Hoy no soy persona, hoy no existo

Hoy no soy persona, hoy no existo

Escrito por Miss Chaotic el 10 diciembre, 2014

Miss Chaotic

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Hace frío, de ése que se te cuela por el cuerpo llegando a la piel haciéndote estremecer. El cielo está nublado y las calles parecen oler a humedad. Me encuentro sentada en un pequeño banco de un parque donde, a pesar de que en cualquier momento lloverá, los niños juegan con sus pelotas de balón.

Me fijo en un pequeño columpio, está vació, las ráfagas de aire lo tambaleaba tanto que chirría; una pequeña sonrisa aparece en mi rostro. Ese sonido del pequeño columpio me trae recuerdos de mi infancia, de cuando mi madre me llevaba al parque por la noche. Aquel columpio en que solía montarme mi madre y me hacía parecer llegar a la Luna con cada uno de sus empujones, cada vez eran más fuertes y yo reía sin parar, creyéndome que llegaría a esa cosíta blanca que nos observa todas y cada una de nuestras noches, luciendo siempre hermosa, llamada Luna.

Mis manos están metidas en los bolsillos de mi chaqueta, el aire viene frío, muy frío. Me hace esconder las manos y calentarlas en esos pequeños bolsillos. Miro la hora de mi reloj de muñeca, marca las ocho y media de la tarde. Ha comenzado a llover, y algunas gotas logran alcanzarme… no me importa, es agradable. Los niños, mientras, juegan. Sus madres les agarran de las manos y los alejan del parque, los llevan a casa. El parque quedó vacío, tan vacío que la única que estaba sentada allí era yo y un perro callejero que olisqueaba en la basura algo que echarse a la boca. Llovía cada vez más fuerte. Mi cabello comenzó a notarse mojado, mi chaqueta estaba mojada por los hombros, no tardaría mucho en mojarse cada vez más.

Creo que estoy llorando, o quizá tan sólo sean los restos de las pequeñas gotas de lluvia, da igual, no pienso comprobarlo. Un pequeño trueno se escucha a lo lejos. Miro al cielo y cierro los ojos. Las gotas caen sobre mi cara, observo como me encuentro sola en aquel frío y solitario parque donde hace un momento se respiraba alegría y paz. No iré a casa, no se encuentra nadie en ella. Sigo aquí, sentada en un banco, mientras entre suspiros me hundo en un mar de pensamientos. Otro trueno ha comenzado a escucharse. La lluvia está empeorando. Tengo frío. Comienzo a tiritar. Me abrazo a mí misma. Hundo mi cabeza entre las piernas. Hoy no soy persona. Hoy soy frágil, tan frágil que tan sólo un pequeño soplo me hará desplomarme. Hoy no existo. Noto como alguien me coloca una cazadora negra alrededor de los hombros, su olor es agradable. Sigo abrazada a mí misma, levanto la vista y lo veo con su peculiar sonrisa en el rostro. Él está completamente empapado, incluso más que yo. A pesar del frío, coloca su chaqueta sobre mis hombros sin importarle nada.

Y allí estaba él, apareciendo, como de costumbre, de la nada.

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Si no pudiese escribir probablemente estaría muerta.

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