Más vino, por favor

Más vino, por favor

Escrito por Beapalo el 26 diciembre, 2014

Beapalo

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Tomaré más vino. Gracias. La mesa está muy bonita. Y esas rosas… me gustan. Me gusta ese aspecto a medio morir. Es como si su vida estuviera en tus manos, como si poniéndole más agua sus pétalos fueran a sobrevivir y recuperar la vida y el color que han perdido… Hmmm… Recuperar la vida… ¿No te resulta irónico a ti? Tú… que llevas malgastándola sentado en ese sillón mirando a través del cristal desde que, prácticamente, naciste. Nunca te he visto en otro sitio que no sea ahí. He visto, literalmente, cómo has crecido. ¡Qué curioso! A veces, cuando te miraba a lo lejos me parecía que no eras real, no sé, parecías una estatua o el fantasma de algún niño. Tendrías que haber escuchado las historias que contaban y que aún cuentan sobre ti. Ya sabes que vivimos en tiempos de guerra, así que imagínatelas…

Recuerdo que cuando era niña mi madre no me dejaba pasar por tu calle, y mucho menos mirarte, pero nunca le hice caso. ¡Eras sólo un niño! Igual que yo…

Me encantaba pasar y mirarte, sentía que, cuando me acercaba a tu venta y tus ojos marrones desde este segundo piso se cruzaban con los míos, me mirabas como el león mira su comida. Ansioso, nervioso, ambicioso, ganoso…

sediento.

Era como si cruzarte con mis ojos fuera lo único que hacía fluir tu sangre. Como si estuvieras muerto y yo hiciera latir tu corazón, ¿sabes? También hacías latir el mío, más deprisa, mucho. De miedo. De miedo a la seriedad de tu semblante y, sin embargo, era adicta a él. ¡Qué curioso! Siempre me has dado miedo. Sé que estás loco. ¿Qué persona normal nunca ha salido de su casa? Estás loco. Estás loco…

Bien, he intentado buscar una razón por la que nunca has querido bajar a jugar al balón aquellos días que te lo pedí cuando éramos niños. Debe de haber alguna razón por la que nunca te has despegado de esa ventana. Tiene que haber algún motivo por el que no bajaste aquella vez que me senté en el banco de enfrente mordiéndome el labio y abriéndome de piernas mientras dejaba que un muchacho me metiera la mano por debajo del vestido y de las bragas. ¿Te acuerdas? Fue la primera vez que te enseñé los pechos. Noté cómo tus pupilas se clavaban en mis pezones rosados y cómo la boca del muchacho disfrutaba de la suavidad y del aroma de mi piel mientras los estrujaba y pellizcaba con tantas ganas que me hacían sentir poderosa… y muy cachonda.

Habría dado cualquier cosa en aquel momento para que hubieras sido tú quien me mordía inmovilizada contra las rejas de la ventana de la señora Dolores. Completamente desnuda en plena calle y follándome duro, insaciablemente tan duro hasta que mi vida, y la tuya, corrieran peligro. No te lo tomes a mal, no quería provocarte, sólo tenía ganas de jugar.

Un poco más de vino, por favor. Está buenísimo… Parece que me estuvieras esperando. Tengo calor…

Dime una cosa: ¿de verdad nunca has pisado la calle? Sabes hablar, ¿verdad? ¿Has hablado alguna vez con alguien? Tienes los labios bonitos, déjame tocarlos. Sí, son preciosos, y tan suaves como mis pechos, ven, dame tu mano y tócalos. Te gustan, ¿verdad? Tienes cara de loco. La tenías hasta cuando eras niño. No pares. Me gusta que me toques. ¿Lo ves? Tu media sonrisa es de alguien que está loco. Estás loco. Será mejor que me tome una copa más y te hundas en mí. Como se hunden los barcos en el mar, como se hunden los pies en el barro, como cada llave en su cerradura… debería callarme, estoy empezando a perder las fuerzas; pero quiero decirte que me encanta esta manera tan brusca que tienes de embestirme y que he venido porque estaba preocupada. Hoy era el tercer día que no estabas en esa ventana. Sigue… Quería asegurarme de que estabas bien. Formas parte de mi vida. No quiero volver a pasar por aquí y que no estés, y que no me mires así como lo haces ahora, cabalgándome sin descanso. No, no tendría sentido. Esa ventana… esa ventana vacía no es nada sin ti. No existiría. Aunque en estos tiempos de guerra no tengo muy claro qué es lo que existe y qué es lo que no. En teoría, dicen, que todo lo que vemos existe, pues bien, yo puedo ver las llamaradas de las piras y la gente siendo amputada sin tregua. Así que, dime, el dolor que siento cuando lo veo, ¿es real? Puedo verlo, puedo ver tus manos cogiéndome del cuello y tapándome la boca mientras me aprietas dentro y sales de mí sin parar. Puedo ver cómo gimes y puedo ver tus ojos en este instante pero no puedo ver los míos. Entonces, ¿realmente tú existes? O ¿existo yo realmente? No lo sé. Apenas puedo ya gesticular palabra. Ya no sé si estoy hablando o si sólo estoy pensando. No consigo moverme. Estoy desnuda y maniatada. Ya no siento placer cuando me embistes. Me duele. Empiezo a sentirme humillada. Quiero irme, quiero irme… Suéltame…

Estoy loco. Sí. Te he oído decirlo infinitas veces esta noche. Me arrepentiré de esto. Lo sé. Ahora me toca a mí hablar:

Lo que sientes es el efecto de un potente veneno. Sé lo que piensas: estoy loco.

Jamás has conocido una mente tan oscura y perturbada como la mía. Ahora te doy más miedo, ¿verdad? Eso me pone muy cachondo. Como aquella vez que me enseñaste las tetas y me mirabas con cara de guarra mientras disfrutabas cómo aquel hombre te ponía a cuatro patas. O como la primera vez que te vi toda abierta enseñándome cómo te tocabas y ponías esa cara de cerda provocándome para que bajara a correrme en tu boca. Lo sé. Todo lo que has dicho antes es cierto. Te estaba esperando. Sabía que si al tercer día no me veías, tu enfermedad mental te haría venir a buscarme. ¿Qué clase de mujer acude a la llamada de la muerte? ¿No tuviste bastante cuando los soldados le cortaron la cabeza a tu madre? Ay, mujer curiosa… es un suicidio entrar a la casa de un loco. ¡Soy un pervertido!, ¡soy un pervertido! y ¡estoy loco!, ¡estoy loco! ¡Loco de remate! Y en cuanto a ti, dulce mujer curiosa, estás tan loca como yo; pero este sufrimiento ya ha acabado, amada mía, ahora descansarás en el silencio, allí donde no puede haber sonido alguno. En la fría tumba, bajo el profundo mar… Descansa en paz.

POSDATA: Feliz navidad a todos los lectores y escritores de Harwin, especialmente a mi amigo invisible que, aunque he tenido que dividir su frase en dos, he escrito este relato para él con todo el gusto e ilusión del mundo. Espero que te guste y que si te animas escribas la segunda parte 😉

¡Feliz Navidad!

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Beapalo

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Ni escribo todo lo que me pasa, ni me pasa todo lo que escribo.

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1 Comment en "Más vino, por favor"

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2 years 11 months ago

Buen trabajo sin duda, me ha gustado mucho. Aunque yo no hubiese separado la frase, pero aún así, has hecho un buen relato y merece mi aplauso y mis felicitaciones, al fin y al cabo todos somos escritores, ¿no?
Pues gracias por felicitarme las fiestas, te deseo lo mismo y un prospero año nuevo.

PD: Ha habido momentos en que pensaba que era un relato erótico, pero el final desvela las verdaderas intenciones del asesino. No creo que haya segunda parte de ese relato, a no ser que, siga asesinando incautas muchachas.

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