Problemas del Valle Inquietante

Problemas del Valle Inquietante

Escrito por Dianogos el 17 marzo, 2014

Dianogos

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(Extracto del artículo "El Valle Inquietante o la desconfianza de lo real")

Cuando miramos a alguien y en el fondo sabemos que no es real, o al menos dentro de nuestros parámetros de lo que creemos real, ese momento en el que fallan los gestos, las miradas, la sonrisa forzada o las texturas de la piel. ¿Os acordáis cuando Deckard interrogaba al Replicante haciéndole preguntas sin sentido? Esa mágica ignorancia que hace de un supuesto ser con alma algo menos que un humano.

Ojo realizado en 3d

Porque somos lo más importante, antropocéntricos, creyentes de deidades multiformes, occidentales, heterosexuales y de clase media. Intentamos crear a nuestra imagen y semejanza algo que destruir, algo con lo que declararnos dioses sin miedo a represalias. Lo creado por nosotros nunca será, según algunos como Masahiro Mori, humano. Porque siempre caerá en ese Valle Inquietante que nos indicará que algo falla, que no nos enfrentamos a algo "real", con sentimientos.

No nos cuesta disparar contra enemigos en un videojuego porque ni siquiera llegan a ese valle, porque no son reales ni realistas por mucho polígono que los forme. Sin embargo nos cuesta trabajo apuntar a la cara de un personaje fotorrealista, erigido como paladín de la búsqueda de nosotros mismos  través de avatares lúdico-reales. Queremos otras vidas, las queremos a nuestra imagen y semejanza pero sin moral ni ética. Queremos inmortalidad autoinfligida, poder absoluto sobre nuestras pertenencias, queremos un Diógenes cibernético que se parezca tanto a nosotros que nos haga olvidar la "otra" realidad, la nuestra.


Entre la ironía narrativa y el juego forzado, la vida virtual y la vida física. Ya no distingo realidades, porque ambas se fusionan sin forzarlas. Matrix no es necesario en estos momentos, porque Facebook, Twitter, Instagram, Harwin o cualquier otro medio de masas ya controla nuestros recuerdos, los acapara y guarda para proporcionar una energía al sistema Internet que dé luz al verdadero oficio de esta red: el control total y absoluto de la Humanidad. Y gratis, sin preguntar y con millones de avatares reales pidiendo el acceso a ser controlados.

El Valle Inquietante nos separa aun de la otra realidad pero no del todo. Ya existen momentos en los que dos personas se enamoran sin haberse hablado jamás, sin siquiera conocer sus nombres: con tan solo ver su preciosa cara de elfa de la noche, el joven Tauren de nivel 20 comienza a hacerse pajas cada noche mientras chatea con ella (¿él?) sobre el juego. Como decía alguien en alguna película de culto: máquinas haciendo máquinas… qué obsceno. Yo añadiría: avatares humanos haciendo de humanos… qué guarrada.

Ghost in the Shell nos daba pistas sobre este valle y desde que la vi me surgió una pregunta: ¿hasta dónde llega nuestra capacidad de amar? En este mundo materialista lleno de amor por lo económicamente valioso, ¿dejaríamos de lado el valle inquietante y amaríamos a una máquina? ¿Dejaría la máquina de serlo? Y en los videojuegos, ¿mataríamos con menos dolor a personajes no fotorrealistas? ¿Qué exactamente nos convierte en psicópatas/asesinos en estas situaciones?

Dejo de hacer(me) preguntas y postulo: a día de hoy sigue existiendo el Valle Inquietante porque nos interesa que exista. Ir más allá sería evolucionar, incluir sexualidades, derechos, leyes, peligros, novedades, racismos, muerte.

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Educador con aires de escritor. Con muchas ideas que acabaron en un saco tan grande que acabamos llamándolo Harwin.

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