Relato 1

Relato 1

Escrito por hitoito el 27 noviembre, 2014

hitoito

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Me han dicho que aquí hay gente de todas formas y colores. Incluso, que hay gente que no parece gente realmente, gente que no se mueve, que está estática. Eso me pone los pelos de punta, ¿sabe?
Creo que la gente debería estar en movimiento; así, como yo, no como usted. Porque usted lleva parado desde que llegué a este lugar y la verdad… creo que no se ha movido desde que comenzamos esta conversación.
Realmente no sé si usted llegará a moverse, aunque solo sea un ápice y eso me escama. No, no es que sospeche de usted, pero me parece bastante raro. No es nada, simple intuición femenina.
No le conozco de nada; tampoco me ha dicho nada desde que he llegado y le he visto, pero parece usted un hombre elegante, con ese traje caro, quizá de algún diseñador de moda italiano. Esa corbata y esos zapatos negros, brillantes y lustrosos. Parece que tiene clase, y un tipo con clase como usted, tan cool… Sí, ese es el adjetivo que le define a usted: cool.
Quizá un tipo tan cool, como lo es usted, no necesite hablar mucho. Vamos… no me diga que con esos ojos tan bonitos… una sola mirada le bastaría para decirlo todo. O quizá… o quizá los tipos con ese buen gusto a la hora de vestir y seguramente, dinero, mucho dinero… ¡muchísimo dinero! ¡Montañas y montañas de pasta! Sí, creo que a un tipo como usted no le hace falta hablar, porque manda a otros que lo hagan por usted. Aunque… yo no veo a nadie que hable por aquí.

Son todos extraños. Todos con esos colores apagados, antinaturales, imposibles. ¡Por Dios! ¡Yo no tengo ese color tan feo de piel! No me mire así. Ya sé que soy preciosa y joven… y sí, las tengo muy bien puestas.
Entre nosotros, ¿quiere que el cuente un secreto? Nunca había visto pieles de esos colores antes. ¿Serán gente importante? Sí, así… como usted… Igual es por esa razón por la que no hablan…
¡No sea tímido, hombre! Diga algo, por favor…
¿Ve?, ninguno mueve sus labios. Sus bocas siempre cerradas. Y… ¡diantre! ¿A dónde habrán ido sus voces?
Quizá ellos no están aquí para hablar… Quizá no han venido a conversar conmigo ni con usted. Seguramente han venido aquí, simplemente, para ser atendidos y nada más. No lo sé. ¡¿Qué voy a saber yo?! Yo tan sólo soy una pobre chica que va a la universidad cuando no está aquí, y me gano mi sueldo de este modo que, por otra parte, es una manera honrada de ganar dinero. Bueno, como dice mi madre: «Cualquier trabajo en el que te ganes tu sueldo con el sudor de tu frente es honrado». ¿No te parece que mi madre es una mujer muy sabia, tipo elegante de ojos brillantes y ese color tan bello…? ¡Uy!, perdón, se me fue un poco la mano con el colorete. Pondré un poco más de maquillaje para disimularlo, así está mejor.

¡Qué guapo estás, tipo elegante del traje caro! En fin…
Otros están esperando allí fuera. No, tipo elegante; no te engañes, no es a ti. Me esperan a mí. ¿Por qué?, te preguntarás… Porque yo les pongo guapos y guapas a todos ellos, ¿entiendes? Hay confianza, podemos tutearnos.
Creo que no lo has entendido. Al fin y al cabo… estás muerto, ¿no?

(Bueno, vamos a por otro…)
Ahora vendrán y te llevarán a una sala iluminada, mucho más bonita que ésta, con flores y adornos.
Buenas noches, señor importante, sin beso porque me llevaría todo tu maquillaje.

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Soy el que escribe en la sombra. El sombrío ser que derrama la tinta sobre el papel mientras todos y todas dormís. El que se oculta tras las palabras con el objetivo de desaparecer con ellas. La vaga y lejana música que suena desde un piano desvencijado por el paso de los años. El encanto de un libro polvoriento que descansa abandonado en algún recóndito estante de una biblioteca desolada.

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