Otro poema absurdo

Otro poema absurdo

Escrito por Rebeka V. el 15 septiembre, 2014

Rebeka V.

39 publicaciones

Esto es otro escrito absurdo,
otro papel en blanco,
otro garabato burdo,
otro mundo en mi pequeño espacio.

Me levanto las sábanas para verme coger vuelo,
me despego del suelo, sujetándome a lo poco
que me queda de consuelo.

Me rindo, sueño, lloro, tiemblo, duermo.
Sujeto lo que se me escapa, adoro
cuando el silencio habla.

Salgo a la calle llena de vida, me pierdo en mí misma
muerta de nada, me quito la ropa con tanta prisa
que hasta del pecho el corazón se me separa.

Me miro en el espejo de los años rotos, el rostro ha cambiado,
la niña tiene otros ojos, pero su sonrisa aún sigue jugando.

Me quedo aquí contigo, en el magma de la tierra latente,
estoy a punto de hundirme, nadie puede detenerme.

Me ríes con sonrisa de hoyuelo izquierdo, agarras mi mano.
Me lanzas al fondo de tu abrazo y rompes en pedazos.

Te quemas conmigo, me haces ser fuerte, desde tu infierno
al mío, sólo un latido nos sostiene.

Sabes tan bien como yo que mi estado mental
es verso y abismo, por eso te has cosido las alas
justo por debajo de mi ombligo.

Que nosotros le hacemos perder la cabeza al amor
y anda por ahí loco, tantos locos ya han perdido
la razón que los cerezos se han vuelto mocos.

Estar jodida y no follada, ésa es la gran putada,
y dicen que mis palabras son sucias, pues lame
todas las heridas que me las empañan.

Me siento debajo de este árbol, tan sabio y lleno de vida,
tan alto que sus ramas son mis brazos, tan manso
que me duermo en las esquinas.

Su misión es darte aliento, paz, vida, el oxígeno
de tu pulmón y los sueños que se quedan en ruinas.

También ser fuerte, merecedor del planeta, bohemio
consejero y profeta, ser libro, hoja, hacerte volar,

el mayor orgullo de un árbol es hacerte palpitar.

Te publico con arte tantísimo desastre, machaco palabras,
hago destrozos a la métrica, le escribo a la luna,

ella nunca falta en mi poema.

Acabé bebiéndome el corazón a palo seco
de tanta sed que me diste.

Y por querer jugar contigo al despiste
acabé por convertirme en chiste.

Que sonreír no es enseñar los dientes,
es partirte la boca por intentar ser feliz.

Y sonreír es verme en tus ojos, y vivir
es respirarte, y morir es estar sin ti.

Desde mi infierno hay varias puertas
que te conducen al cielo.

Asegúrate de que abres la correcta
y me verás arracarme el pecho,

envolverlo en regalo y dártelo a ti,
porque de tantas metas que he alcanzado
la única que me falta es la que me lleva

hacia tu magnifico jardín.

Voy a plantar un jardín de versos para
que te crezca la primavera cada vez
que tú quieras.

Y Benedetti, desde el cielo, escriba
un poema en forma de cometa.

Y ahora que estoy luchando por abrir
los ojos con más cielo que estrellas.

Resulta ser que los tenía tapiados
por un gran campo de mierda.

Necesito despertar, cocaína o alquitrán en
vena, lo que sea, me da igual, pero quiero
lunas llenas.

Necesito que me mates, para que pueda sentir
algo, asfixiarme hasta ahogarme y que me
resuciten tus labios.

Necesito café, no sé, necesito heroína,
necesito un mundo diminuto entre gigantes
con molinos extremeños.

Pero como no tengo nada de eso, mi cielo
estrellado…

Me colocaré a palabras que me hacen
revivir cada vez que me mato.

Quiero tu tesoro entre mis piernas,
tu amor en vaso de chupito.

Quiero y te quiero, y por eso escribo,
y por eso busco este consuelo.

Ya no tengo nada que excite a este corazón
medio parado, sólo un rostro en una lejanía
que me ayuda a que siga bombeando.

Y no veo amapolas, y no veo primaveras,
y no veo a Don Quijote ni a su dulce
Dulcinea.

Yo te imagino en papiros amarillentos,
atropellados por las riendas de carrozas
y en las zarpas de caballos.

Mil caricias color rosa.

Hazme dormir aquí que mis ojos
no se cierran, que como esta perra
no tiene dueño…

ya ni ladra ni jadea.

Necesito té, te necesito, ábreme
los ojos de una puta vez
que ya me siento Lazarillo.

Cantan los grillos, se mueren de risa,
las pupilas se dilatan y me arden
las cornisas.

Trepo por tu piel y me anclo en tu pecho
que late tan fuerte como un bebé cuando
acaba de nacer y desgarra

como nunca jamás nadie lo había hecho.

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Escritora y soñadora en mis ratos libres.

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