Su ticket

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Escrito por Siseia Olvidio el 2 mayo, 2014

Siseia Olvidio

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Camina sinuosamente, como una serpiente contoneando su cuerpo, avisando con el cascabel óptico de sus caderas lo venenosa que es. Hipnotizado, alienado por sus curvas, la sigo, temerario, embriagado por el perfume a hembra de su cuerpo. Va envuelta en licra, más obscena que si fuese desnuda. Su oscura melena se derrama sobre su espalda, se la recoge a un lado y aprovecha para mirar si sigo su estela flamígera.

Se para delante de una puerta, se inclina un poco hacia delante mostrándome su trasero. Yo, pobre pelele, me acerco a ella notando el calor de su cuerpo. Abre y con un gesto rápido me adentra en la habitación.

Me pide que pase al baño, me desnude y lave mi polla. Me seco con una toalla que hay precintada sobre el lavabo. Salgo limpio y empalmado, ella me espera aún vestida, me da un envoltorio, obvio un preservativo, me lo pongo y sin más palabras ella se pone de espaldas a mí, se sube el vestido, separa sus piernas, se escupe en su mano y restriega la saliva por su coño.

Busco su lubricada hendidura, el roce de sus muslos, el aroma a mi sexo hace que la penetre rápidamente y entonces es ella la que se mueve, briosa yegua, prieta con abundantes carnes. Dios, qué espectáculo, no sé cuánto voy a aguantar. No, aún no quiero correrme, me pide que la azote. Puta mierda, no he podido aguantar más. Ahora es ella la que va al baño, deja la puerta abierta y la veo cómo se sienta en el bidé para lavarse. Yo me quito el preservativo, lo tiro a la papelera cercana, salgo de la habitación y paso por caja para pagar.

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Vivo mi muerte tan rápido como bebo mi vida.

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