La no tan dulce Carolina

La no tan dulce Carolina

Escrito por Gloria Montenegro el 14 abril, 2014

Gloria Montenegro

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La Dulce niña Carolina ya no era tan dulce ni tan niña.

Los años la habían consumido, con cada nuevo hombre que aparecía se ilusionaba, se convencía de que éste podría ser distinto, y eso le hacían creer. 
Cada nuevo individuo la engatusaba y ella se exponía, entregaba su cuerpo y alma al placer de la lujuria, a la calma del cariño y a la paciencia de la amistad. Se desnudaba para ellos mientras se convertía en lo que ellos quisieran. Había pasado por todos los personajes posibles: esclava, princesa, perra, putilla…  y, el que Carolina prefería, dominatrix.

Le encantaba ese personaje, aunque pocos tíos estaban dispuestos a convertirse en sumisos. Adoraba aplastar a los hombres, hacerles sentir que era ella quien dominaba la situación, que los tenía a su merced y castigarlos por los motivos más dispares.

Al fin y al cabo, era el único momento en su vida que se sentía poderosa. «Y, joder, cómo lo disfruto…»
Así era ella, una dominatrix atrapada en el cuerpo y mente de una princesa ilusa dentro de un falso cuento de hadas. Una estúpida ingenua que empezaba de cero con cada hombre nuevo que conocía, como si nada de lo anterior hubiese pasado. No era capaz de aprender la lección.

Pobre insensata.
 

Viernes 8, poesia:57

«Ya va siendo hora de moverse. Espero que Ángel tenga preparado lo mío»:

Carolina se terminó de arreglar el pelo (le gustaba cómo le quedan las ondas negras sobre sus pechos), cogió las llaves, se ajustó el largo del vestido azul eléctrico y se encaró a la aventura de otro viernes más.

Cogió su cóctel, «sin duda Ángel cada viernes se supera, ¡joder, qué bueno!» y se fue directa a la esquina izquierda del local. Era tranquilo, solitario y poco iluminado, quizá era a colación de uno de los subwoofers, pero a ella le encantaba notar la vibración de los graves de las canciones, semejaba que su corazón dejaba de latir para dejar que los diferentes ritmos de la música guiasen la sangre por su cuerpo… Los tonos agudos le taladraban la cabeza, no los soportaba; no después de tantos años como soprano en aquel lugar.

Sonaba 'Kill of the night'. Se dejó llevar por el bajo, bailaba con los ojos cerrados, moviendo la cabeza de un lado a otro, mientras las ondas de su pelo le golpeaban la cara…

«I'm gonna catch ya
I'm gonna get ya, get ya
Oh, ah, oh
I wanna taste the way that you bleed, oh
You're my kill of the night
»
 
«Es la canción ideal. La próxima vez, me servirá de inspiración, ¡seguro!»

Y entonces sus ojos fueron a parar a los de él. Unos ojos claros, penetrantes, intensos. La miraba con curiosidad, con una sonrisa de medio lado como si le divirtiera verla bailar.

Carolina pensó que ojalá se dejara esposar y fustigar. «Me encantaría poder dejarle esa cara marcada de cuero trenzado. El rojo de su cara haría un buen contraste con sus ojos claros».
 
Y, sin pensarlo dos veces, se acercó a él y le dijo…
 
 

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