Los sueños carnavaleros de Mr Ignominioso

Los sueños carnavaleros de Mr Ignominioso

Escrito por Harwin el 18 febrero, 2014

Harwin

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Es difícil explicar la emoción que un amante del carnaval siente cuando faltan unas horas para que el teatro Falla abra el telón y se anuncie la salida al escenario del primer coro del carnaval. El tanguillo será el anfitrión primero que dará el pistoletazo de salida. Y a partir de ahí podremos disfrutar de lo que se convertirá en la banda sonora de ese año y parte del siguiente. Disfrutaremos como niños con las coplas que volveremos a escuchar una y otra vez durante muchos días, semanas, meses y seguro que algunas durante años. Muchos llevamos meses soñando y especulando con los tipos, con los forillos, soñando ese pasodoble a la musa, esa crítica social, esos finales de popurrí que hacen saltar las lágrimas y esas coplas para las que siempre encontramos un momento y una ocasión de cantar, escuchar y vivir.

Soñamos con ese estribillo que repetiremos una y otra vez, que sonará en nuestras cabezas, que escucharemos en esas calles. Soñamos con pintarnos las caras, quitarnos las caretas cotidianas y ponernos los disfraces que nos llevarán por las calles, por los rincones de ciudades y pueblos que por unas semanas se convierten en el mayor teatro del mundo. Y en cada rincón un espectáculo, una agrupación, unas voces, el sonido de una guitarra, el bombo, la caja, un pito de carnaval, una bandurria, un coro, un tango… ¡Ay, ese tango! Esos vellitos de punta solo con escuchar un punteao de una comparsa, con intuir que empieza el pasacalles. Esa carne de gallina, esos ojos como platos cada vez que se apaga la luz y vemos levantarse ese telón rojo. Esa sonrisa que se nos pone a todos los carnavaleros cuando esa tela roja que es el telón del Gran Teatro Falla se va a levantar. Esa espera, esa ilusión por saber qué habrá al otro lado, cuál será el tipo, cuál será esa presentación que no olvidaremos nunca. Ese gran teatro que bulle invitando a decir “ole, ole y ole, y al que no diga ole ¡que se le seque la yerbabuena!”. ¡Ay, benditos oles! Benditos cuartetos que nos hacen reír, ¡que nos embrujan con sus actuaciones! Benditas guitarras que nos hipnotizan, bendito sonido del bombo de la caja, del pito de carnaval, benditas voces, benditos estribillos, tan mágicos que es inevitable repetirlos una y otra vez. Soñemos, queridos carnavaleros, sigamos soñando con esas coplas, esas butacas, ese paraíso de cartón piedra.

No perdamos la ilusión de soñar con nuestro carnaval, nuestros pasodobles, nuestros tangos, nuestras presentaciones, nuestros popurrís. Pero este es el mes de dejar de soñarlo y empezar a vivirlo, a disfrutarlo y a vibrarlo, es el momento de emocionarnos, de reír y llorar al mismo tiempo. Así que abrid bien los oídos y dejad que el veneno os invada, que la música recorra vuestro cuerpo, y que esas voces canten con nuestra propia voz.

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