ArtglOH! – Imantando puntos cardinales

ArtglOH! – Imantando puntos cardinales

Escrito por Gloria Montenegro el 29 octubre, 2014

Gloria Montenegro

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Καλώς ήλθατε otra semana de ArtglOH!

En el episodio de hoy, y a dos días de una festividad más que famosa en nuestra sociedad, os traigo algo… imantado.

Los polos opuestos se atraen, queridos lectores, y, en el caso de hoy, una servidora quiere ser la mano que junte a estas dos harwinianas. Se trata de nada más y nada menos que Marina dePablo y Samantha, dos prolíferas escritoras que de buena gana me han echado una mano en el texto de hoy.

¿De qué manera? Ya lo veréis, seguid leyendo.

Halloween, el día de Todos los Santos y la Noche de los Difuntos, son tres festividades en las que nos proponemos celebrar y rendir culto a la muerte, cada uno a su manera y de mil y una formas distintas. Si bien la más popular y famosa, que importamos de otras culturas, es la que los jóvenes y no tan jóvenes celebran disfrazándose, dando fiestas o como excusa para pasar algo de miedo, es la que menos publicidad tiene de la que os vengo a hablar: la Noche de los Difuntos.

Existen diversas teorías en cuanto a la ubicación de esta noche y dependiendo de la cultura éstas varían aún más. Pero en todo caso se trata de una noche de espíritus y, en torno a estos, de leyendas y cuentos.

Leyendas y cuentos que nuestros antepasados se han encargado de legarnos y que nuestras escritoras han querido compartir con nosotros.

La señorita Samantha me habla sobre una leyenda que tiene lugar en el norte, en Galicia, donde esta noche es más conocida como O Samaín: Cada año, los habitantes de un pequeño pueblo en la costa del Morrazo caminan por la ruta hacia Cabo Udra la noche de Samaín. Dejan frutas, vino y pan a mitad del camino y entonces regresan a sus casas. Años ha, un marinero se encontraba en la punta más meridional del Cabo Udra. Era casi medianoche y nada había recogido desde que saliera a faenar a media tarde. Su hijo estaría dormido y habría cenado pan, como siempre. Recogió sus bártulos y emprendió el viaje de vuelta. Habiendo recorrido apenas diez metros, algo llamó su atención en el camino. Una luz azul, suave, titilante y del tamaño de un botón, estaba suspendida a escasos 2 metros de él. Se acercó e intentó tocarla pero ésta comenzó a sacudirse y a tornarse verde, se dividió en dos y se introdujo en el hombre a través de sus ojos. Nunca volvió a su hogar. Ese día cumplía 33 años. Los habitantes del pequeño pueblo habían oído hablar de la desaparición pero, como tantos otros, cayó en el olvido. Hasta el año siguiente. Y el siguiente. Y el siguiente. El mismo día, año tras año, alguien desaparecía en las proximidades de este codo en el mar. Nadie encontraba explicación, pero en algún momento de la noche un extraño fogonazo verde iluminaba el cielo de noviembre. Así, durante 33 años. Así, hasta que el pequeño huérfano que cenaba pan cada noche, ahora ya hombre adulto, recorriendo los pasos que su padre había dado 33 años atrás, vio la luz azul, intentó tocarla, ésta se tornó verde y metiéndose en el cuerpo del caminante, padre e hijo volvieron a reunirse. Como 33 años atrás había pasado con su abuelo.

En cuanto al sur, en Andalucía, la señorita Marina dePablo me cuenta una historia legada de su tía abuela, quien nos explica el porqué de esta tradición: Según ella, hubo una vez en los que unos muchachos se colaron en el cementerio y profanaron varias tumbas, colocando señales “no religiosas” en muchas de ellas. El caso es que el día de difuntos se encontraba el cabecilla de este grupo en el cementerio cuando cayó de pronto un rayo que fulminó uno de los árboles más altos del cementerio, partiéndose en dos justo debajo de este profanador de tumbas. No me dijo si era de día o de noche, ya que es tradición en mi pueblo ir a visitar las tumbas de tus seres queridos y dar un paseo nocturno por el cementerio esa noche.

Ya lo veis,  queridos lectores, sea de norte a sur o de este a oeste, una servidora está segura de que este tipo de historias nos acompañarán durante años si nos sentamos al pie de una ‘lareira’ y nos prestamos a escucharlas, ya sean de nuestros familiares o amigos. Os aseguro que siempre merece la pena.

Y por último os insto, queridos amigos, a que nos contéis vuestras historias, leyendas, cuentos que tengan que ver con estas tenebrosas, oscuras, terroríficas, paranormales noches (como diría Iker Jiménez). ¿Cómo? Sencillo: a través de Harwin. Animaos a uniros a nuestra comunidad de escritores. ¡Os esperamos con las alas abiertas!

Por hoy me despido. Os espero la próxima semana con… Tendréis que volver para descubrir qué voy a tratar en el siguiente capítulo de ArtglOH!

Μέχρι την επόμενη εβδομάδα

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