El Requiem como himno oficial

El Requiem como himno oficial

Escrito por Mr Ignominioso el 3 abril, 2014

Mr Ignominioso

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La estrechez de nuestro límite de actuación, la poca holgura que nos dejan para respirar y actuar, la victoria de la política del miedo, la aceptación de las correas, la sumisión interiorizada hasta niveles de la Inquisición. La cobardía asimilada, la reestructuración cognitiva patrocinada por Ikea, la venda antes de la herida y antes del cóctel molotov, pedir perdón antes de hablar, matizar antes de opinar, arrodillarse antes de pecar.

La siesta de los españoles, la corrupción como eje de crecimiento, el tráfico de influencias a destajo, la falta de autocrítica como pilar, el rumor y el toque de queda como doctrina, la violencia estatal contra los propios españoles como cotidianeidad, la foto retocada por El Corte Inglés como escudo y el réquiem como himno oficial de la patria.

La individualidad permanente, promocionada, gratuita, la soberbia, los castillos en el aire, las falsas expectativas y los ridículos sueños materiales que se imponen a la lógica y a la coherencia, la comodidad como estandarte de un futuro que nos hacen tragar con electroshock. La adaptación a la incultura, el querer destacar ridiculizando a los demás, el orgullo aplaudiendo su propio semen nauseabundo, la vuelta del obrero de derechas por desconocimiento y miedo, la lapidación de la propia zona de confort, la defecación como sistema de vida, el silencio de la libertad.

La permisividad de lo ambiguo sin criterio, la corrección y la educación examinadas por prejuiciosos sanedrines de frígidas, yonquis, nazis y mujeres machistas, la rigidez de las tradiciones por motivos económicos, el refuerzo de lo nocivo y de la ignorancia, el aplauso al que más grita, el monumento después de la humillación, la creencia que tienen de que somos tontos y que nos pueden engañar, la puta relajación que tenemos y que les da la razón.

La amnesia de las infantas, las mentiras de los banqueros, las concesiones y complicidades de los sindicatos, las cortinas de humo de los políticos, el guiño y la palmadita de los periodistas, la maquinaria asesina volviendo a las andadas, la marca España tatuada en el ADN a hostias.

Qué poquito me gusta ser de aquí.

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