Escribiendo…

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Escrito por Rebeka V. el 14 julio, 2014

Rebeka V.

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Voy a escribir sobre la manera en que las estaciones pasan desapercibidas, de cómo nos comemos las ganas y compartimos manzanas prohibidas. Del azul del cielo en el mar reflejando lo celestial de un mundo hecho mierda, de la risa de los niños jugando apresurados sin saber que el tiempo los espera. De las nubes y sus formas imaginarias, de cómo vemos dragones y brujas y amapolas y sandalias. De la cordura jugando al escondite con la locura, de la capa del corazón que se desgasta cuando rompen su estructura. De la luna, cómo no, de las estrellas y planetas, de cómo desde un mirador el pequeño mundo que me rodea se levanta y jadea. De la cerveza compartida en tardes de Pardo textil. De las risas que se cuelan por las esquinas de los poros. De la lucha cuerpo a cuerpo y de cómo nos amamos solos. Escribir del mar y de su espuma, de cómo se pierde el sol y apaga su calor para que veas a su amada luna. De la carne y el pecado, de la navaja en la arteria clavada, del dolor en el pecho y del abrazo que apuñala. De ti, de mí, de todos, de nada. De subir y bajar de la noria sin quedarse estancada, del grito cuando caes al vacío con el eco de la victoria. Del color de unos labios que te besan esas fobias. Escribiré de las manzanas que se muerden, del verde de la hierba helada. Del suspiro que se pierde, de las miradas que aman.

Escribir con los dedos para sangrar con las palabras, escribir como si estuviera en el útero y la vida se propagara. Rescribirte, vivirte, sentirte, salirme con la mía para que no vuelvas a irte. Definirte en una caricia cuando el verso no diga tanto, soportar todas tus neuras, pataletas y desencantos. Escribir del amor y el desamor pues en el amor todos somos víctimas, un blanco fácil, una línea discontinua.

Afortunados serán aquéllos que logren plantarle cara, o aquéllos que lo encuentren, también serán valientes los que se arriesguen, los que tropiecen mil veces y sigan caminando hacia él.

Las manos entrelazadas un enero con el frío a las espaldas pero el alma bien caliente. Las cosquillas bajo unas sábanas que se confiesan en pecado, la risa colocándose de sonrisas. La borrachera de caricias bajo la mirada inquieta de dos niños que se buscan sin parar. La parada del tiempo cuando todo vuela y se te despeina el alma. La paz en toda guerra después de una lucha de corazones, de una sobredosis de saliva. Afortunados serán ésos que le canten a la vida, que revienten sus guitarras a acordes punzantes, que no juzguen al amor por sexo, color de piel o cultura. Solitarios serán esos poetas que se abran el pecho a poemas, que lloren sus lágrimas y penas en cada letra. Cobardes serán aquéllos que no se atrevan, que estén perdidos, que no vean la salida de emergencia o el hogar para anclarse a unos brazos que sólo buscan que los quieran. Desgraciados serán los rotos por dentro, los heridos, los que no logran juntar todas las piezas de ese puzle tan jodido de resolver. Héroes serán todos aquéllos que se lancen de cabeza a conquistar todas las sonrisas, que griten hasta perder la voz lo hermoso que es cuando la sangre altera a la primavera, lo preciosos que son sus ojos al reflejarse la luna llena, héroes que llevan la capa en el alma y la dejan volar sin alas aunque el suelo estrelle aquellos días, momentos, meses e incluso años, daños, arañazos de promesas perdidas, aunque las fuerzas flaqueen a veces y se mantenga abierta la herida.

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Escritora y soñadora en mis ratos libres.

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