El silencio hablado

El silencio hablado

Escrito por Marina DePablo el 23 abril, 2014

Marina DePablo

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Oportuna mirada que captas desde el otro lado de la habitación.
No hay mejor exposición lingüística que la que derrochamos con una mirada.
Y ahí estas tú, monologueándome sin más.
¡Ya sé, que tenga cuidado! me dices con los ojos muy abiertos y las cejas enmarcando tu mirada.
¡No he podido hacer otra cosa! le respondo del mismo modo, pero subiendo los hombros.
¡Te lo dije! me replicas con esa mirada que tanto coraje me da, mientras sólo subes una ceja y sonríes con aire de: ¡A que joroba que te lo hagan!
¿Por qué me metes caña? le grito con mis ojos, abiertos como el día, y mis cejas con forma de tilde acentuada.
Mirada de satisfacción  ¡oh, no, ésa no!  
Mirada relajada, confiada, y las comisuras de sus labios levemente arqueadas hacia arriba.
Mirada de: ¡Sabes que en el fondo me gusta tener razón!.
¡No sabes cuánto te odio! le espeto chillando para mis adentros. Mirada punzante, con los parpados levemente cerrados y el juego de nariz-boca: boca intentando llegar a la nariz, y nariz intentando conquistar la boca.
¡Vale, lo siento! me dice con su mirada condescendiente y sonrisa pacífica.
¿Hacemos las paces? le digo con mi sonrisa y con un suave parpadeo, como a él le gusta.
Yo le doy un beso, le acaricio el pelo y le doy una leve palmada en el trasero.
Él me responde con sonrisa picante y picarona y mirada de: ¡Lo que me estoy imaginando!

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Soy un párrafo por escribir

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