslo con fuerza y roza con sutilidad la entrepierna. Nota el calor que desprende y su sonrisa se ensancha.

—¿Quieres subir? A tomar una copa o un café, lo que surja —su mirada desprendía lujuria y su cuerpo comenzaba a sentir ansias de ser tocado.

Parados en un semáforo, con el sol ya casi apareciendo en escena, Alejo agarra con fuerza de la nuca a Rabbit, la besa con deseo, con ansia, su mano aprieta el muslo y finalmente acaba en su sexo ya húmedo, sus lenguas juegan a entrelazarse, sus dientes a morderse y las manos de ella agarran fuerte su pelo. Alejo nota el impedimento de las medias y decide romperlas, son de algodón por lo que no le es difícil agujerearlas para dar paso libre a sus gruesos dedos.

Aparta el tanga mojado hacía su ingle derecha y comienza a jugar sin prisa con el clítoris abultado de la mujer. Alejo nota cómo Rabbit aspira profundamente y sus ojos parpadean a modo de placer. Ella se desliza hacia abajo mientras una de sus manos ya ha descendido al bulto de su taxista, mientras nota cómo juega con ella y disfruta, baja la cremallera del pantalón, el botón ya estaba desabrochado de la presión ejercida por el falo del hombre.

Sus manos frías comienzan a masajearlo y a rozar el capullo ardiente e hinchado, sube y baja con lentitud, ella tampoco tiene prisa. Ya no.

Sin avisar, y mientras se siguen besando, el hombre introduce su dedo corazón y anular en las humedades de la mujer, nota la calidez de su interior y metiéndolos todo lo dentro que sus otros dedos le permiten comienza a moverlos dentro de ella. Sin sacarlos hace que pare el beso y gima, hace que comience a suspirar de placer.

En un movimiento brusco, él la medio levanta y pone casi bocabajo, con la cara en su miembro, e introduce de nuevo los mismos dedos dentro de ella, esta vez más profundamente, con más rapidez, con más bestialidad.

Mientras, ella gime, comienza a lamer su pene, erecto, duro y enrojecido por la erección. Lo embute dentro de su garganta, una garganta profunda que saliva encima del pantalón y calzones del hombre, su cuello comienza un compás lento mientras que su lengua juega con la cabeza en cada salida y metida, con el pirsin de la lengua roza el capullo y hace que el hombre pare su ritmo y gima, se le escapa un «joder, cómo la comes» y vuelve a su trabajo anterior, producir placer en el cuerpo de ella.

—Vamos a mi casa, —dice ella mientras se queda mirando fijamente a los ojos del hombre, limpia la saliva de sus comisuras, y repite — vamos a mi casa, ya. No es una petición ni un ruego, es una orden. Quiere sexo y lo quiere ya.

El semáforo ha cambiado de color tantas veces que al sol le ha dado tiempo a terminar de salir y clarear las calles de Madrid, pero el silencio de la vía aún produce respeto.

El taxi arranca y gira a mano derecha, aparca donde ella le dice, en un sitio para minusválidos. A esa hora nadie va a decir nada, ni grúas, ni policía, justo frente a su portal.

Ambos se bajan del coche, y en el soportal, mientras ella busca las llaves en un bolso que le parece demasiado profundo y  grande, él la agarra por detrás, besa su cuello, lame su oreja, y toca su cuerpo con fuerza. Nota cómo sus muslos hacen fuerza y se aprietan mutuamente para detener las ansias de su naturaleza, se excita aún más.

Una vez dentro del portal, llaman al ascensor, rompiendo la tranquilidad y el silencio de éste. Ella le empotra contra la pared, sube una de sus piernas a la cadera del hombre, dejando entrever lo que quiere, y le besa, con fuerza, con hambre, ya no queda espacio para la sutileza o la tranquilidad, el deseo la posee.

El hombre la sube a horcajadas haciendo que ella pueda notar la erección en su propio sexo, se balancea sobre él mientras le tira del pelo y hace sonar las llaves. Llega el ascensor.

Con ella aún encima, se mete dentro, y ahora es él quien la apoya sin cuidado alguno en el espejo del ascensor.

—Te follaba ahora mismo —dice, mientras le lame el pecho, enrojecido por su barba naciente.

El ascensor se para en el piso número 7, ella se baja de su amante y se dirige con paso veloz a su puerta.

La llave no está echada, lo cual sólo puede significar que su compañera de piso está en casa. Ambos se miran, con cierto nerviosismo y calentura.

Entran. Efectivamente, su compañera de piso está echada en el sofá, viendo la televisión.

Con una camiseta rosa y en bragas, con las piernas abiertas, observa embobada la imagen de su compañera y del hombre que la acompaña.

—¿No se supone que te ibas a dormir a casa de Susana? —inquiere con cierto mal humor la mujer.

—Sí, bueno, al final he decidido quedarme pero veo que tienes un plan mejor —sonríe mientras les guiña un ojo.

—Mi habitación es la del fondo, ponte cómodo, enseguida estoy contigo.

Rabbit se sienta un momento en el sofá, y ambas se ríen maliciosamente.

—¿Crees que aceptará?

—Ambos estamos ardiendo, dudo que se niegue… de hecho, ¿quién en su sano juicio se negaría?

Ambas sonríen a la par que se levantan y dirigen a la habitación del fondo.

Antes de entrar, Rabbit se quita el vestido, las medias y el sujetador, quedándose únicamente con el tanga húmedo que cubría débilmente su monte de Venus, pues era de seda transparente. Por otro lado, su compañera, Mixie, se quita simplemente la camiseta rosa, no lleva nada más a excepción de unas bragas negras de algodón.

Abren la puerta y ven a Alejo, desnudo en la cama, una cama de barrotes alta, con luces de neón azules y moradas, fumando un cigarro y tocándose el falo. Mixie apoya a Rabbit en el quicio de la puerta y comienza a lamer sus pezones a la par que toca su cuerpo.

Alejo, que no cabe en sí, no termina de entender la escena.

—Pero…, vosotras…, ¿…? –dice confuso, observándolas. Simultáneamente se relame los labios y aprieta más su pene.

—¿Quieres jugar con nosotras? —Rabbit le mira mientras separa a Mixie, la agarra de la mano y se dirige a la cama, donde se encuentra Alejo sentado. Le quita el cigarro, da una calada y se lo pasa a Mixie, la cual hace lo mismo. Lo apaga en un cenicero casi lleno y se sube a la cama. El cuerpo de Mixie, con más curvas que las de Rabbit, está caliente, más que el de Alejo, que nota sus senos en su espalda y la erección le aumenta.

Comienza a lamer su oreja mientras que Rabbit, frente a Alejo, se coloca de rodillas y agarra su glande inflamado y chorreante de líquido blanquecino, lo introduce en su boca y comienza a comerlo con ansias, sin pudor alguno.

Alejo decide no resistirse y dejarse llevar, es una oportunidad única, aquellas dos mujeres le querían follar y el sentimiento era mutuo. Sentía la saliva de Rabbit escurrir por sus testículos y muslos, notaba a Mixie morder su cuello y relamer su oreja. No cabía en sí de la excitación.

—Fóllanos —susurró Mixie al oído de aquel hombre exorbitado.

Sin mediar palabra, agarra a Rabbit de los hombros y la sube a horcajadas en la cama, la coloca a cuatro patas y, sujetando a Mixie del tobillo, la tumba a su altura dejando sus piernas fuera.  Comienza a meter sus dedos índice y corazón dentro de ella, mientras que con la otra mano moja el sexo cálido de Rabbit e introduce sin piedad su falo hinchado.

Consigue unificar el ritmo de mano y cadera, ambas mujeres gritan de placer y éxtasis.

Mixie manosea los pechos bamboleantes de Rabbit mientras nota cómo la mano de Alejo la folla sin piedad ni control.

Alejo embiste a Rabbit con alevosía, con placer, la mete entera y cada vez con más fuerza, con la mano que tiene libre abofetea sus nalgas. Las piernas le tiemblan de placer a cada metida, nota cómo Rabbit llega al primer orgasmo en el cual el placer inunda su cuerpo.

Sale de ella y la coloca con fuerza encima de Mixie, dejando su sexo a la altura de su boca. A ellas no les hace falta ninguna indicación y Rabbit se coloca de cuclillas para empezar a notar la lengua de Mixie introducirse dentro de su vulva, cómo lame su sexo abultado y sus manos aprietan sus muslos a modo de tope.

Alejo, por su lado, mientras observa tal escena, agarra de las piernas a la segunda y comienza a penetrarla, con violencia, sin piedad, la mete y la saca haciendo que el cuerpo de la mujer tiemble y vibre. Los tres gimen de placer, Rabbit masajea el pecho de su compañera, pellizca sus pezones, aprieta su carne y araña su piel y, mientras que lo hace, mira a Alejo y sonríe lascivamente.

Mixie consigue que su compañera se corra por segunda vez a la par que ella lo hace por primera, lame su sexo con glotonería, no quiere dejar que se escape nada.

Cuando ambas mujeres ya han terminado en su éxtasis personal, se colocan a cuatro patas, dándole la espalda a Alejo, ambas quieren lo mismo y, mientras Alejo entiende la situación, cada una toca el sexo de la otra, lo masajea y excita más si es que fuera posible.

Comienza por Rabbit y decide que tres sacudidas por mujer están bien. Pero no sacudidas normales, serán animales y salvajes, como a él le gusta. Las quiere oír gritar y en cada sacada dejarlas con ganas de más.

Empieza por Mixie, que está en el lado izquierdo de la cama. Primera metida hasta dentro, incluso le duelen los testículos de la sacudida, Mixie gime e introduce los dedos dentro de su compañera que está ansiosa de que llegue su turno. Segunda metida, más brutal que la primera, más visceral, más profunda, abofetea las nalgas de las dos mujeres y las pellizca, se queda unos segundos dentro de ella y la saca, las muerde a ambas y aprieta sus dedos en la espalda de cada una. Mixie y Rabbit se besan desenfrenadamente. Tercera metida, el placer inunda a Mixie, Alejo gime y aprieta la cadera de ella para que su polla entre hasta el final.

Turno de Rabbit. Primera metida y su cuerpo tiembla, le sorprende la ferocidad con que es penetrada pero le gusta demasiado como para decir nada, sigue besando a Mixie e introduce sus dedos índice, anular y corazón dentro de ella, los mete y los saca mientras nota el glande de Alejo moverse en círculos, sale de ella dejando el vacío a su paso, respira con dificultad y continúa. Segunda metida, Rabbit gime y grita a la vez, en una mezcla de dolor y placer, nota sus nalgas ardiendo y cómo su amante masculino cada vez está más fuera de sí, la folla. Vuelve a salir y llega la tercera metida en la cual Alejo agarra sus caderas y decide correrse con ella. Sigue embistiéndola, no le interesa volver a sacarla y meterla en otro coño que no sea ése: si se corre, quiere correrse con Rabbit.

Comienza a embestirla continuadamente, haciendo que sus testículos reboten con furia, hinca sus dedos en su cadera y gime de placer mientras ve cómo Mixie se coloca para que Rabbit coma su sexo. Ha entendido quién es la elegida en ese momento.

Dentro y fuera cada vez con más rapidez, al compás de la lengua de Rabbit y sus gemidos.

El trío clama placer, gimen en éxtasis.

Finalmente Alejo nota cómo la hidromiel quiere escapar de su cuerpo para introducirse en el de su amante, y acelera la marcha, cachetea de nuevo el trasero de la mujer, ya enrojecido, y nota cómo sus piernas se doblan de puro goce. Gime como un animal salvaje y expulsa dentro del cuerpo de la mujer todo lo que tiene dentro, incluida su vitalidad.

Se apoya en la espalda de Rabbit aún dentro de ella, se la besa, y observa la cara de Mixie que en ese mismo momento está llegando al éxtasis, con una cara soberbiamente lujuriosa. Nota la respiración agitada de ambas, la habitación de neones huele a sexo y a sudor, huele a hombre, a mujer, huele a placer y excitación.

El silencio se mezcla con los gemidos de aquellas tres personas, que habían compartido un juego tan exquisito como es el sexo.

Alejo sale de Rabbit y nota cómo chorrea el jugo propio y divino de la mujer. Se acerca a la mesilla y coge tres cigarros que enciende a la vez.

Ambas mujeres, tumbadas boca arriba con respiración agitada, cogen el cigarro y aspiran profundamente. Él se tumba entre las dos y deja que se apoyen en su pecho sudado.

Acaricia sus hombros y espaldas, y nota cómo el placer inunda su cuerpo.

Mixie y Rabbit se miran, sonríen esta vez con calidez y armonía.

Ambas han conseguido lo que buscaban.

Allí quedan dormidas aquellas tres figuras extrañas entre sí, dormidas y en silencio.

Como broche final, el sol ya en lo alto, brilla y calienta el día, mientras la grúa se lleva el taxi aparcado en la plaza de minusválidos.

Aunque ahora nada importa, el placer reside en ese cuarto.

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