Películas

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Escrito por Henrietta Chinaski el 2 mayo, 2014

Henrietta Chinaski

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Estábamos tumbados, cada uno en un sofá.
Con la mirada fija en la televisión. Él estaba
viendo una película pirata que le habían prestado,
creo recordar que era de acción (toda la acción
que a él le faltaba). Yo hacía tiempo que no le prestaba
ya atención a él. Y él hacía tiempo que intentaba engañarse
pensando que, simplemente, me aburrían esas películas.
Cada sábado noche era la misma rutina, nos duchábamos,
cenábamos y mirábamos esas malditas películas que le
dejaba un compañero de trabajo. Luego, yo, esperaba
a que se fuera a la cama temprano, suplicando para que
tuviera baja la libido y no me hiciera follar.
Más tarde, yo me masturbaba con el canal Playboy;
tardaba casi dos horas en correrme, nunca me han gustado
las rubias siliconadas. No me meto en el papel de ninguna
de ellas. Me quedé mirándole fijamente y le pregunté:
"Si yo muriera… ¿me esperarías o estarías con otra tía?"
No me miró con sorpresa, ya estaba acostumbrado a ese
tipo de preguntas. Contestó: "Tendría que rehacer mi vida,
sería egoísta por tu parte querer que pase toda la vida solo".
Bah, en realidad me daba igual lo que hiciera con su vida.
En ese momento, yo supe qué quería hacer con la mía.
Al otro día, le dije que ya no le quería. Vendimos el piso.
Él se quedó con el DVD.
 
 
 
(Curiosamente, la cosa va de películas)
 
 
 
Acabábamos de tragarnos 'Braveheart'. No puedo decir
con exactitud cuántas veces he visto esa película, sólo
sé que era la primera vez que la veía con alguien.
Cuando terminó, yo no paraba de llorar. Me daba pena
William Wallace, aunque también pensaba que se merecía
morir por haber traicionado el amor de su esposa;
más allá de la muerte. Ya lo decían en 'La princesa prometida':
"La muerte no detiene al amor, lo único que puede hacer es
demorarlo". Y ese cabrón de Wallace se había olvidado de eso
y se había involucrado con la tipeja esa, la princesa francesa.
En fin, a lo que iba, me quedé mirándole fijamente y le espeté:
"Eh, imagina que tú eres William y yo tu esposa; entonces muero.
¿Qué harías tú? ¿Te irías con la puta francesa esa?" Me miró
sonriendo y me soltó: "Sí, pero luego, cuando muriera yo también,
te buscaría y pasaríamos la eternidad juntos".
Pero a mí no me convenció esa respuesta. A partir de ahí,
empecé a pensar que a mí en el estómago no me danzaba nada
cuando me besaba. Y en lo mucho que me jodía encontrarme con él
los miércoles al mediodía, o tener que madrugar los domingos
porque a él le saliera de la polla no perder el tiempo en la cama.
Esta vez, el DVD me lo quedé yo. Para eso era mío.
 
 
 
Recuerdo que estábamos hablando de nuestras películas
favoritas, le enumero una gran lista. Le explico que 'Braveheart'
entra dentro de esa lista, a pesar de esa pequeña pega. Él me
dice que entiende mi postura, pero que también entiende a
Wallace. Yo no lo entiendo a él. ¿Cómo cojones puede entederlo?
Le explico mi teoría, le cito la frase de 'La princesa prometida'.
Y entonces va y me deja sin palabras:
"¿Y si tú fueras la princesa y yo fuera William?"
Me rompe los esquemas, me palpita el corazón, mariposas
caníbales me destrozan la boca del estómago.
Otro día, estábamos recostados en su cama. Acabábamos
de ver un episodio de 'Spartacus', donde su esposa, Sura,
muere entre sus brazos. Entonces se me viene a la cabeza.
Tengo algunas dudas de su amor por mí, la verdad.
(Siempre tengo dudas cuando me va a entrar la regla)
Me autoconvenzo de que si responde adecuadamente,
quiero pasar el resto de la vida a su lado. ¡Qué coño!
Os diré la verdad. Ya estaba convencida de ello, jajaja.
Me quedo mirándolo fijamente a los ojos, le beso la barbilla,
acaricio su abdomen. Ahí va:
"Oye, si yo muriera… ¿me esperarías? Es decir… ¿estarías
con otra tía? Yo te esperaría a ti".
(Quiero asegurarme de que responde correctamente)
Me abraza fuertemente, aparta un mechón de pelo de mi cara,
me besa suavemente la punta de la nariz:
"Claro que te esperaría, yo sólo te voy a querer a ti".
No tenemos DVD. (Ni canal Playboy). Ni lo queremos.
 
 
 
 
Todas las situaciones aquí expuestas, son pura ficción.
Cualquier parecido con la realidad, es una puñetera coincidencia.

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