Cómo quieres que te escriba claramente cuando nunca has sabido leerme las intenciones

Cómo quieres que te escriba claramente cuando nunca has sabido leerme las intenciones

Escrito por Erika Cipré el 23 diciembre, 2014

Erika Cipré

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—Quiero ser marinera —te dije. De eso hace ya algún tiempo.

—Eso es un despropósito —me respondiste.

Pasaste tu mano por mi pelo y me acariciaste la espalda, achuchándome contra tu pecho. Y esperaste que así, con esa sentencia tajante, yo me conformase. Porque siempre esperas que siga a tu lado.

—Añoro los olores de la costa, el placer de navegar. El vaivén de las olas bajo mis pies, el dormir al raso —te digo casi a diario.

Y retomo así un tema que tú siempre eludes. Tratas de ejercer control sobre mí haciéndome sentir boba, ilusa. Incapaz de nadar.

—Pero ¿cuándo has estado tú en alta mar? ¡Eres una niña soñadora!

Tú, tan masculinamente tradicional. Que abres la boca e impones tu ley con toda tranquilidad. Sabiendo que no seré yo quien te lleve la contraria. Tu intransigencia es de una sutileza sublime. Sencillamente haces como si no entendieses lo que trato de decirte. Esa es tu principal arma para anular mis deseos…

—Quiero ser marinera.

—¿Cómo puedes tener ideales tan manidos?

… Porque si me marchase, tú te verías obligada a enfrentarte al dolor de la lectura exacta —que no aproximada— y a la humillación de aceptarme como soy. Con mi voluntad más allá de la tuya.

—Me gustaría conocer a alguien diferente cada vez que desembarque en una ciudad. Personas que no me aten, que no me pregunten. Que sólo deseen que les cuente aventuras. A ser posible inventadas.

—Pues ya que te gusta inventar, podrías escribir tus aventuras. Para eso no te hace falta salir de casa —me dices—. ¡Escríbelas! Me gustará leerlas.

Cómo quieres que te escriba claramente cuando nunca has sabido leerme las intenciones. No necesito que nadie me aliente a escribir. Ya lo hago cuando me apetece. ¿Quién te dice, además, que todas esas aventuras no estén ya escritas? Pero tú… Tú no vas a dar crédito a ninguna de ellas. Las ignorarás. No quieres entender que mi viaje es interior.

Aun así, no me parece mala idea dedicarte el libro. Así que tomo aire en abundancia, recordando el pasaje en el que desembarco en la tierra prometida y me revuelco con fruición en sus arenas cálidas, y te dejo una nota sobre la almohada.

“Me voy a ver mundo”.

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2 years 7 months ago

Sutil y directo. Pensé en aquel colchón lleno de barcos y timones que un día tuve que dejar marchar a pesar de los buenos viajes que hicimos juntos. Muy bueno, Erika.

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