Nieva en Valladolid

Nieva en Valladolid

Escrito por Gloria Montenegro el 12 mayo, 2014

Gloria Montenegro

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Miles de millones de “innombrables” se agolpan en las calles de Valladolid.
Las palomas rebuscan entre lo que parecen migas de pan, anhelando que sus deseos se hagan realidad.
Ilusas.

No saben que en realidad todo lo que tocan son sueños.
Sueños rotos de un niño solitario sentado en una mesa de ping-pong observando, impasible a estímulos, cómo otros pequeños juegan en el parque que tienen a menos de diez metros.
Sueños románticos de una pareja que, recostados en una toalla, juegan a quererse y diciéndose estupideces como «te quiero» crean hipotéticos futuros que ambos saben que jamás ocurrirán.
Sueños fragmentados de un anciano que ejercita su cuerpo esperando a que la muerte lo llame de una vez por todas y así dejar de sufrir por no poder seguir pintando como hacía en otros tiempos que ya no consigue recordar con claridad.
 
Todo tipo de sueños se agolpan en las calles de Valladolid. La gente parece haberse olvidado de lo que son y los apartan en cuanto una ráfaga de viento los empuja. Su cara se arruga y su mirada se oscurece, los repudian. ¿No ven lo que tienen delante? ¿La oportunidad que el mundo les brinda?
Insensatos.

Pero ella no es como el resto. Ella es atrevida, curiosa, no pierde la oportunidad de experimentar algo nuevo.
Una ráfaga de viento hizo que hoy nevase en Valladolid y ella aprovechó la oportunidad. Cogió uno de esos sueños y tuvo la suerte de apreciar la alegría de un niño pequeño. Sintió esa extraña pero intensa sensación que se tiene cuando coges una pompa de jabón y ves, durante una milésima de segundo, que no explota en tus manos… aunque luego se destruya. Pero ella abrió su mano y ahí estaba: un “innombrable” dentro de su mano, casi intacto. Decidió soltarlo, dejar que otra persona curiosa se atreviese a experimentar.
Sin embargo, al instante, una sonrisa creció dentro de su alma y estalló en su cara sin poder remediarlo. «Loca», podrían llegar a pensar. Quizá. Pero gracias a ese atrevimiento ella fue feliz, y pensó que nada la podría parar, que se podría comer el mundo con patatas y disfrutar de un buen postre con crema y chocolate blanco.

Porque hoy, 6 de Mayo de 2014, ha nevado en Valladolid y los “innombrables” se agolpan por las calles esperando a ser sentidos. 

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