Lastres

Lastres

Escrito por Dianogos el 12 febrero, 2014

Dianogos

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Coger de la mano, prometer una eternidad, procurar un encuentro fortuito, recibir una caricia, la primera lágrima sobre tu hombro, creerle.
Compartir músicas, hacerle el amor lento, hacerle el amor salvajemente, dedicarle una sonrisa, contarle un secreto.
Pasear por tu barrio favorito, escucharle algo inconfesable, apoyarle, subir cuestas interminables con las bolsas de la compra, contar hasta diez más de diez veces.

Conocer a sus amigas, presentarle a los tuyos.

La vida pasa por los deseos de un esquizofrénico, es amasada por las manos de los niños que olieron por primera vez la plastilina, abducida por seres de otro mundo incomprensible y devuelta a nuestros cerebros totalmente desconfigurada y usada. Y es ahí donde comenzamos a desbeberla a utilizarla sin manual de instrucciones. Y el amor, parte de la vida es la peor parada.

El amor atrae a cualquier ser vivo, pero nunca de la misma manera. Cada cual le da un grado de importancia, de vitalidad y lo coloca en una escala según su pasado y el de quienes le rodean.

Y ahí que llegamos los simios peinados y nos disponemos a amar sin demora, sin control ni decisión: amamos porque nos han dicho que ha de ser así. Hollywood, mi madre, los padres de Chinaski o los de Ernesto. A mi alrededor hay amor y yo he de amar lo mismo o mas y sin equivocarme. Y claro, me equivoco. Porque soy hijo de mi padre y de mi madre, porque soy de Jaén y no de Nuncajamás o de Narnia o de "suputamadredefinalfeliz".

El amor en sí no es un lastre, los lastres son todas aquellas bellas cosas que lo acompañan y que permanecen cuando el amor ya no está. Y sin el no tienen mucho mas sentido que clavarse en el pecho en el peor momento, ahogarte sin dulzura, matarte el alma oscureciendo cada una de las palabras del cuento de hadas.

Y yo que siempre me he considerado un luchador de esto del amor, leo y leo sandeces panfletarias que acaban por derrotarme junto a la estela de tu esquela aun caliente. Yo moriría de amor si este no estuviera lleno de miedos y perdones. Yo lucharía por el amor si éste no se empeñara en engañarme cada vez que algo va a salir bien. Ahora lo dejo, abandono la luz y los bosques llenos de rosas rojas; lo hago rasgado y sangrante de tanta espina, de tanta obviedad a posteriori.

Todo es mentira porque nada es como nos intentaron engañar. Mi mas sincero adiós al amor verdadero.

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Educador con aires de escritor. Con muchas ideas que acabaron en un saco tan grande que acabamos llamándolo Harwin.

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