El derecho y deber del trabajador a sentir rabia

El derecho y deber del trabajador a sentir rabia

Escrito por Danni Rojo el 3 febrero, 2014

Danni Rojo

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Una rabia que cualquier político que se diga de izquierdas tiene que representar y apoyar, y nunca olvidar. Es aquí cuando se cala al político, cuando su objetivo principal deja de ser el estar dispuesto a dejarse la piel por hacer justicia con quienes estando sentados en su casa no dejan de ingresar dinero en sus cuentas y despiertan esa rabia completamente justificada en aquellos que madrugan para sobrevivir. Una rabia que se despierta cuando no dejan de apretarte cada día más en el trabajo, ya sea en la obra, en la oficina o en el campo. Una rabia que se apodera de aquel que tiene que llevar un sueldo miserable a su casa porque si no su familia no tiene nada para cenar esa noche. Rabia que surge en el corazón de una madre que ve cómo el banco va a dejar a sus hijos en la calle a merced del invierno  sin poder hacer nada. Rabia que hace hervir la sangre de un jubilado que mantiene a sus hijos y nietos con una mierda de pensión que le da el estado después de haber estado matándose a trabajar desde los nueve hasta los 65 años. La que sienten los padres que no pueden darle un futuro a sus hijos aunque revienten currando, o la de un obrero cuando en una manifestación en la que solamente está pidiendo los derechos que le corresponden lo muele a porrazos un antidisturbios sin mediar palabra. Nuestra clase tiene un grave problema, el de no verse representado en ningún cabeza de lista de todo este gran basurero que forma el espectro político de España, pues ninguno de ellos le da primacía a lo que el pueblo necesita, justicia. Esa es la razón por la que surge la rabia, por el deseo de hacer justicia, el deseo de que paguen los culpables, de que nada ni nadie se libre, de que quienes sufren la miseria de este sistema capitalista juzguen a los que los hunden en esa miseria. Es claramente improbable que partidos de derechas, o sus izquierdas, que forman parte del basurero electoral representen esta rabia, porque una de las consecuencias que tendrá el hacer justicia será que ese proceso también los salpicará  a ellos, a todos, porque han formado parte del circo y porque su labor ha sido crucial para mantener la rabia de la clase obrera bajo control.
Podemos llegar a pensar que algunos políticos son en parte inocentes respecto a la creencia de poder cambiar las cosas para favorecer a los más necesitados, pero ahí los inocentes estamos siendo nosotros, porque el que se entrega al juego de la política en esta “democracia” tarde o temprano se da cuenta de que si lucha por lo justo lo van a sacar del juego, le van a parar los pies, ya que de lo justo no se puede sacar ningún beneficio, y son los más beneficiados por la injusticia del mal reparto de la riqueza los que hacen de árbitros en este sucio juego. Para ello, los árbitros saben bien qué equipos dejar jugar y, si por mil demonios se les escapa algún capitán de equipo más rebelde de la cuenta, se encargan de quitarlo de en medio o de introducir jugadores en su equipo que poco a poco vayan pudriendo al grupo. Así logra el sistema que la rabia se quede en quien la padece, y que jamás se vea representada en uno de estos partidos.
Este es un trabajo que se ha ido perfeccionando desde la transición en nuestro país. Se maquinó entonces y se está llevando a la práctica en la actualidad. Los capitalistas dedican mucho esfuerzo a ello, ya que de su logro depende la continuidad de la mentira, una mentira que lleva consigo mucho en juego, un sistema del que se benefician muchos, no solo los fascistas que se mantuvieron y mantienen en el poder, también sus socios más a la izquierda.
Es la rabia del proletariado la que va a hacer que se derrumbe este sistema, es por eso por lo que el estado no va a permitir que exista ningún político que represente dicha rabia y, de ser así, ya se encargarán en los medios y libros de historia de enterrar en mierda el nombre de aquel que lucha o luchó por su pueblo.
Nadie se debería atrever a frenar esa rabia, porque es completamente justificada. Porque es un sentimiento que surge del sufrimiento, porque es odio a lo injusto, porque es el resultado de la impotencia hacia los poderosos capitalistas, porque es la desesperación de aquellos que ya no confían en nadie, porque es el padecimiento de la explotación durante toda una vida. Por eso todo aquel que tape, corte u olvide el sentimiento con el que un obrero se levanta cada día va a cumplir una función contrarrevolucionaria, contribuyendo a que continúe este sistema, poniendo pequeños parches en él para que no se colme el vaso de la rabia proletaria.

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