En esa tilde me maté yo

En esa tilde me maté yo

Escrito por María Pei el 11 septiembre, 2014

María Pei

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Esta entrada va de escritura. De la mala, concretamente. De la horrible y perversa escritura. Del trauma y el hastío que tengo de haber estado en los últimos años recibiendo correos de profesores (SOCORRO) que «cambiaban la fecha de su exámen»; de aprovechar ofertas en entradas que ofrecen un «descuento en el Abono Jóven»; de ver anuncios de esos nuevos talentos que se han formado como «asesores de imágen»; y de comprarme el primero, y sólo el primero, de los fascículos de cualquier colección inservible que llene los quioscos en septiembre porque el más barato es el «volúmen de lanzamiento».

Esta escalofriante práctica es sólo una de las recogidas en el apasionante artículo 38 palabras que solemos escribir con tilde y no la llevan, que si no conocéis o, peor, que si conocéis y no habéis empezado a aplicar, DEBERÍAIS MORIR.

Volviendo al primer párrafo. ¿Qué ocurre con esas palabras malditas? ¿Por qué la gente se empeña en ponerles esa tilde cual palillo de aceituna, que se lo clavas a la primera que pillas? Podría decir que parte del horror viene del sinsentido y aleatoriedad de esa decisión (como casi siempre), pero aunque parezca imposible me queda algo de fe en la humanidad para pensar que en realidad el error viene del fascinante suceso que une todas estas palabras: no llevan tilde en singular, pero sí en plural. ¿Magia? ¿La RAE nos odia? No y sí son las respuestas a esas preguntas.

Sin embargo, la clave de este fenómeno de tildes fantasmales es mucho más sencilla: las sílabas. Además, las dos líneas en las que se explica la tilde juguetona son de las más básicas de la ortografía, probablemente las únicas que tengáis forjadas a fuego en la memoria gracias a esos repetitivos y, qué duda cabe, utilísimos métodos de enseñanza propios de la LOGSE: Las palabras llanas que terminen en vocal, ene o ese NUNCA llevan tilde y, por qué negarlo, la favorita de todos: Las esdrújulas SIEMPRE se acentúan. Nigromancia evaporada de la sospecha, todo quedaba en ver que el tamaño sí importa y, por lo tanto, cuando se forma el plural y la palabra crece, se transforma y le brota una bonita tilde en la vocal correspondiente.

¿En serio es tan difícil? Yo creo que no.

tildefantasma

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