La no tan dulce Carolina (3ª parte)

La no tan dulce Carolina (3ª parte)

Escrito por Gloria Montenegro el 6 mayo, 2014

Gloria Montenegro

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Sábado 9, 10.56.

No podía más. Sentía como cada poro de su piel se quejaba del dolor. No era capaz de levantar los párpados. Aquella hermosa dominatrix había conseguido su propósito.

Después de probar el cuero le golpeó poco a poco por todo el cuerpo, cada vez más cerca… se temía lo peor. Pero ella supo compensarlo. Con cada impacto de su fusta, y el dolor que ésta provocaba, ella le lamía. Le pasaba la lengua con dulzura, como si quisiera pedir perdón. Llegó un momento en el gozo era tal que ya no conseguía notar la diferencia entre ambos y tenía que abrir los ojos para observar quién de los dos personajes era el que me proporcionaba aquella sensación.
 

El cabezal de su cama temblaba cada vez más, quería deshacerse de esas estúpidas esposas que le imposibilitaban el movimiento, poder cogerle la cabeza e indicarle que ansiaba que ya no sólo fuera su lengua, sino toda su boca, la que le proporcionase placer. Y así sucumbió al objetivo: «¡Suéltame ya, joder! ¡Te lo suplico!».
Y así fue como Carolina se apartó el pelo, levantó la mirada y se inclinó sobre él para liberarlo.

Aquélla había sido la noche más extraña e increíble que jamás hubiese imaginado pasar con una mujer. Él. Un sumiso a los mandos de una tía. Inconcebible…
Abrió los ojos y allí estaba aquella melena negra, las ondas, que terminaban a la altura de sus pechos, cubrían su cara e impedían que pudiese apreciar cómo descansaba aquella preciosa dominatrix. Sintió la necesidad de apartárselas para poder disfrutar de aquel rostro descansado, con una expresión completamente distinta a la que había visto hasta ahora, pero en el momento en el que levantó su mano, ella alzó su cara y, apartándose el pelo, le dio los buenos días.

—¿Cómo te encuentras?
Como si cincuenta tanques me hubiesen pasado por encima.
Nada que un buen desayuno no pueda curar. ¿Qué te apetece?
Si pudieses darme leche con Cola Cao y algo de comer, te lo agradecería.
Claro. No te levantes.
No creo que pueda.
 
Tras terminar un buen desayuno en cama, Carolina se acercó a aquellos intensos ojos claros y le dijo:

Creo que deberías irte ya.
¿Por qué? ¿No vives sola?
Sí, pero resulta peligroso que te quedes durante mucho tiempo.
¿Ah, sí? Y eso ¿por qué?
Porque puede llegar a gustarme lo que veo, eso hará que me gustes y no deseo algo así.  
Siento decirte que en mi caso ya es algo tarde. 

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La cultura, si no la defendemos nosotros, no se defiende por sí sola. "Una lengua es más que una obra de arte; es matriz inagotable de obras de arte" Castelao

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