Los años caducados

Los años caducados

Escrito por Rebeka V. el 23 octubre, 2014

Rebeka V.

40 publicaciones

Hace tiempo que no escribes,
que tus letras no acarician
mis retinas, que tus ojos

no se clavan en las palabras.

Te has perdido niña, más en ti
misma que en cualquier poema.
Y ya no sabes cómo salir de aquí.

Me lancé a navegar entre dos orillas
en un barco de pirata y con una
luna atenta a las olas de mi mar.

Cuando la noche se hacía clara
veía más de la cuenta, ahora
que estoy de espaldas sólo me sale
ser de piedra.

He vuelto a verme perdida, buscando
salidas de emergencia y salvavidas,
he vuelto a agarrarme al dolor de
mis costillas.

A besar a kilómetros bocas que
se fugan conmigo, que no miran atrás.

No hay poema que me deshaga, no nací
para brillar pero llevo el sol por
pestañas.

Cuando el corazón se desnuda se quita
todas las capas, y es cuando disfrazada
de poeta me acoplo a la autenticidad

de sus palabras.

Me visto de narcisismo, se me da bien
el hielo que se adhiere a mi piel.
Finjo sonrisas a los conocidos,

dedico carcajadas a los héroes
que aun sentados saben caminar de pie.

Mis penas beben conmigo, las tardes
de domingo se acurrucan en mis venas,
subo para caer de cabeza al olimpo

y me bebo un buen trago del aroma
de unas piernas.

Nunca supe estar quieta, mi cuerpo
desorientado no me ha dejado avanzar bien.

Pero a cada paso que doy mi cabeza
sabe usar el hemisferio correcto
para que no vuelva a caer.

Llevo todo el peso de mis dudas
a mis espaldas, la cara levantada y el coño
por bandera.

Las gotas del sudor que resbala por mi cara,
la bala del cañón acoplada en mi garganta.

No creo en el destino ni en las casualidades,
se me antoja ser de lija y a ratos ser suave.

Necesito sentirme viva entra tanta poesía muerta,
dejar de contar los besos que se caen por el
precipicio de mis labios.

La inspiración descansa desnuda por debajo del colchón,
me viola en cada poema mal escrito.

Anuncia la llegada de otra madera a la que agarrarse
en mitad de este naufragio, en la imparcialidad de
estas dos orillas.

Y si miras más allá de lo que no muestro
solo podrás encontrar a una persona malherida.

Tengo nudos en la garganta a los que les vendría
bien ser desnudados.

El aullido de la gata en las noches de verano,
tengo la punta de los dedos congelados,
la comisura de los labios con una interrogación marcados.

Una nariz que ya no huele ese perfume olvidado,
todas las promesas muertas llorando y tiritando,
las heridas causadas por el roce de unos labios

el sabor que tiene el tiempo por las años caducados.

La soledad se pega a mí, tanto, que hasta las musas
me abandonan, me dejan suplicando, sollozando, palpitando.

Tengo a una aquí a mi lado, me coge, me suelta, me pica y me hiere,
me come, me echa, me mata y me quiere.

Siempre fui la nota que desentonó en mitad de una calle
llena de rostros insensibles a las miradas.

Pero sigo aquí, anclada al pasado como un garabato
en mitad de un muro, una reivindicación a lo invisible.

Rara vez soy normal, completo mis días con pulgares
hacia arriba y el dedo corazón desangrándose le pide

revancha a la vida.

Me gusta volar, al escribir es cuando se ven
más mis alas, pero ahora que me ahogo no me
sirven para nada.

¿Quién me presta su barco de papel para navegar por
el río de las mentiras?

Que yo me dejo llevar cual prerafaelista, dejándome
arrastrar con los brazos abiertos y cara de placer.

Que me siento presa de tanto papel, y con torpeza
escribo y siento, por que a mí esto de la perfección
nunca se me dio bien y respeto a todo ese talento.

Y ahora que no me queda más que decir me callo y miro,
para una vez más coger el bisturí y sangrar
el alma en cada verso podrido.

Publicaciones relacionadas

Rebeka V.

40 publicaciones

Escritora y soñadora en mis ratos libres.

Comparte esta publicación en

Comentarios

Be the First to Comment!

Recibir notificaciones de
avatar

wpDiscuz